David Landazábal: "En 2021 murieron 1.380 personas en la carretera. Siguen siendo muchas"

David Landazábal, delegado de Stop Accidentes en Madrid.
David Landazábal, delegado de Stop Accidentes en Madrid.

David Landazábal, delegado de Stop Accidentes en Madrid.

Desde 2006, el tercer domingo de noviembre se celebra el Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Accidentes de Tráfico, una fecha que, además de para homenajear a fallecidos y afectados, tiene como objetivo reducir el número de siniestros en la carretera.

Y es cierto que campañas de concienciación y educación vial, así como el endurecimiento de los reglamentos de circulación, han conseguido hacer bajar las cifras. Pero no hay que olvidar que, junto al suicidio, los accidentes de tráfico son la principal causa de muerte entre los jóvenes.

Desde la ONG Stop Accidentes no sólo dedican una jornada a promover un cambio cultural sobre la seguridad vial que suponga un gran paso en la reducción de la violencia vial y sus efectos: afectados y familiares trabajan en ello los 365 días.

“A mis padres los mató un tío que tenía mucha prisa. Se salió en una curva y chocó frontalmente contra ellos. Mi padre falleció en el acto y mi madre 11 días después. Era el año 87. Yo tenía 19 años, mis hermanos mayores 23 y 24, y el pequeño, 7”, comienza su conmovedora historia David Landazábal, delegado en Madrid de la asociación.

“Un año después yo me empotré contra una farola con la moto. La pérdida de mis padres me pilló en una época complicadísima… Una noche que salí me piqué con otro coche. Me salvó el casco. En aquella época en Madrid el casco no era obligatorio. Yo no lo cogía nunca, pero me lo puse porque llovía. Eso fue lo que me salvó y fue mi rodilla la que impactó contra la farola y rematé con la cabeza. Me han intervenido 15 veces entre pierna, espalda, hombro…”, recuerda de aquella fatídica noche.

Fue culpa tuya, ¿no? ¿Lo reconoces?

Por supuesto, es que si no reconozco que me he equivocado, no voy a poder dar solución al problema, no puedo rectificar. Durante muchos años yo le eché la culpa al otro coche porque hizo una maniobra rara, pero no llegó a tocarme. Los dos empezamos a hacer cosas raras hasta que yo salí disparado. Íbamos deprisa los dos, pero es mi responsabilidad. Él se dio a la fuga. Afortunadamente era en el Paseo de la Castellana y rápidamente me atendieron. Yo del cuello para abajo no podía mover absolutamente nada. Así estuve unos minutos que me parecieron horas. No perdí el conocimiento en ningún momento y hasta que llegó la policía estuve ahí tirado, sin sentir nada y claro, afortunadamente tampoco sentía dolor. Y a partir de ahí,  mi vida con 20 años cambió de nuevo por completo. 

De todo esto yo soy una víctima directa, pero mis hermanos son víctimas indirectas. Fíjate hasta qué punto te puede cambiar cuando eres pequeño la vida que, hace once años, en el mes de diciembre, mi hermano pequeño salió una noche, discutió con no sé quién, tomó dos copas, tres copas y no se le ocurrió otra cosa que coger el coche para volver a casa. Y no llegó, murió también en otro siniestro.

David —con camisa verde— junto a sus padres y su hermano pequeño, meses antes del accidente que acabó con la vida de los primeros.
David —con camisa verde— junto a sus padres y su hermano pequeño, meses antes del accidente que acabó con la vida de los primeros.

David —con camisa verde— junto a sus padres y su hermano pequeño, meses antes del accidente que acabó con la vida de los primeros.

¿Y cómo se hace frente a todo ese dolor?

Las cosas ocurren porque tienen que ocurrir y de la manera que tienen que ocurrir. A lo mejor nos están poniendo a prueba… Pero la vida es como es y tenemos que intentar aceptarla. Yo me he preguntado en muchos momentos, ”¿qué he hecho?”. Ahora no me pregunto mucho y todo tiene algún tipo de explicación, como mínimo el que aprendamos de todas esas situaciones. De cómo yo era cuando tenía 20 años a cómo soy ahora, no tengo absolutamente nada que ver. Y todos pasamos por cosas así o todos podemos pasar por cosas así. Ahora, todo lo que ha ocurrido en mi familia se podía haber evitado. Si el conductor que chocó contra mis padres hubiese ido a una velocidad adecuada no hubiese ocurrido, si yo no hubiese tenido esa actitud…  Cuando hablamos de accidentes no son accidentes, un accidente ocurre de manera fortuita y no se puede evitar. Estos son siniestros porque el 95% son evitables.

Pero si yo voy conduciendo, distraída porque he tenido un mal día y choco con un coche, eso es un accidente porque poco se puede hacer por evitarlo.

No, eso es un siniestro porque tú te distraes. Una distracción es una imprudencia. Y eso se lo dicen a los que les paran por el teléfono… Es que eso te distrae y la diferencia con que vayas concentrado en la carretera a una velocidad de 90 km/h es que estás quintuplicando el tiempo de reacción y puede ser un accidente mortal.

Pero las cosas han mejorado, ¿no? Las campañas de prevención de accidentes han funcionado y los datos son mucho mejores.

Ha mejorado bastante, pero considero que aún hay mucho trabajo por hacer… El año pasado hubo 1.380 personas fallecidas en la carretera, son muchas. Pero es que una vida ya es mucha. Las cifras récord las alcanzamos en los años 90 y llegaron a morir más de 6.000 personas en la carretera en un año. En 2001 hubo 5.517 fallecidos, es el punto de inflexión, y a partir de ahí comienzan a bajar todos los años esas estadísticas. Hay que reconocer que en España se ha avanzado mucho en este aspecto: el carnet por puntos ha sido brutal y las campañas de la DGT. 

En ese sentido, las campañas ahora insisten mucho en el uso del móvil en el coche.

Yo, el tema del teléfono… Yo no lo cojo en el coche. No hay llamada que no pueda esperar 5 o 10 minutos. Pero nos vamos acostumbrando, los números van mejorando, pero no podemos olvidar que es importantísima la concienciación. Recuerdo que mis amigos se reían cuando al principio decía que no tomaba nada, absolutamente nada de alcohol si iba a coger el coche, pero al final la gente que tienes cerca te va viendo y empiezan a actuar de la misma manera. Somos el ejemplo para los demás, aunque tu círculo sea pequeñito.

David en una acto de concienciación organizado por Stop Accidentes.
David en una acto de concienciación organizado por Stop Accidentes.

David en una acto de concienciación organizado por Stop Accidentes.

¿Por qué decides volcar tus esfuerzos en evitar todo esto y unirte a Stop Accidentes?

Cuando murió mi hermano pequeño pasé tres meses en una depresión terrible. Además estaba en proceso de divorcio y era una situación muy complicada para mi cabeza.  Solo podía llorar durante todo el día y me castigaba porque no sabía cómo solucionarlo.  Ese momento me trajo muchas cosas positivas pero hay una especialmente importante. Un día de los que estaba hecho polvo publiqué en Facebook y al cabo de un par de días una persona me respondió. Era una amiga de mi hermano, una muy amiga de mi hermano. Intercambiamos un par de mensajes y quedamos a tomar un café… El café duró cinco horas y hoy es mi mujer. Intentar sacar las cosas positivas es lo que te ayuda a superar esos momentos. Ella fue la principal ayuda en todo eso y me fue recolocando la cabeza, aprendo cada día de ella… A partir de ahí empezó a cambiar mi manera de pensar y, un día que nos íbamos a Segovia, pasó algo. En vez de hacer un stop como hay que hacerlo, lo hice como un ceda el paso, porque no pasaba nadie y había buena visibilidad. Al girar, ahí estaba la Guardia Civil. “¿Sabe usted por qué le he parado? Se ha saltado usted un stop”, me dijo. “Bueno, tampoco ha sido…”, le respondí. “Señor, el código de circulación dice que en un stop hay que tener las cuatro ruedas paradas”, me advirtió. Me quedé pensando y le dije: “Pues tiene usted razón, póngame la multa, por favor”. 

Al tiempo me quitaron cuatro puntos por saltarme un semáforo y, otra vez, cuando iba a recurrir, me sucedió lo mismo: asumí y pagué. ¿Pero qué hice? Pues un curso de recuperación de puntos. Un día nos anunciaron que iba a venir una víctima de un accidente de tráfico y entonces decidí contar mi historia. Cuando empecé a hablar, pues imagina... Según terminé, mi profesor de ese curso, César, me dijo: “¿No te has pensado dar charlas como víctima?”. Pero yo lo de hablar en público, ni me lo planteaba.

Luego escuché el testimonio de Fernando, que fue vicepresidente de la asociación, que su hijo falleció porque se quedó dormido y chocó contra el pilar de un puente. No había descansado lo suficiente y se quedó dormido. Me impresionó tanto cómo lo contaba que me levanté y me puse a hablar con él. Y me lancé. Desde entonces, ha sido una charla detrás de otra, casi todos los viernes, en institutos, colegios…

Stop accidentes hace una labor de prevención y educación, de la que hemos hablado, pero también de asesoramiento y de ayuda psicológica. ¿Qué necesitan psicológicamente las víctimas?

Necesitas todo y al mismo tiempo nada porque no hay nada que te pueda sacar de esta situación. Hay mil casos, muy diferentes. Por ejemplo, Carmen perdió a su hijo porque le atropelló un camión en la calle Bravo Murillo en enero de 2020. Cuando Fernando me empezó a contar su caso, que además pilló justo a las puertas del confinamiento, ella estaba para reventar. Ella solo decía que no quería estar allí, que quería ir a cuidar de su hijo, y eso que tenía dos hijos más, y a su marido. Cuando Fernando me dijo eso le pedí hablar con ella porque yo hice lo mismo.  Cuando murió Sergio, mi hermano, yo le decía al psicólogo que yo solo quería ir a cuidar de mi hermano. Y el psicólogo me preguntaba: ”¿Y tus hijos?”. Las alarmas saltaron con mi respuesta: “Da igual, yo solo quiero ir a cuidar a mi hermano”.  Cuando hablé con Carmen, eso no había manera de… Yo no he perdido un hijo. Intentaba hablar con ella y le decía, “tus hijos están ahí, necesitas cuidar de ellos”. “Ellos ya son mayores, no me necesitan”, me contestaba. Fue terrorífico porque era una sensación de no poder hacer nada. ¡Cómo voy a quitarle el dolor a esa madre! Ahora está un poco mejor, pero hay personas que por mucho tiempo que pase no lo superan. 

¿Qué emociones se juntan? ¿La culpabilidad, la sensación de haberlo podido evitar?

A Gema, la vicepresidenta de Stop Accidentes, la atropellaron a 90 km/h aquí en Madrid. Las consecuencias que aún arrastra: lesiones graves, dolores crónicos… y ahí está, haciendo lo que puede y aportando su granito de arena. Y claro que se podía haber evitado: porque un tipo iba a lo suyo acabas con la vida de otro. Nosotros somos víctimas de segunda. Hay víctimas más importantes que otras por actualidad y hay otras que llevamos tantos años que parece que dicen “ya están aquí los llorones”. Esas somos las víctimas de siniestros viales. Bueno, no todo el mundo nos ignora, la DGT echa una mano, los fiscales también… Pero estamos muy acostumbrados a escuchar todos los días fallecimientos por atropellos, a ancianos, a jóvenes… Y cuando empiezas a oír esa noticia todos los días te acostumbras y ya no te conmueve. Y nosotros lo vemos así.

¿Y la justicia?

Podría ser mejor. Ahora con la nueva ley de seguridad vial se favorece un poco más a las víctimas en el tema legal porque muchos seguros se aprovechaban, teniendo en cuenta que la víctima tenía que aportar pruebas para demostrar su inocencia: abogado, procurador... Si no tenías dinero, en muchos casos no podías entrar. Ahora, se le da un poco más de importancia a la víctima y ese tipo de acuerdos al que llegaba el seguro cuando no tenías dinero parece que se ha cortado. Además, en algún punto del proceso jurídico, se metía prisa a las víctimas para que se llegase a un acuerdo porque tenían mucho jaleo. 

En Argentina hay un número de teléfono para víctimas de siniestros viales, que ofrece asesoramiento a todos los niveles. Aquí los tenemos para otras cosas, pero para esto no. Y esto es una pandemia porque mueren más de un millón de personas en el mundo por esto. ¿Por qué no se nos escucha? Porque estamos tan acostumbrados a ello...

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