El coronacirco de Victoria Abril y lo tremendamente peligroso que es.

Carme Chaparro
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Pongamos que una señora famosa, una actriz internacional, aprovecha la entrega de un premio para coger el micrófono y arengar a los españoles diciéndonos que vamos a morir todos a no ser que nos tiremos por la ventana, porque saltar desde un quinto piso es la única manera de expulsar de nuestro cuerpo cierto nanochip que un poderoso lobby secreto ha introducido en nuestro cuerpo para controlarnos.

Y que va gente y se tira.

Quizá no demasiados, pero sí unos cuantos.

Son unas cuantas muertes.

Que pueden provocar otras muertes por imitación.

¿Qué hacemos con ella? ¿Hasta dónde llega la libertad de expresión si puede matar?

Porque lo peor de lo que dice gente como ella no es que sea una mentira, o un error, es que por culpa de ese tipo de pensamiento está muriendo gente. Mucha gente.

Victoria Abril antes de sus polémicas declaraciones.  (Photo by Pablo Cuadra/WireImage)
Victoria Abril antes de sus polémicas declaraciones. (Photo by Pablo Cuadra/WireImage)

Porque hoy, Victoria Abril ha dicho que el coronavirus es un “coronacirco” inventado para restringir nuestras libertades, “un mundo amordazado” y que las vacunas son "experimentos sin probar que nos meten rapidito y que no están funcionando". "Si tengo que pasar por 'conspiracionista', paso. Es que no puedo más, ya está bien"

Los que no pueden más, señora Abril, son los familiares de las decenas de miles de personas que han muerto en España por culpa de la Covid. Si quiere le presento a unos cuantos. Y verá cómo sus historias dan para una película. Pero no de circo. De terror.

Qué tremenda falta de respeto a todas ellas son sus palabras. Qué tremendo desaire a los muertos. ¿Sabe usted lo que es morir asfixiado?

Sólo en las últimas 24 horas han muerto en España 345 personas. Gente que se habría salvado si las vacunas hubieran llegado ya a todos. O si la persona que les contagió no hubiera actuado como transmisor del coronavirus. Quizá en una comida familiar. O en una fiesta clandestina. O quitándose la mascarilla en el lugar de trabajo. O escuchando a personas como usted, decir cosas como que “antes iban metiendo miedo para decir que la única solución es la vacuna, pero la vacuna lleva dos meses y están testando directamente en seres humanos como cobayas".

Oiga, pues no se la ponga. Nadie la va a obligar.

Y, quizá, por respeto a los muertos, alguien debería pensar si se le retira o no el Premio Honorífico Feroz.