El debate del fin de la mascarilla en la educación: de la flexibilidad de uso a la prudencia

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Una mascarilla colgada en el perchero de un colegio, en una foto de archivo. (Photo: Marijan Murat/picture alliance via Getty Images)
Una mascarilla colgada en el perchero de un colegio, en una foto de archivo. (Photo: Marijan Murat/picture alliance via Getty Images)

Una mascarilla colgada en el perchero de un colegio, en una foto de archivo. (Photo: Marijan Murat/picture alliance via Getty Images)

Los centros educativos permitirán un margen de flexibilidad en el uso voluntario de las mascarillas, que decaen el miércoles en estos espacios, en donde se respira algo de miedo entre los profesores e impera, en general, el sosiego ante una medida que ya se aplica desde febrero en los recreos sin problemas.

El Consejo de Ministros aprueba este martes un real decreto que abolirá desde mañana el cubrebocas en sitios cerrados, salvo centros, servicios y establecimientos sanitarios, incluidas farmacias, y transporte público. En los trabajos, decidirán las empresas.

Fuera de eso, las autoridades sanitarias establecerán una serie de usos recomendados que no formarán parte del decreto, tal y como avanzó hace unas semanas la ministra de Sanidad, Carolina Darias.

Los alumnos ya no tendrán que usarla en el ámbito escolar y universitario, aunque sí se aconseja a los profesores con factores de vulnerabilidad que se la pongan, al igual que otras personas con estas mismas condiciones en las que no puedan mantener 1,5 metros de distancia.

Como en anteriores ocasiones, la presidenta de Ceapa, Leticia Cardenal, apoya las decisiones basadas en los criterios de las autoridades sanitarias y considera que “no tendría mucho sentido que se eliminaran las mascarillas en interiores para la población en general y no para los niños y niñas mientras están en sus centros educativos”.

No obstante, “abogamos por pedir prudencia en la aplicación de esta nueva norma y pedimos que las familias sean informadas de las nuevas medidas por parte de sus centros educativos correspondientes”, añade Cardenal, cuya organización representa en torno a 12.000 asociaciones de familias de alumnos.

El presidente de la Concapa, Pedro Caballero, cree que la medida se ha adoptado de modo “un poco apresurado justo tras el final de las vacaciones de Semana Santa”, con lo que aún se desconoce lo que ha podido pasar con las tasas de incidencia del virus.

La mayoría de las familias están deseando acabar con los tapabocas, “manteniendo siempre las medidas sanitarias” de prevención, mientras que entre el profesorado “hay división”. En definitiva, explica el presidente de Concapa, que reúne a unas 3.000 asociaciones de padres y madres de alumnos, “aún no hemos asimilado quitar las mascarillas de un plumazo”.

La flexibilidad de uso como clave

Luis Centeno, secretario general adjunto de Escuelas Católicas, la principal patronal de los centros concertados, explica a EFE que el cambio se está viviendo con bastante tranquilidad y, además, solo se estrena en una parte de España, dado que en media docena de comunidades las vacaciones se prolongan hasta el próximo lunes.

“En general, no hay una especial preocupación ni entre los docentes ni entre las familias, aunque siempre hay excepciones” de quienes se quejan por la eliminación de la obligación o de todo lo contrario”, añade Centeno, que expresa su convicción de que va a imperar el sentido común.

En los centros de Escuelas Católicas habrá “un margen de flexibilidad” (no se prohibirá su uso) y serán sus titulares los que, a través de los respectivos servicios de prevención de riesgos laborales, emitan las recomendaciones pertinentes. “Podrán dar una serie de orientaciones, pero no serán obligaciones”.

Hay “muchas ganas” de dejar atrás esta prenda, en especial entre los niños, concluye Centeno, que recuerda que desde hace meses ya no era obligatoria en los recreos ni en determinadas actividades al aire libre.

El foco puesto en los niños pequeños

El secretario general de la Federación de Sindicatos Independientes de Enseñanza (FSIE), Jesús Pueyo, cree que la medida va a ser especialmente positivo para la Educación Primaria, donde se ha detectado “un aumento de dificultades de aprendizaje por el uso de las mascarillas al haberse distorsionado durante un periodo largo de tiempo la comunicación verbal” que es esencial en el aprendizaje.

“Sí hubiera sido preferible una retirada progresiva y controlada iniciando el proceso desde los primeros cursos de Primaria. Retirar las mascarillas no debe conllevar una relajación o desaparición de otras medidas como la ventilación y el lavado de manos. En todo caso, si en algún centro se detectará algún brote significativo, se debería volver a considerar el uso obligatorio de las mascarillas en ese colegio”, añade.

Es necesario seguir controlando la incidencia del virus en los centros educativos e intervenir si hay un aumento relevante de casos en un centro o en varios de una misma localidad. Además, “el uso voluntario de las mascarillas debe ser también respetado tanto para el alumnado como para el profesorado y personal de administración y servicios”.

ANPE, sindicato de profesores de la enseñanza pública, es partidario de avanzar hacia la normalidad, pero le preocupa la alta interacción que se produce en los centros y un repunte del virus, explica a EFE una portavoz, que pide “una normativa clara e igual para todas las comunidades autónomas”.

Después de dos años, los centros educativos están “cansados” de la mascarilla, que ha derivado en “algunos problemas de comunicación” con los niños, pero ello no quita que “se mantenga la cautela y la prudencia”.

La Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), que agrupa a miles de centros privados y concertados, afirma que siempre se han guiado por las recomendaciones de las autoridades sanitarias, y la experiencia “nos dice que los colegios han sido en todo este tiempo lugares muy seguros”. “En todo caso, nos parece que se debe respetar a quienes sigan llevando mascarilla de forma voluntaria”, explica una portavoz de esta patronal.

Por último, el secretario general de la Unión Sindical de los Inspectores de Educación (USIE), Jesús Marrodán, afirma que el sentir mayoritario es la prudencia. “Las mascarillas si se quitan, sería aconsejable dejar la posibilidad de que quien lo desee las lleve. El resto de medidas consideramos que no debería alterarse a estas alturas del curso, sobre todo porque la pandemia todavía pervive”.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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