La cura para el SIDA puede estar en macacos modificados genéticamente

J Toledo y José de Toledo
·3 min de lectura
Monkeys at the Gorges viewpoint. Black River Gorges national park. Mauritius. Panorama
Monkeys at the Gorges viewpoint. Black River Gorges national park. Mauritius. Panorama

Curar el SIDA, o al menos la infección por VIH, el virus que causa esta enfermedad, es uno de los grandes objetivos de la biomedicina. Y ahora, en un artículo reciente, se explica que el secreto puede estar en el interior de unos macacos muy especiales. En concreto, en la médula ósea de unos macacos modificados genéticamente.

Vamos a empezar por el principio. Hay al menos dos pacientes que se han curado del VIH por un método muy concreto: los dos recibieron un trasplante de médula ósea para tratar un cáncer. Y en los dos casos, los donantes tenían una versión mutante de un gen muy concreto.

El gen mutado se conoce como CCR5. Y se relaciona con la infección por VIH de una manera muy directa: el CCR5 afecta a una proteína que utiliza el virus para infectar células. Si el gen CCR5 no funciona, los pacientes se vuelven inmunes al VIH.

Y funciona en la práctica: meses después de recibir el trasplante de médula ósea con la versión mutante del CCR5, no había rastro del VIH en los pacientes. Y eso que habían dejado el tratamiento normal contra el VIH, basado en anti-retrovirales.

La solución parece fácil, ¿no? Trasplantar a los pacientes con VIH médula ósea de donantes con la versión mutante del gen CCR5. La idea es sencilla, pero… Que dos personas sean compatibles para un trasplante ya es poco frecuente, pero es que encima la versión mutante del CCR5 es extremadamente infrecuente. Y que un donante compatible sea mutante en el CCR5, casi como encontrar un unicornio.

Vale, pero ¿no se podrían crear estos “donantes”? Al menos, la médula ósea.

Aquí es donde entran en juego los macacos de los que hablábamos antes. El problema de la compatibilidad entre órganos en humanos está en lo que se conoce como Complejo Mayor de Histocompatibilidad (CMH), que – de manera muy resumida y simplista – es el conjunto de proteínas, glucoproteínas y otras señalizaciones de nuestras células que permiten que el cuerpo, y en concreto el sistema inmune, reconozca nuestros órganos como nuestros y no los ataque.

En humanos las variantes del CMH son muy numerosas. Pero en los macacos hay siete, únicamente siete. Así que estudiar trasplantes en macacos es mucho más sencillo que en humanos.

Pero para estudiar los trasplantes con el gen CCR5 mutado, hay que encontrar macacos con el gen mutado… o mutarlos. Que es lo que han hecho los investigadores. Utilizando la técnica CRISPR, han editado el gen CCR5 en células madre en fases tempranas del embrión, cuando estas células madre mutadas pueden dividirse y dar lugar a un gran número de células en el cuerpo. Y esos embriones se van a implantar en hembras para que se desarrollen y después poder realizar los trasplantes.

Si lo que queda del experimento sale bien, se puede pensar en desarrollar la técnica para humanos, de tal manera que se pueda crear una médula ósea con el gen CCR5 mutado que sea específico para un paciente en concreto, y que no haya que buscar un donante compatible que además tenga el gen mutado.

Aún queda camino por recorrer hasta que esta técnica esté desarrollada, pero parece muy prometedora. Y eso, no es poco.

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