Es hora de determinar si las mascarillas son necesarias al aire libre

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El debate sobre la eficacia y necesidad de llevar mascarilla al aire libre ya está abierto
El debate sobre la eficacia y necesidad de llevar mascarilla al aire libre ya está abierto

Comencemos por lo más evidente y claro: las mascarillas han sido, son y seguirán siendo una herramienta fundamental e indispensable para evitar contagios mientras dure esta larga pandemia de COVID-19. Una vez establecida esta pauta, es conveniente indicar que las investigaciones y estudios más recientes han aumentado nuestro conocimiento sobre los mecanismos de propagación del virus SARS-CoV-2, mientras que, desafortunadamente, algunas autoridades sanitarias, incluyendo el propio Ministerio de Sanidad, están tardando demasiado en adaptarse a esos nuevos descubrimientos. Hace unas semanas, publicábamos en esta sección de ciencia en Yahoo un artículo titulado “Mucho de lo que creíamos saber del coronavirus ha cambiado radicalmente y debemos actualizar las medidas” y, en esa misma senda, también ha llegado el momento de abordar el crucial asunto de las mascarillas al aire libre.

Durante los primeros meses de la pandemia resultó lógico y acertado decretar medidas estrictas como el confinamiento domiciliario, la obligatoriedad de llevar mascarillas en todo momento (cuando hubo suficiente suministro para todos), la prohibición de todo tipo de actividades al aire libre, el cierre de parques infantiles, playas, etc. Apenas sabíamos nada de ese nuevo coronavirus y cualquier precaución resultaba útil ante la propagación de un virus inquietante y enigmático. Pero el tiempo ha pasado, y ahora tenemos ciencia publicada y revisada por pares que apunta a que los contagios en el exterior son tan minoritarios que justificarían relajar la obligatoriedad de las mascarillas en espacios al aire libre.

Los contagios al aire libre son muy escasos

Los primeros estudios que indicaban que los contagios al aire libre eran una preocupación menor comenzaron a llegar a finales de 2020, hasta que una revisión sistemática publicada en febrero de este año encontró que menos del 10 por ciento de las infecciones reportadas por SARS-CoV-2 ocurrieron al aire libre.

Los datos del Centro de Vigilancia de Protección de la Salud (HPSC) de la República de Irlanda son de los más claros: de los 232.164 casos de Covid-19 registrados en todo el estado hasta el 24 de marzo de este año, 262 fueron por transmisión al aire libre, lo que representa el 0.1 por ciento del total. Esto significa que solo uno de cada mil contagios se produjo al aire libre. Estudios similares en Italia, China o Inglaterra apuntan en la misma dirección.

El virólogo clínico de la Universidad de Leicester, Julian Tang, es el autor principal de otro análisis significativo: “Por supuesto, nuestro estudio no descarta la transmisión del virus al aire libre. Sin embargo, para poner esta posibilidad en contexto hay que indicar que, entre los 7324 identificados en China para nuestro trabajo, solo detectamos un brote al aire libre. Un hombre de 27 años tuvo una conversación al aire libre con un individuo que había regresado de Wuhan el 25 de enero y tenía síntomas el 1 de febrero. Este brote involucró solo dos casos”.

El debate ya está abierto en todo el mundo

En la actualidad, la tendencia mayoritaria es que tanto los datos más actualizados como los estudios disponibles apuntan a que, en estos momentos, la obligatoriedad de llevar mascarillas en espacios abiertos es una medida poco efectiva y en muchas situaciones, totalmente innecesaria. Durante las últimas semanas, sobre todo en la campaña de vacunación, hemos escuchado muchas veces el concepto de “balance riesgo-beneficio”, y ahora ha llegado el momento de aplicar ese mismo baremo científico a las mascarillas al aire libre. El debate ya está abierto y se está abordando en todo el mundo. Contando solo los últimos días, numerosos expertos han abordado esta cuestión en medios como el New York Times, en Slate, también en The Atlantic, o en la propia National Geographic.

La gran mayoría de los contagios ocurre en interiores o espacios semi-abiertos con poca ventilación, y la legislación de algunas autoridades consigue más confusión que eficacia. “Ahora mismo podría pasar un día en la playa, poniéndome la mascarilla para caminar, quitándomela para fumar, colocándola de nuevo para descansar en la sombrilla y volviéndomela a quitar para entrar en el interior de un bar y comer”, apuntaba el médico Javier Padilla, autor de Epidemiocracia, que lo tiene muy claro: “hay que hablar de las mascarillas en el exterior, sí, pero para que empecemos a determinar cuándo vamos a dejar de usarlas, con qué criterios, dónde no serán necesarias y dónde habrá que reforzar su uso”.

El uso de mascarillas a largo plazo no es sostenible y, tarde o temprano, tendremos que empezar a dejar de usarlas
El uso de mascarillas a largo plazo no es sostenible y, tarde o temprano, tendremos que empezar a dejar de usarlas

Parece claro que mantener un uso constante y extendido de las mascarillas para 7.600 millones de personas en el mundo no parece una medida sostenible a largo plazo: supone un enorme gasto económico, para el caso de muchas familias con escasos recursos es una pesada carga, sin olvidarnos de que se han convertido un serio problema para el medioambiente.

El avance, lento pero continuo, de las vacunas permitirá ir relajando las medidas más estrictas y menos eficaces, y sin duda el uso de mascarillas en el exterior debería estar estudiándose ya. Los países que llevan la delantera en esta campaña de vacunación, como por ejemplo Israel, ya han suspendido la obligatoriedad de llevar mascarillas al aire libre. Por supuesto, igual que en el resto de medidas, se debe estudiar cuándo y cómo se llevará a cabo esta suspensión, en qué lugares podría ser conveniente esperar un poco más y en qué espacios ya se podría dejar de usar. Esperemos que los datos, los estudios y la experiencia de los expertos sean la base sobre la que comenzar a legislar este esperanzador cambio. Al fin y al cabo, la mascarilla se ha convertido en un símbolo característico de la pandemia y que, poco a poco, podamos volver a vernos las caras es una buena noticia.

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