Los cuidados paliativos perinatales , alternativa en una Polonia que prohíbe el aborto

Anna Maria Jakubek
·4 min de lectura

Kamila Lewandowska-Nowak, varsoviana, sabía que el bebé que esperaba, su tercer hijo, no podía sobrevivir pero el anuncio de la parada cardíaca del feto en el último trimestre la arrasó.

"El vacío, la desesperación, la tristeza y un millón de otras emociones me invadieron. Pero también conocí este sentimiento de impotencia: ¿Qué les digo a los niños?", cuenta a la AFP esta mujer de 39 años.

Llamó a un psicólogo del hospicio perinatal que arropó a su familia desde el diagnóstico de que el feto sufría una anomalía grave y, sobre todo, desde la decisión de proseguir con el embarazo.

Sin el apoyo de este centro "no hubiéramos conseguido gestionarlo. Probablemente, hubiéramos cometido errores y habría sido psicológicamente más difícil y mucho más duro en nuestra pareja", dice Lewandowska-Nowak.

La existencia de hospicios perinatales no es muy conocida, pero desde hace poco, el término se ha extendido en todo el país, inscrito en muchos carteles que representan a un bebé en el vientre en forma de corazón.

Un grupo contra el aborto lanzó esta campaña masiva el año pasado, cuando el Tribunal Constitucional prohibió las interrupciones voluntarias del embarazo en caso de malformación fetal, una decisión que provocó masivas manifestaciones en todo el país.

Conforme a los deseos de la derecha en el poder, la justicia dejó a este país católico con una prohibición casi total del aborto. Las únicas excepciones autorizadas son en caso de violación o incesto y cuando la salud de la madre corra peligro.

- "Sin forzar el heroísmo" -

El aborto era legal en los casos de malformación del feto cuando Lewandowska-Nowak supo que su hijo tenía el síndrome de Edwards, una enfermedad genética que causa graves problemas de desarrollo.

La mayoría de los bebés afectados con esta enfermedad mueren antes o durante el parto.

Pero por respeto a sus valores, decidió proseguir con el embarazo y dio a luz un bebé muerto.

"Agradecí que pudiéramos acariciarlo, besarle y mecerle. Que tengamos un lugar donde visitarle", dice, al referirse a la tumba del pequeño Gabriel.

Aunque nunca contempló el aborto, Lewandowska-Nowak considera que nadie, en una situación parecida, debería verse obligada a concluir un embarazo que no desea.

"No se puede forzar a nadie al heroísmo. Porque es eso en definitiva ¿no? En casos difíciles como el mío, dejaría que la mujer decida", dice, agradecida por la experiencia con el Hospicio Perinatal de Varsovia, cuya fundadora Joanna Szymkiewicz-Dangel, pediatra y cardióloga fetal, defiende la libertad de elección.

"Tras pasar más de 20 años con embarazadas, sé que no tenemos el derecho de juzgar a nadie", dice a la AFP esta católica de 65 años.

Algunas mujeres dudan: "Ya he visto a mujeres desistir una decena de veces. Estaban de camino al hospital para interrumpir su embarazo y después se dicen no. Y vuelven a su casa".

"No es una decisión fácil. No olvidemos que la mayoría de esas mujeres desean quedarse embarazadas... Es su hijo deseado, independientemente de la enfermedad".

- Gratuito -

Su hospicio es el más antiguo y el más grande del país. Cada año, proporciona cuidados paliativos a más de 400 personas que han sido diagnosticadas con anomalías fetales.

Según Szymkiewicz-Dangel en el mismo se "vela para que el embarazo se prosiga en las mejores condiciones posibles para la madre y para el hijo... protegiéndolo de cualquier tratamiento inútil y prolongado".

El hospicio ofrece consultas médicas y psicológicas pero también una formación para los futuros padres de un bebé enfermo.

Gestionado por una ONG, el centro acepta fondos públicos y donaciones para poder proporcionar los servicios gratis. A veces, los médicos donan su propio tiempo.

Según Szymkiewicz-Dangel, ni el fallo del tribunal ni la campaña informativa han llevado a más mujeres a su centro.

"No se les dice a las pacientes que pueden tener un apoyo psicológico", asegura. Y es que muchos médicos simplemente ignoran la existencia de cuidados paliativos perinatales y algunos incluso consideran que es un despilfarro de los fondos públicos.

- La vida después de la muerte -

Después de perder a su hijo, Lewandowska-Nowak se unió a un grupo de apoyo para los padres enlutados en el propio hospicio, que, según su marido, la ayudó mucho mas de lo que él hubiera podido.

"Cada cual tiene su propia forma de vivir una situación así y mi esposa tenía necesidad de hablar de ello", dice Adam Nowak a la AFP.

"Yo, personalmente, prefería guardarme para mi las emociones, por lo que habríamos tenido más conflicto", resume este ingeniero de informática de 38 años.

Lewandowska-Nowak agradece cualquier oportunidad de hablar de su hijo porque mantiene el recuerdo vivo.

"Es uno de mis hijos. No me gusta cuando la gente no lo tiene en cuenta", asegura.

El futuro de la familia vuelve a tener esperanza ya que la pareja espera desde hace ocho meses un bebé sano.

amj/mas/sw/bo/af/me