En Dafur, la nueva violencia revive viejos temores

Abdelmoneim ABU IDRIS ALI
·3 min de lectura

Abas Abdalá, que acaba de regresar a sus tierras en Darfur tras diez años viviendo en campos de desplazados, fue agredido y sus cosechas destruidas. Teme que se ha precipitado en volver a su pueblo de esta región inestable de Sudán.

Procedente de la tribu Bergid, a este agricultor lo atacaron en enero nómadas árabes a caballo y a lomo de camello en su pueblo, situado a 90 km al nordeste de Nyala, capital de Dafur del Sur.

"Los hombres árabes me golpearon y me obligaron a permanecer de pie bajo el sol abrasador hasta la noche", dice este octogenario a la AFP. "Después permitieron a su ganado pacer en mis campos. Lo destruyeron todo".

Abdalá es una de las 700 personas que han decidido volver a Hamada en estos últimos años, después de haber huido del mortífero conflicto en Darfur (oeste) que empezó en 2003.

El reciente ataque le ha recordado los peores momentos del conflicto que enfrentó a las fuerzas mayoritariamente árabes del régimen del expresidente Omar al Bashir, destituido en abril de 2019, con minorías étnicas de la región que se consideran marginadas.

Las violencia dejó cerca de 300.000 muertos, sobre todo en los primeros años del conflicto, y más de 2,5 millones de desplazados, según la ONU.

En 2005, Hamada fue blanco de un ataque de la milicia armada Janjawids, integrada por nómadas árabes a sueldo de Bashir y acusadas de perpetrar atrocidades.

Quemaron haciendas, mataron animales y provocaron el éxodo de 3.000 habitantes del pueblo que se refugiaron en campos de desplazados en Sudán. Tras la pacificación del conflicto, Abadalá decidió regresar a su pueblo en 2016. Entonces, la misión de paz de la ONU y de la Unión Africana (Minuad) patrullaba regularmente.

De regreso a sus fértiles tierras, el campesino reanudó el cultivo de naranjas, mangos y verduras.

De vez en cuando se han producido escaramuzas con los pastores árabes por el acceso a la tierra o los robos de ganado.

- Inseguridad -

Pero los brotes de violencia en la región registrados a mediados de enero, que han dejado 250 muertos y decenas de heridos en los Estados de Darfur del Sur y del Oeste -- los más mortíferos en meses --, le aterran.

Sobre todo porque se han producido dos semanas después del final de la intervención de la Minuad que estaba presente desde hacía trece años en la región.

Además de Abdalá, otros campesinos están preocupados por el deterioro de la seguridad en Hamada.

Khadija Bekhit cuenta que se ha encontrado con retenes militares árabes en la carretera que utiliza para ir a buscar leña. "Nos golpean y nos retienen durante horas", asegura.

Armados hasta los dientes, los nómadas árabes suelen destruir las cosechas, lamenta por su parte el agricultor Mohamed Adam.

La decepción es grande para los habitantes que esperan pasar página de la violencia interétnica tras la caída de Bashir en 2019, bajo la presión de la calle.

Bashir en la cárcel desde su destitución y la Corte Penal Internacional (CPI) lo quiere sentar en el banquillo por "crímenes de guerra", "crímenes contra la humanidad" y "genocidio" en Darfur.

En 2020, el gobierno sudanés de transición -- de mayoría civil -- se comprometió a entregarle a la CPI y firmó un acuerdo de paz con varios grupos rebeldes, sobre todo de Darfur.

Últimamente, el ejército y la policía han sido desplegados en la región para impedir nuevos enfrentamientos.

Pero los habitantes de Hamada consideran que las autoridades no han hecho lo suficiente para protegerlos.

"Solo hay cuatro policías en el pueblo y ni siquiera tienen un coche para perseguir a los asaltantes", se indigna Adam.

Para Abdalá Mohamed, un jefe de la tribu Bergid, este recrudecimiento de los ataques amenaza con disuadir a los exiliados de volver.

"Todavía tienen demasiado miedo de las milicias árabes armadas (...) y están menos dispuestos a volver a su pueblo ahora", se lamenta.

ab-mz/hha/emp/mdz/af/me