¿Cuánto le queda de vida política a Esperanza Aguirre?

Esperanza Aguirre está sentenciada. Hasta ahora la ‘lideresa’ ha ido sorteando los problemas con una innegable habilidad para huir de la escena del crimen sin salpicarse, y no hablamos de su fuga en coche por Gran Vía. Le ha ido tan bien que incluso ha hecho bueno el refrán de ‘Lo que no te mata te hace más fuerte’. Así que cada vez que uno de los suyos le salía ‘rana’ ella se limitaba a cortar cualquier vínculo y apropiarse del mérito con su ya famosa frase de “yo descubrí la Gürtel”.

-Así lo hizo cuando el cáncer de la corrupción tocó al exconsejero de Deportes Alberto López Viejo -“me mintió constantemente”-.

-Lo repitió cuando el tumor se extendió al entonces secretario general del PP de Madrid Francisco Granados -a quien cesó por supuesta pérdida de confianza-.

-Y lo volvió a hacer el pasado viernes cuando el detenido en los calabozos era su sucesor al frente de la Comunidad de Madrid -“Jamás nadie me ha podido acusar de haber hecho alguna cuestión incorrecta y, por tanto, para mí, lo de Ignacio González, sería muy lamentable”-.

La estrategia de Aguirre estaba clara. De hecho, en su declaración como testigo en el juicio por la trama Gürtel, la portavoz municipal del PP en Madrid tardó un minuto en desvincularse de los contratos con las empresas de Francisco Correa, cabecilla de la red, y empleó tres veces más de tiempo en recopilar sus éxitos políticos: “Inauguramos un colegio nuevo cada semana de esos años que estuve en la Comunidad, 50 kilómetros de metro con sus estaciones, ochenta centros de salud…” La retahíla parecía no tener fin hasta que así lo decidió el presidente del tribunal, Ángel Hurtado, visiblemente molesto por los incontables cortafuegos de Aguirre con la Gürtel.

Pero ya no hay cordón sanitario que proteja a la exministra de Educación en tiempos de Aznar. Vive las horas más bajas de su dilatada carrera política. No está imputada -al menos por el momento-, pero su credibilidad está por los suelos y su popularidad en mínimos históricos. Ya nadie la defiende. ‘Hay que mostrar una indiferencia total con respecto de la portavoz municipal en Madrid’. Así lo ha ordenado Mariano Rajoy como previamente hizo con Rita Barberá, Rodrigo Rato, Jaume Matas… Y así lo ha puesto ya en práctica el coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maíllo: “Esperanza Aguirre sabe lo que tiene que hacer en cada momento, no soy yo el que tiene que dar consejos”.

En el PP dan por segura su caída. “Acumula 26 imputados a sus espaldas”. “Ha dado muchas lecciones a todo el mundo, y ahora le toca apechugar”, reconocen en Génova. Hasta ahora a Aguirre le salvaba su idilio con las urnas. Pero su derrota en las elecciones municipales dejando en bandeja la Alcaldía a Manuela Carmena demuestra que sus mejores tiempos ya han pasado. Casualmente estos coincidieron con la financiación irregular del partido que investiga la Justicia.

“La gente del PP no se porta mal nunca”, proclamó Rajoy el sábado en un acto ante los jóvenes del partido. Puede que sea que porque él ya ha decidido que Aguirre tiene las horas contadas en el partido. Sin embargo, parece ser que, en esta ocasión, tendrá que mancharse las manos. Aguirre ha repetido en las últimas horas a los suyos que no piensa dimitir ni entregar su acta. “Los madrileños me eligieron en las urnas y tengo un compromiso con ellos”, dicen que ha asegurado a lo largo del fin de semana.

Así pues, hay dos alternativas. O Rajoy se involucra en primera persona y expulsa a Aguirre del partido, o espera a que se vaya ella misma sabiendo que en 2019 ya no será candidata del PP en las elecciones municipales. Mañana mismo debe acudir al Pleno de Madrid y decidir si sigue su huida hacia adelante o si se aparta a un lado. Tal vez la oposición le haga el trabajo sucio al PP forzando su dimisión.

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