Día de la Hispanidad: menos restricciones, más polémicas y la misma división de siempre

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El rey Felipe y su familia, presidiendo el desfile reducido del pasado año, en la Plaza de la Armería de Madrid.  (Photo: Carlos Alvarez via Getty Images)
El rey Felipe y su familia, presidiendo el desfile reducido del pasado año, en la Plaza de la Armería de Madrid. (Photo: Carlos Alvarez via Getty Images)

12 de octubre. España vive su día nacional incapaz, un año más, de mostrar una imagen de unidad, de todos a una, de consenso o de voluntad de tenerlo. Ni sobre el trasfondo histórico de la fecha o los símbolos nacionales y su significado ni sobre el día a día del país, lo que nos ocupa hoy. Brilla, al menos, un rayo de normalidad: la pandemia de coronavirus se difumina y se recupera el desfile por las calles de Madrid.

Este martes se conmemora el 529 aniversario de la llegada de Cristóbal Colón y su expedición a una pequeña isla del archipiélago de las Bahamas, llamada Guanahani. De ese hecho histórico parte una jornada que para unos es de fiesta, para otros ofensa, unos hablan de conquista y otros de atropello, de raza o de indigenismo.

En España, el acontecimiento central del día estará, de nuevo, en La Castellana, donde desfilarán más de 2.500 militares, por tierra y aire, que este año tiene como objetivo homenajear a los uniformados que han trabajado en favor de la ciudadanía en la pandemia, en la evacuación de Afganistán tras la llegada de los talibanes al poder o ante los estragos de las diversas inundaciones y nevadas y la erupción del volcán de La Palma.

A diferencia de 2020, cuando el virus obligó a limitar el acto principal del 12-O a un minidesfile en el Patio de la Armería del Palacio Real de Madrid, esta vez vuelve el protocolo clásico: batallón de honores de la Guardia Real, llegada de los reyes, revista y saludo a autoridades, saltos en paracaídas, izado de bandera, honores, desfile en sí y despedida.

Tras el lógicamente descafeinado acto del pasado año, el de hoy será el primero con todo el boato para el Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos que preside Pedro Sánchez, por lo que se esperan con ansia gestos, guiños y mensajes. En la tribuna, la presidencia del rey Felipe como de costumbre, pero también con novedades esta año: la princesa Leonor no lo acompañará, como viene haciendo desde 2014, por no romper su calendario de clases en Gales; junto al él sólo estarán la reina Letizia y la infanta Sofía. Se espera la presencia de todos los presidentes de las autonomías españolas, salvo Cataluña y País Vasco, como es habitual.

Prácticamente todo será como siempre “en la medida que permite la nueva normativa sanitaria”, insiste La Moncloa, incluyendo la recepción tradicional de los monarcas en el Palacio Real, aunque ésta tendrá lugar de modo “acorde con las medidas vigentes y con la necesidad de evitar concentraciones elevadas de personas en espacios interiores”. Esto es: al saludo en el Salón del Trono del Palacio Real no seguirá el cóctel que habitualmente se servía posteriormente a los invitados, ya que La Zarzuela ha explicado que además de exigirse el uso de mascarilla, no habrá servicio de bebida, lo que propiciaba los tradicionales “corrillos” en los salones del Palacio de Oriente. Lástima, porque era lo más jugoso del día, sin duda.

Un servicio puesto en valor

Para esta ocasión, como viene repitiendo la ministra de Defensa, Margarita Robles, en todas sus intervenciones previas, se tratará de poner en valor el trabajo de los miles de hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas a favor de la ciudadanía, como se pudo ver durante las etapas más críticas de la pandemia de covid-19, cuando fueron los militares quienes se encargaron de velar los féretros y trasladarlos desde el Palacio de Hielo, en Madrid; militares los que hicieron de rastreadores, con millones de llamadas para seguir el hilo de los contagios; militares los que acudían a las residencias de ancianos a desinfectar los recintos y hasta a recoger a personas fallecidas; militares los que han escoltado el traslado de las vacunas y que han ido incluso a vacunar a grupos específicos, como los deportistas olímpicos y paralímpicos que han competido en los Juegos de Tokio de este verano.

Igualmente, se homenajea a las Fuerzas Armadas que lograron sacar de Kabul a más de 2.200 personas a finales de agosto, entre diplomáticos, colaboradores de España y sus familias, en una operación de puente aéreo entre el Aeropuerto Internacional Hamid Karzai, Dubai, y la Base Aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid). Una tarea que ha sido aplaudida internacionalmente, por aliados como la OTAN o la Unión Europea que, en medio del caos de la retirada, vieron en el operativo algo de buen hacer. “Ha sido un buen ejemplo del alma de Europa”, dijo literalmente la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, al visitar el aeródromo madrileño.

Cerrada la de Afganistán, no se olvidan las demás misiones internacionales vivas, de Líbano a Malí, pasando por Irak o el Índico. En ellas hay hoy desplegados más de 2.400 militares.

Además, en esta ocasión la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire (Papea) jugará un papel protagonista en el acto, para hacer olvidar el mal sabor de boca de 2019, cuando el paracaidista que portaba la bandera de España para el desfile sufrió un accidente, al chocar contra una farola justo cuando estaba a punto de aterrizar en tierra delante de los reyes.

A vueltas con el pasado

Hace años ya que el 12 de octubre es un momento para el debate sobre lo que supone la Hispanidad y la llegada de españoles a suelo americano, un debate que está sobre la mesa, insoslayable. Por eso hay quien usa denominaciones alternativas para este día, como Día de los Pueblos Indígenas o de la Resistencia Indígena, Día del Respeto a la Diversidad Cultural o del Descubrimiento de los Dos Mundos.

A veces esa revisión se hace con los ojos del pasado, a veces con los ojos del presente, pero siempre es el momento de analizar la mirada sobre esta celebración, que para muchos no tiene nada que celebrar. Tema espinoso, ya es costumbre que rondando la fecha salte la polémica, y este año lo ha hecho a lo grande. Comenzó el papa Francisco, argentino, quien en la conmemoración de los 200 años de la independencia de México, invitó a “sanar las heridas” del pasado, y lo hizo dando el primer paso, pidiendo perdón por los “pecados” cometidos por la Iglesia Católica en el país. Ya lo había hecho en 2015, en Bolivia, en realidad, pero si saca el tema, prende la llama. Y le siguió el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien también pidió perdón por las “guerras de exterminio” y prometió ayudas millonarias al pueblo yaqui, en un acto en el que reconoció que las relaciones con España no son buenas y el pasado es uno de los motivos de esa distancia.

Ambas declaraciones generaron un torbellino de reacciones en España, entre las que destacan las de la derecha y la extrema derecha: la presidenta de la Comunidad de Madrid, la popular Isabel Díaz Ayuso, replicando al pontífice que España llevó “la libertad” a América; el expresidente del Gobierno, el también popular José María Aznar, riéndose de los apellidos de AMLO por no ser zatecas o mayas -“Ahora dice usted que España tiene que pedir perdón. Y ¿usted como se llama? Dígame como se llama. Me llamo Andrés Manuel López Obrador”-; o Iván Espinosa de los Monteros, portavoz de Vox en el Congreso, afeando al papa su postura con un: “No entiendo muy bien qué hace un papa de nacionalidad argentina disculpándose en nombre de los demás” y un “España nunca tuvo colonias, sino territorios”.

El presidente popular, Pablo Casado, ha aprovechado para prometer la creación de un Museo de Historia Nacional de España si llega a La Moncloa. “La Hispanidad es el acontecimiento más importante de la Historia tras la romanización, precursora de la globalización y modernizadora de un nuevo mundo”, afirma.

Mientras, Vox insiste en esa línea, dice que el viaje de Colón fue un acto de “salvación” de una “tiranía” -la mexica, dicen- que se caracterizaba por “antropofabia, esclavitud, prehistoria tecnológica y sacrificios humanos”, remarcan. El partido de ultraderecha ha elevado dos iniciativas parlamentarias, incluso, para reivindicar las figuras de dos de los exploradores, Hernán Cortés y Francisco Pizarro.

En Ciudadanos convocan actos para este 12-O con el fin de “desmontar mitos como el de la leyenda negra” de España en América, mientras que desde Unidas Podemos reflotan la idea de cambiar el día de la fiesta nacional a otra fecha. “Actualizar la patria para que quepamos todos” es su idea.

Más desunión

Como constata The New York Times en un análisis sobre la polémica colonialista, esta pelea tiene “menos que ver con la historia que con ilustrar el momento político actual de España”. El discurso más extremo ha ido “ganando terreno”, dice, hasta en el seno del PP, y de ahí estas respuestas, como las de Ayuso y Aznar. Y Vox siempre en los papeles, un día tras otro. Bandera con los símbolos y la historia frente a una izquierda más dispuesta a mirar las luces y sombras del pasado.

La división en el panorama político español es evidente y el 12 de octubre llega en un momento caldeado. El martes y el miércoles se inicia el trámite de los Presupuestos Generales del Estado en el Congreso, con un pleno que promete ser movido. Este domingo, los principales partidos políticos aprovecharon para volver a remarcar sus posturas: por un lado, PSOE y Unidas Podemos han sacado pecho de las cuentas, con una elevada inversión social, mientras que PP y Vox las critican por los presupuestos o la ley de la vivienda que va de la mano. Los socios minoritarios, de cuyo apoyo puntual en la Cámara Baja dependen las cuentas, también apretarán las tuercas.

No hay acercamiento entre las dos grandes formaciones españolas, PSOE y PP, en ninguna de las cuestiones troncales del momento, de las cuentas anuales a la energía, pasando por la renovación del Poder Judicial o del Tribunal de Cuentas o la mesa de diálogo con Cataluña. Pablo Casado y Pedro Sánchez no se llaman desde mayo, informa la Agencia EFE. Los mensajes, además, se radicalizan en paralelo a las convenciones y congresos de cada cual: si Casado, en Valencia, elevó el tono la pasada semana al hablar de separatismo, inmigración o aborto, afianzando voto, a Sánchez le toca este viernes el 40º Congreso del PSOE, en el que tendrá que hacerse fuerte en posiciones progresistas, por lo mismo.

Así que lo que se espera en las gradas para el desfile es protocolo y fríos saludos. No está el clima para más, y eso que Madrid llegará a unos generosos 25 grados.

La sombra del emérito

A la Hispanidad 2021 llega el rey Felipe con dolor de cabeza, el que genera la intención de su padre, Juan Carlos I, de regresar a España cuanto antes, aunque sea de visita. En próximos días, la situación judicial del rey emérito va a cambiar por completo ya que se ha anunciado que la Fiscalía va a archivar las investigaciones en su contra. Es inimputable y los delitos han prescrito, básicamente.

Aunque el fin del proceso en los tribunales sea un respiro para el actual monarca, que su progenitor quiera volver no le gusta. Sabe de la incomodidad que aún hay -y habrá- entre la ciudadanía por sus sucesivos escándalos y, además, está el problema añadido de adónde regresa. ¿A La Zarzuela, que era su casa, junto a él? Ni pensarlo.

Habrá que estar atentos, aún sin corrillos, a lo que se pueda filtrar al respecto en este acto del 12-O. Porque, aún con mascarillas y límites, algo se habla.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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