Cumbre África-Francia: ¿en qué punto están las relaciones?

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Francia recibe este viernes la tradicional cumbre África-Francia en la ciudad de Montpellier. Pero esta nueva edición tiene una primicia: la reunión habitual entre presidentes se sustituye por un encuentro entre el mandatario francés y actores de la sociedad civil de los 54 países africanos. La cumbre, que se centra en la juventud y en la sociedad civil, abordará las cuestiones fundamentales del cambio climático, la movilidad, la francofonía, la igualdad de género y el desarrollo sostenible.

Es la primera vez desde 1973. La nueva edición de la cumbre anual más importante entre Francia y los países africanos se celebra este viernes en Montpellier, Francia, sin los jefes de los Estado africanos. Este nuevo formato es el resultado de la voluntad de la Presidencia francesa de entablar otro tipo de relaciones con África.

“El hecho de que se haya convocado a la sociedad civil es algo positivo”, afirma en una entrevista con France 24 Jean-Claude Félix-Tchicaya, investigador en el Instituto de Estudios de Prospectiva y Seguridad en Europa (IPSE).

“Esta nueva cumbre rompe con las anteriores; marcadas durante décadas por los mismos mecanismos”, precisa el investigador, agregando que se trata de “un paso importante porque nos recuerda que ningún cambio es posible sin la sociedad civil”.

Pero esta resolución del Ejecutivo francés es considerada por muchos observadores como poco efectiva. Si evalúa que citar a la sociedad civil es algo útil, Félix-Tchicaya estima también que “una verdadera reformulación de las relaciones entre África y Francia no puede llevarse a cabo sin los dirigentes africanos, sean elegidos y con legitimidad popular o no”.

Para Louis Magloire Keumayou, periodista especializado en África y presidente de la Asociación de Prensa Panafricana de París, entrevistado por France 24, si se analiza lo que ha sido la política del presidente francés, Emmanuel Macron, desde su llegada al poder, esta decisión no sorprende. El presidente no cesó de repetir que su Administración acabaría con las antiguas políticas francesas hacia África y desarrollaría una relación más equilibrada, de igual a igual y de país a países.

“Sin negar sus relaciones con los presidentes africanos, Macron intenta modernizar las relaciones de Francia con las naciones del continente africano y reconstruirlas sobre nuevas bases, impulsando así acciones que le hagan pasar a la historia por el lado correcto” especifica el experto.

África y Francia: una historia marcada por dificultades que el gobierno de Macron quisiera dejar atrás

Estos últimos años, Francia supo darse cuenta de las frustraciones de varios sectores de la sociedad civil africana en cuanto a sus políticas en África.

Unos meses después de su elección al frente del país, Macron se dirigió a los jóvenes africanos en un discurso histórico. Fue el 28 de noviembre de 2017, en la Universidad de Uagadugú, capital de Burkina Faso.

Ante 800 estudiantes, el mandatario movilizó todo lo que tiene de talento oratorio para presentar los ejes del nuevo vínculo que deseaba entonces impulsar con un continente “en el que se juega parte de nuestro futuro común”, al tiempo que aseguraba que “ya no hay una política africana de Francia”.

Diciendo eso, y sin utilizar la palabra que todos tenían en la mente, el presidente francés se refería a la llamada Francáfrica, es decir la estructura política, económica y cultural que Francia ha podido mantener en la África de habla francesa después de la oleada descolonizadora de los años 1950-1960.

Durante los primeros meses de su mandato, todos los presidentes de la V República francesa, que han seguido al General de Gaulle (1959 – 1969) prometieron también romper con el pasado. Pero con Macron, la diferencia residía en el hecho de que aún no tenía 40 años cuando dio su discurso, un detalle que tenía su importancia en un continente donde la media de edad es de 19 años.

Según la diplomacia francesa, el discurso de Uagadugú marcó un antes y un después en todos los ámbitos, pero sobre todo en la forma en que Francia, y a través de ella Europa, mira a África.

Este discurso “fue una verdadera apuesta por el futuro”, explica Keumayou a France 24. Pero el especialista comenta que esta apuesta no se hizo solamente porque el Gobierno de Macron escuchó el descontento de la sociedad civil africana, sino también porque el país galo está perdiendo terreno en el continente, a favor de otras potencias como Rusia, China o Turquía.

Tras la alocución de Uagadugú, el segundo momento fundacional que sentó las bases de la política africana de Macron, fue su viaje en 2018 a Lagos, capital de Nigeria. Allí, el presidente francés también evitó reunirse con los representantes políticos y se centró en conocer la vibrante sociedad civil, así como la nueva generación de empresarios que está surgiendo en la capital nigeriana.

Cuatro años después de Uagadugú y Lagos, ¿cuál es el balance?

A diferencia de algunas figuras políticas de la derecha francesa, Macron dio un paso adelante para reconocer los errores que Francia cometió en su interacción pasada con los pueblos africanos. En este sentido, desde su llegada al poder, su Gobierno ha dado una serie de pasos simbólicos para las nuevas relaciones con África.

El presidente prometió en 2017 desclasificar todos los documentos relacionados con la muerte del líder panafricanista y expresidente de Burkina Faso, Thomas Sankara, quien fue asesinado el 15 de octubre de 1987. Muchos historiadores habían acusado a Francia de estar involucrada en los acontecimientos.

En 2019, el mandatario nombró una comisión de 15 historiadores a quienes dio acceso a los archivos presidenciales, diplomáticos, militares y de inteligencia sobre el genocidio de Ruanda, durante el cual casi un millón de tutsis y hutus moderados fueron masacrados por hutus extremistas. Por más de 20 años se ha especulado sobre el verdadero papel de Francia en la tragedia.

La comisión de expertos presentó los resultados de su trabajo el pasado 26 de marzo. Su informe afirma que Francia tiene “aplastantes responsabilidades” por haber “cerrado los ojos” ante los preparativos del genocidio, pero los expertos no encontraron evidencias de una complicidad directa del país con los responsables.

Por otro lado, en marzo de 2018, Macron creó un grupo de expertos liderado por la historiadora de arte francesa Bénédicte Savoy y el escritor senegalés Felwine Sarr, para investigar la legitimidad de la posesión, por los museos franceses, de obras de arte africanas. Según las conclusiones de los dos expertos, la mayor parte de las obras de arte de la colección africana del museo del Quai Branly fueron adquiridas mediante el uso de la violencia. Tras la presentación del informe, Macron decidió devolver a las autoridades de Benín las obras traídas durante el período colonial. No obstante, muchas otras quedan por devolver.

Por lo demás, la diplomacia francesa resalta una ampliación del sistema de voluntarios en África desde el 2017, un aumento del número de visados expedidos y un mayor apoyo a las empresas. El Gobierno afirma también que la ayuda al desarrollo se ha incrementado y que Francia le ha dedicado más de 12.000 millones de euros en el 2020, es decir, el 0.53% de su riqueza nacional.

Pero pese a todo ello, el presidente francés “anunció muchas cosas” y “la realidad le alcanzó” dice Félix-Tchicaya. El investigador recuerda que el sistema de la “Francáfrica nació en los años 1940 y que es difícil desmontarlo en sólo cuatro años”. “Ha habido avances”, reconoce Félix-Tchicaya, pero el profesor añade que hubo “también retrocesos”. “Macron, ante las dificultades, no ha podido completar la transformación de las relaciones entre Francia y África”.

Keumayou, por su parte, considera que no hubo muchos avances. El especialista apunta que el elemento más visible de la política de Francia hacia África es la guerra contra el terrorismo y que ésta “se ha estancado”.

Los retos de la futura relación entre Francia y África

El cierre de las bases militares francesas en África es una de las reivindicaciones más fuertes por parte de las poblaciones. En los países en los que Francia interviene, el clima de desconfianza hacia las fuerzas extranjeras es cada vez mayor, mientras que muchos acusan a la antigua potencia colonial de injerencia e ineficacia.

“Las poblaciones esperaban que Francia obtuviera resultados fuertes, lo que no ocurrió, y el hecho de que el país perdure en la región está visto por algunos como una operación de ocupación”, indica Keumayou.

Este año, en Mali, Senegal y Tchad, durante movimientos de protestas, muchos jóvenes atacaron a símbolos del país galo.

Macron se ha presentado como un presidente joven que quiere dar un nuevo impulso a las relaciones entre Francia y los países africanos, no obstante, según Keumayou, hay importantes realidades militares y políticas a las que tiene que enfrentarse, “no como un mandatario joven que no estaba presente cuando (la Francáfrica) se puso en marcha, sino como el líder de un país que tiene una historia”.

Por otro lado, el debate acerca del Franco CFA, la moneda colonial común de 14 países africanos, casi todos ellos antiguas colonias francesas, es uno de los meollos del problema de la relación entre las partes.

Desde 1999, esta divisa está vinculada al euro y sólo es convertible en Francia. El dinero lo imprime Francia, pero la cantidad la deciden los bancos de los Estados africanos. En más de 70 años, el Franco CFA ha sido objeto de muchas críticas. Sus opositores lo consideran una prueba de "la supervivencia colonial" y señalan el acceso preferente de Francia a los recursos africanos, concedido como parte del establecimiento del acuerdo monetario.

Sin embargo, según los activistas de la sociedad civil africana, Macron supo dar una respuesta relativamente satisfactoria respecto a este asunto. Su Gobierno ha decidido poner fin a este sistema monetario en África Occidental, aunque todavía no se decidiera para África Central y las Islas Comores.

Actualmente, conversaciones se están llevando a cabo con las naciones de la zona CFA de África Occidental para redefinir las normas de cooperación mientras que los países pongan en marcha el Eco; su futura moneda.

Pero todo indica que este tema clave, así como el tema de la presencia militar de Francia en el Sahel no serán abordados en la cumbre de este viernes.

De acuerdo con Keumayou “nos guste o no, los líderes, sean elegidos o ilegítimos, son los con quien se discuten estos asuntos”.

El especialista agrega que “la sociedad civil puede dar su punto de vista, pero todas las cuestiones que implican la relación entre dos países, sólo pueden discutirse entre los líderes en ejercicio”.

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