Habla el escocés encarcelado por saltarse las restricciones yendo en moto acuática a la Isla de Man: “Lo hice por amor”

M. J. Arias
·3 min de lectura

Dale McLaughlan se ha convertido en una especie de celebridad tanto en la Isla de Man como en su Escocia natal tras violar las restricciones por el coronavirus y cruzar 27 millas náuticas en una moto acuática con el único objetivo de reencontrarse con su novia. Pasó miedo, mucho frío y diez días en prisión. Ahora, en su primera entrevista en libertad concedida al diario Mirror, reconoce haberse saltado la ley y se escuda en que lo hizo por amor.

Este es el recorrido planeado por Dale McLaughlan para llegar a ver a su novia en moto acuática. (Foto: Captura de Google Maps)
Este es el recorrido planeado por Dale McLaughlan para llegar a ver a su novia en moto acuática. (Foto: Captura de Google Maps)

Dale, de 28 años, y Jessica Radcliffe, de 30, se conocieron en septiembre en un pub de la Isla de Man. Hasta allí había ido el primero a trabajar. Al acabársele el permiso, tuvo que volver a casa. La separación fue dolorosa y nada más dejar tierra comenzó a arrepentirse. Pero no le quedaba otra. Ahora, con las restricciones de movimiento impuestas por la pandemia, los no residentes necesitan un permiso para visitar la isla. Él pidió uno, pero no se lo concedieron.

En lugar de esperar o volver a intentarlo, comenzó a pensar en cómo volver y reunirse con Jessica. En un principio se le pasó por la cabeza pedirle a un pescador que le llevase como polizón, pero al final se decantó por el plan de la moto acuática después de que un amigo le comentase que alguien lo había hecho alguna vez. El recorrido lo tenía claro: iría a la zona más al sur de Escocia y desde allí partiría con destino a la Isla de Man.

Lo primero fue hacerse con la moto, por la que pagó 5.000 libras (5.556 euros). Después se equipó con un GPS, un traje y una bolsa impermeable para meter todo lo que llevaría consigo, como los regalos navideños para Jessica. También se hizo una PCR, con resultado negativo, que sumo a su documentación. Con todo listo, el 11 de diciembre se subió a la moto y puso rumbo a casa de su pareja en un viaje que él mismo ha calificado de “una locura”.

Los problemas comenzaron pronto. “Tan pronto como llegué a mar abierto, pensé 'Dios mío'. Fue como recibir una patada en los dientes. Fue terrible. No fue divertido. Seguí el GPS, pero después de media hora una ola grande lo borró. No tenía ni idea de adónde iba”, ha comentado en su primera entrevista tras su liberación.

Dale fue fotografiado entrando de manera ilegal en el puerto. La policía le interceptó cuando iba esa misma noche a un pub con Jessica, aunque no lo detuvieron hasta un día más tarde. Entonces fue enviado a prisión, donde debía cumplir cuatro semanas de condena por saltarse las normas COVID, pero el juez consideró que con casi dos semanas era suficiente y le dejó libre a tiempo para las fiestas navideñas.

Dale, que no podía creer el interés que su historia había despertado en los medios de comunicación tras recibir solicitud de entrevistas desde su celda, ha asegurado que dar la vuelta “nunca fue una opción” cuando estaba en el agua y que escuchar canciones románticas como Love Is All Around le animaba a seguir adelante. Incluso cuando, una vez en tierra, se dio cuenta de que había llegado a un lado de la costa que no era el objetivo y tuvo que caminar kilómetros. Nunca se rindió.

“Violé la ley. Pero lo hice por amor. No diría que me arrepiento, pero lamento el estrés que he causado. Nunca debería haberlo hecho. Podría llamarse crimen pasional”, se ha defendido de quienes han criticado su aventura náutica e ilegal.

Pasado el miedo del viaje y el trago de varios días encarcelado, Dale tiene claro que “haría cualquier cosa por ella”. En sus planes futuros está el de casarse y aumentar una familia a la que ambos aportan dos hijos. Jessica tiene dos niñas de ocho y cuatro años y Dale, dos niños de tres años y seis meses.

EN VÍDEO | Cocodrilo gigante circula en la agua salada