El día que Mijatovic devolvió el reinado

Madrid, 19 may (EFE).- El 20 de mayo de 1998 se ponía fin a una larga sequía de 32 años sin Copa de Europa para el Real Madrid. Un solitario tanto, el más importante de la carrera del montenegrino Pedja Mijatovic, daba en Amsterdam la primera 'orejona' en color al conjunto madridista en una final ajustada ante el poderoso Juventus.

El Real Madrid no tenía la mejor plantilla de Europa. Eran tiempos en los que el fútbol italiano y el inglés manejaban presupuestos mayores. Y enfrente tenía un ogro. El Juventus de Zinedine Zidane. Con el 'cerebro' de Deschamps al mando, la potencia de Edgar Davids y el peligro arriba de dos matadores con clase, Alessandro Del Piero y Filippo Inzaghi. El favoritismo recaía sobre el poderío italiano.

Y el Real Madrid inició con nervios la final, perdido entre la dureza del rival que igualó con entradas a destiempo. Zidane era el jugador del momento en Europa. Jupp Heynckes, que sabía que tenía sus dos pies fuera del club, preparó una estrategia para que el astro francés apareciera lo menos posible. Fernando Redondo y Christian Karembeau se dejaron el alma para ello.

Y apenas pudo conectar Zizou con sus dos delanteros, pero en su zurda tuvo la mejor ocasión del primer acto para su equipo. Bicicleta y disparo al lateral de la red. El Real Madrid sabía que como bloque no sería capaz de derrotar a su rival y necesitaba explotar al máximo la calidad individual. Ahí aparecía Mijatovic, en una noche en la que retó a todos y dispuso de la primera ocasión con un testarazo, o un jovencísimo Raúl, que perdonó de zurda lo que no solía en carrera tras pase atrás de Pedja.

Cuando el Juventus apretó siempre emergió la figura de mariscal de Fernando Hierro y la firmeza en la portería de Bodo Illgner. A los 67 minutos llegó un momento que quedó para la historia madridista. Un balón bombeado de Panucci desde la derecha que quedó muerto tras una pugna y cayó al carril de Roberto Carlos. Siempre confiado en su potente zurda no dudó en enganchar un cañonazo a donde saliese. En esta ocasión no llevaba rumbo a la portería rival pero el olfato de un goleador, ya provocó que Mijatovic arrancase esperando el rechace que llegó. El balón quedó muerto a sus pies tras golpear en la defensa y Pedja detuvo el tiempo.

Una acción que se resuelve en décimas de segundo pero que es una eternidad para el protagonista. Solo el silencio y máxima calidad en la resolución. Controló con la derecha, dribló a Peruzzi y de zurda, con el corazón del madridismo en su bota, dio un suave toque a la red esquivando al defensor.

"Vamos a ganar 1-0 y el gol del triunfo lo vas a marcar tú", le había dicho Fernando Sanz a Mijatovic en el hotel. En plena locura del gol, a Pedja le dio por correr hasta fundirse en un abrazo con su amigo. "La séptima fue una Copa de Europa muy deseada y tuve la suerte de marcar el gol. Fue el partido y el gol más importante de mi carrera", recordó con Efe Mijatovic.

"Había hecho una buena Copa de Europa, pero no tuve la suerte de marcar. Fernando Sanz me dijo en la comida previa al partido que iba a marcar y ganaríamos por 1-0. Si es así, te doy un beso en la boca". No se produjo, pero sí un abrazo al que se fundió toda una plantilla que sentía la gloria tras 32 años de intentos sin éxito en la competición de la que el Real Madrid era rey en blanco y negro.

Cinco minutos antes del final, el presidente y gestor de la séptima, Lorenzo Sanz, no aguantó más en el palco. "Fueron minutos de sufrimiento. Se hizo una eternidad", recuerda Roberto Carlos hasta que se liberó la alegría de ver al capitán, Manolo Sanchís, levantar al cielo de Amsterdam la copa. En el vestuario madridista no había ni champán para celebrarlo. Lo regaló el Juventus para el inicio de 24 horas de celebración. Un millón de personas esperó en la calle para acompañar desde el aeropuerto hasta la fuente de La Cibeles al autobús de los campeones de Europa con Mijatovic como héroe: "Fue el día que me sentí un dios".

Roberto Morales

(c) Agencia EFE