Un día normal

Agencia EFE
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Santa Cruz de Tenerife, 16 feb (EFE).- Suena el despertador y toca levantarse, ducharse, desayunar y adelantar tarea para las clases del turno de tarde del ciclo formativo en fontanería. Con los deberes terminados, hay tiempo para ir al gimnasio, almorzar, coger el autobús y asistir a clase.

Este es un día normal en la nueva vida de M.C, uno de los menores migrantes no acompañados que llegó en patera a Gran Canaria en 2020 y cuya tutela corresponde al Gobierno de Canarias.

Una rutina que sigue desde su llegada hace seis meses a un centro especializado en adolescentes en Tenerife que gestiona la Asociación Coliseo y que explica en un esforzado español que es un fiel reflejo de lo que él mismo es: supervivencia.

Los fines de semana son más tranquilos y puede hacer planes como jugar al fútbol con los amigos o pasear por sus zonas favoritas de su nuevo hogar. El Puerto de la Cruz, Santa Cruz de Tenerife y La Laguna son las ciudades que más le gustan pero le encanta conocer rincones de la isla.

Estos días, M.C. ha quedado con un amigo para cortarle el pelo y practicar así otra de sus pasiones, la peluquería. Una pasión que se ve con tan solo mirarle a él y a sus compañeros de casa ya que la mayoría ha pasado por su tijera.

M.C. al igual que los otros cuatro jóvenes que atienden a Efe en una visita al centro son de Mali y decidieron poner su destino a juicio de un cayuco para escapar de una guerra que no cesa desde el 2012.

Es por esto que los días normales para M.C. son especiales. Ser adolescente maliense significa haber crecido sin mucho más contexto que el de un conflicto armado que en lugar de aflojar con el paso del tiempo, se endurece.

El 2019 fue uno de los años más sangrientos en el país del Sahel con numerosos ataques a civiles que provocaron miles de muertes y casi un millón de desplazados, según la ONG Human Rights Watch.

Este aumento de la violencia ha provocado, entre otros muchos desastres, el cierre de las escuelas y la militarización temprana de centenares de niños, por eso a Y.C. lo que más le gusta de Tenerife es que cada día puede ir y venir del instituto y estar más cerca así de tener un trabajo, que espera que sea de fontanería, ya que también se prepara para ejercer este oficio.

Al igual que ellos, M.K. también estudia para ser fontanero pero en realidad quiere ser "el mejor portero de fútbol del mundo" y tiene muy claro en quién fijarse, pues su referente es Keylor Navas.

Sin embargo, ha tenido que aparcar su sueño porque al estar matriculado en el turno de tarde de su formación, no puede asistir a los entrenamientos del club en el que comenzó la temporada y le toca contentarse con echar un partido con los amigos en el Puerto de la Cruz cada fin de semana.

A M.K. le tocará afrontar la situación que inquieta a muchos menores que se encuentran al amparo del Gobierno de Canarias y es que la próxima semana cumplirá 18 años y tendrá que cambiar a un nuevo recurso, sin educadores, en el que será totalmente independiente.

Desde la asociación están contentos porque ha pasado una entrevista complicada y ha conseguido un buen hogar pero advierten de que esto "no es lo habitual" y que él ha tenido "mucha suerte".

"Me voy a convivir con otros compañeros, a trabajar y a hacer algo con mi vida. No voy a tener educador, voy a hacer mi comida, mis cosas, mis clases...", comenta.

No obstante, esta es una autonomía que no le resultará extraña porque desde su llegada a Tenerife ya se encargan él, y los 25 chicos que conviven en la casa, de la limpieza de sus habitaciones, baños y de lavar su propia ropa, entre otras tareas .

"Están todos el día haciendo o bien actividades en la casa o en los institutos, todos están escolarizados y de lunes a viernes tienen un horario muy intenso, los fines de semana nos gusta que salgan, que conozcan la isla porque no es bueno que pasen todo el día encerrados", explica una de las educadoras del centro.

Esta misma profesional menciona que la realización de actividades es esencial para la integración de estos jóvenes, pero insiste en que el comportamiento de los mismos es del diez pues han recibido "muchas felicitaciones desde el instituto" porque aprueban todo a pesar de la dificultad del idioma.

Así transcurren los días normales: estudiando, paseando, hablando y jugando al fútbol, cortándole el pelo a un amigo, echando una partida de cartas o haciendo bromas sobre quién es el que mejor juega al FIFA o sobre si Ter Stegen es mejor que Navas. Sin el ruido de la guerra pero pagando con la incomodidad que supone ser diferente.

"Hemos escuchado comentarios racistas, un día fuimos a jugar al fútbol y uno que estaba paseando cerca nos insultó, nosotros no dijimos nada", apunta M.C. "Quien hace estos comentarios no me conoce y tampoco me quiere conocer, si tú quieres, acércate y hablamos".

"Hay algunos que no quieren conocer gente, que son malos, pero otros son buenos, la mayoría de las cosas son positivas, muchos nos saludan", indica.

Estos jóvenes han visto algunos vídeos de las peleas que han tenido lugar en Gran Canaria y se sienten "mal, porque pelearse no está bien", y advierten que por mucho que un africano se pelee "no significa que en África seamos todos iguales".

Ivone Palenzuela

(c) Agencia EFE