Cuanto más popular sea una mascota exótica, más probable es que acabe abandonada

Unas cotorras, una de las mascotas exóticas más extendidas, buscan comida en el parque de Atenas de Madrid el 15 de septiembre de 2016 (AFP | Gerard Julien)

Cada año se liberan en los ecosistemas cientos de miles de animales invasores. Estamos hablando de liberaciones voluntarias, no de algo que ocurra por accidente. Se trata de las conocidas como “mascotas exóticas”, animales de compañía que sus dueños sueltan en la naturaleza. Lo curioso es que cuanto más popular sea una mascota exótica, más posibilidades hay de que sea liberada – en realidad, abandonada – por sus dueños en la naturaleza, como se explica en un artículo reciente.

Antes de continuar, vamos a dejar claro un aspecto. Es comprensible que la gente no quiera acabar con la vida de su mascota, ni siquiera cuando han decidido no seguir compartiendo su hogar con ella. Pero cuando se dejan en la naturaleza, no se las “libera”, lo que se hace es dañar o incluso destruir los ecosistemas.

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Esto ocurre cada día con animales como iguanas, boas, pitones, tarántulas, galápagos, cotorras… animales que tienen atractivo para el público general, y que resultan sencillos e incluso baratos de encontrar en muchas tiendas de animales.

De hecho, como explica el artículo, ese es el problema. Que son fáciles de obtener, y baratos, porque son populares. Como hay mucha demanda, los dueños de tiendas de animales compran estos animales en grandes cantidades y los venden a “buen precio”. Es importante destacar que el estudio se ha realizado en Estados Unidos, donde la regulación sobre especies invasoras es un poco particular, pero en muchos aspectos el problema es extrapolable al resto del planeta.

Bueno, hasta ahora lo que explica el artículo puede parecer un sinsentido. Si los animales son populares y la gente quiere tenerlos, ¿por qué los iban a abandonar? Porque la gente quiere tenerlos al principio. Cuando tienen pequeño tamaño y son “monos”, o cuando el dueño aún no es consciente de lo que implica tener esa mascota.

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Un ejemplo de lo primero serían los galápagos – los de Florida (Trachemys scripta) han generado graves daños ecológicos en Europa. Comienzan teniendo pequeño tamaño y un aspecto bastante elegante. Posteriormente aumentan de tamaño, y ya no son tan “monos”. Y el cuidado del acuario, los olores que producen y demás generan muchas molestias.

El caso de serpientes – reptiles en general – y arañas es parecido. Eso sin contar que estos animales no se comportan como las mascotas digamos tradicionales. No es buena idea coger una tarántula, ponértela en el regazo y rascarle el abdomen. O sacar de paseo una boa constrictor.

Y claro, los dueños al final no saben que hacer con la “mascota”. No les aporta mucho, por no decir nada, y genera gastos y molestias. Pero en lugar de acabar con ella, prefieren “liberarla” y “que sea feliz en su entorno”. El problema es que no es su entorno.

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Muchos de estos hechos ya se conocía. El artículo lo que pone de relieve es el primer paso de la cadena, cómo las mascotas exóticas llegan a los hogares de personas bien intencionadas. Pero ¿ofrece alguna solución? Sí lo hace, aunque tal vez no sea muy operativa. La propuesta pasa por informar al público cuando compre la mascota de qué daños puede provocar una suelta en la naturaleza, y en qué lugares les aceptaría la mascota si se cansan de ella. Pero regular o limitar la venta tal vez sería mejor opción.