De Rosalía, canciones pegadizas y lagunas científicas

Imagen del último videoclip de Rosalía “Con altura”. (Capturada en Youtube).
Imagen del último videoclip de Rosalía “Con altura”. (Capturada en Youtube).

Acabo de escuchar la última canción de Rosalía (Con Altura) y presiento que va a ser un bombazo en las pistas de baile. A mí me va a venir fatal, porque acabo canturreando cualquier canción conocida que oiga a mi alrededor, y creo que este reguetón de la catalana va a “atacarme” muy a menudo. ¡Qué le voy a hacer! Tengo predisposición genética a padecer lo que los anglosajones llaman “earworm” (literalmente “gusano auditivo”) y que nosotros simplemente llamamos “canciones pegadizas” o “música pegajosa”.

¿Por qué sucede esto? Bien, pese a tratarse de un fenómeno tan común, la ciencia ha visitado pocas veces el reino de las canciones taladradoras de neuronas. Se sabe que son la ocurrencia más común de la así llamada “imaginería involuntaria”, que es como llamamos a esos sonidos, imágenes, olores o incluso sabores que llegan de pronto a nuestro cerebro sin que nadie las haya invitado.

Hay quien dice, y esta es mi teoría favorita, que el fenómeno se da normalmente cuando un sujeto se encuentra en un estado emocional positivo mientras realiza actividades no intelectuales (como caminar). ¿Servirán entonces las canciones pegadizas para pretegernos cuando estamos de buen humor, y así evitar que nuestro cerebro caiga en fases de meditación melancólica? Podría ser…

Otros trabajos sobre los que ya he escrito sostienen que las canciones que se nos pegan comparten ciertos rasgos distintivos. En primer lugar, son canciones que se han pinchado un montón de veces en la radio (podemos llamarlas “hits”), por lo que es inevitable que uno las haya escuchado en muchas ocasiones. Muy a menudo se componen de notas repetitivas, o de intervalos rítmicos inesperados. Normalmente suelen contar con una cadencia y patrones tonales distintivos.

No sé, pero esto último no me convence. A mí me puede dar por tararear compulsivamente las cuatro estaciones de Vivaldi o una canción regional que he escuchado en las sidrerías desde niño pero jamás en la radio. Me da que los expertos no tienen mucha idea aún sobre la naturaleza del fenómeno.

Hoy por ejemplo he leído algo al respecto en StraightDope, una de mis fuentes de información favorita. Menciona cierta teoría que sistiene que los “gusanos de oído” son una especie de alucinación musical leve que se da sin necesidad de drogas mientras que uno está completamente consciente.

También hay quien dice que esas canciones que te asaltan de pronto mentalmente son un efecto secundario de tu cerebro tratando de consolidar recuerdos, tal y como sucede durante la fase REM del sueño. Algo así como el “deja vu” de Matrix, que implicaba un fallo de código… pero en plan mental.

Por último se menciona la posibilidad apuntada por un neurólogo llamado Oliver Sucks, que no le da tantas vueltas intelectuales y simplemente cree que el fenómeno es consecuencia de nuestras vidas, ya que nos pasamos la existencia rodeados de música lo queramos o no. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas, per bueno…

Como vemos teorías, todas bastante laxas científicamente.

¿Seguiremos en la ignorancia de por vida? En fin, dado que el fenómeno no es grave, y que sus efectos suelen desaparecer por sí solos pasados unos minutos, es probable que nunca se destinen fondos a estudiarlo en profundidad y que por tanto nunca lleguemos a entenderlo del todo.

Sea como sea, mientras llega (o no) la respuesta definitiva, pensemos que siempre es mejor que nos invada una canción repetitiva a que lo haga un virus incurable. Me voy a volver a poner el vídeo de Rosalía. ¡Tra Tra!

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