Día Mundial del Sueño: cómo me curaron el insomnio

Por Mariana Israel

Mi primera crisis de insomnio fue en 2010, cuando enfrenté una transición laboral (y vocacional). No dormí por más de un mes.

La segunda fue en 2014, antes de casarme, pero era un “insomnio selectivo”. Dormía bien en mi cama, pero bastaba con que me quedara en la de mi novio para pasar la noche en vela.

Digamos que conozco al insomnio de cerca. Fue mi enemigo durante años, hasta que conocí a mi psicóloga, que me lo “curó” con un método muy especial: el EMDR. Es la sigla de una terapia llamada “Movimientos Oculares de Desensibilización y Reprocesamiento”. Un nombre muy difícil para una técnica que parece absurda (y que nunca creí que iba a funcionar).

Pero no nos adelantemos. Esta historia empieza seis años atrás, con una chica desesperada.

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De tés y clases de yoga

Siempre muy racional, al primero que acudí ante mi insomnio fue a un especialista en medicina del sueño. La consulta fue más o menos así:

Doctor, tengo un problema. No duermo.
– ¿Cómo que no duerme?
– Bueno, duermo de 12 a 4 y después me despierto, y hasta las 6 no me vuelvo a dormir. Y enseguida tengo que levantarme. Me siento cansada todo el día y de malhumor.
– ¿Y por qué le pasa?
– No sé… (para eso vengo)… el síndrome de fin de año. Estoy con mucho trabajo, dudas del futuro… Doctor, ¿tengo un trastorno del sueño?
– ¿Cómo duerme los fines de semana?
– Bien, bien. Por todo lo que no duermo en la semana.
– Mmm…
– ¿Y?
– Mariana, los trastornos del sueño no son de lunes a viernes.
– ¿Qué tengo entonces?
– Angustia.
– ¡¿Angustia?!
– Sí.
– ¿Cómo? ¿Y qué hago?
– Consulte con alguien de psicología.
– No sé… ¿mientras tanto? ¿Qué puedo tomar? Me hablaron de la valeriana, la pasiflora y esas plantas…

A esta altura del diálogo, estoy sentada en el consultorio mirando al doctor con ojos de cachorro abandonado. El otro me devuelve una expresión que no me decido si es de lástima o comprensión, o una mezcla.

– Es normal, está pasando por un momento de estrés. Haga gimnasia. O yoga.

– ¿Yoga?

Nunca había creído en las “hierbas” para dormir. Nunca me había interesado el yoga. Hasta “El Insomnio”. Entonces, abrí mi mente a las soluciones más esotéricas. En 2010, el yoga alivió mi estrés y mi problema, pero en 2014 “El Insomnio” volvió más fuerte que nunca, y fue entonces que llegué a los brazos (y al diván) de mi psicóloga, Carolina.


EMDR

– Mira esta tapita, síguela con tus ojos.

“¿Esta mujer me quiere hipnotizar?”, pensé preocupada.

– Ahora, cierra los ojos.

La psicóloga empezó a hacer chasquidos con los dedos a ambos lados de mi cabeza, arriba y abajo. Mientras hacía este “ritual”, me pedía que recordara si en mi infancia había tenido algún episodio de insomnio. Me acordé que solía ir a la cama de mis padres porque no me podía dormir. En realidad, era la excusa. Lo que tenía era pánico de dormir sola.

Carolina me guió a través de todos esos recuerdos, y después me pidió que visualizara una escena “feliz”. Que me imaginara en un lugar hermoso, sereno, y que respirara profundo. Ese era, de ahora en más, mi “refugio”, donde acudiría con la mente cada vez que ella me lo pidiera.

La terapia de nombre raro parecía tan simple que me daban ganas de levantarme, irme y pedirle que me devolviera el dinero. Pero me quedé. Y para cuando terminamos (habrá durado una media hora), tenía un dolor de cabeza inexplicable. Me dijo que era normal. Esa noche dormí como un bebé.


Una terapia, muchos usos

Con el tiempo, fui enterándome de más cosas sobre el EMDR. Por ejemplo, que lo usan para tratar los traumas después de una guerra. Y también para aliviar el pavor de hablar en público, mejorar el rendimiento en el trabajo o en el deporte.

La terapia se sustenta en los hallazgos de la psicóloga Francine Shapiro, que en 1987 descubrió que los movimientos oculares voluntarios reducían la intensidad de la angustia de los pensamientos negativos.

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El EMDR, de alguna manera que a mí me resulta muy misteriosa, pone en marcha un sistema de procesamiento de información en el cerebro. Digamos que actúa sobre cómo conectamos nosotros los recuerdos con las emociones, para reprogramarlo.

No pretendo sugerir que el EMDR es “la cura” contra el insomnio. Solo quiero contarles que a mí me ayudó. Tampoco crean que ahora apoyo la cabeza en la almohada y me duermo… sigo desvelándome de vez en cuando. Pero cambió mi actitud hacia el problema. Antes, me angustiaba y la posibilidad de dormirme, claro, se alejaba más todavía.

Ahora lo acepto. “¿No me puedo dormir? OK, voy a leer un rato”. Milagrosamente, haberme reconciliado con el insomnio es lo que lo hizo desaparecer.

Consulta a un experto en salud si te interesa saber más sobre esta técnica.

¿Tuviste insomnio alguna vez? ¿Qué hiciste al respecto? Cuéntanos en nuestro Twitter, EstiloYahoo.

@marianisrael

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