Cuando el militar más condecorado en la historia de EEUU dijo que las guerras eran una estafa

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En 1898, tras estallar la guerra hispano-estadounidense, Smedley Butler un adolescente de Pensilvania, de 16 años, acudió al centro de reclutamiento para enrolarse en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, donde mintió respecto a sus edad para poder ser admitido. Su gran dedicación en el enfrentamiento bélico le valió para que tan solo unas semanas después fuese promocionado a Teniente segundo y dando inicio a una gran carrera militar en la que, durante más de 30 años, participaría en una decena de conflictos y se retiraría en 1931 como Mayor General y una impecable hoja de servicio, siendo el militar más condecorado en la historia de EEUU.

Smedley Butler fue el militar más condecorado en la historia de EEUU (imagen vía usmcarchives - Flickr)
Smedley Butler fue el militar más condecorado en la historia de EEUU (imagen vía usmcarchives - Flickr)

Desde una década antes de abandonar la vida militar, Butler había ocupado distintos cargos públicos como el de director de seguridad pública en Filadelfia e incluso, en 1932, quiso presentarse a senador por el Partido Republicano, aunque perdió en las primarias.

A lo que dedicó gran parte de su tiempo fue a dar conferencias a lo largo y ancho de todo el país, donando gran parte de lo que ganaba para fines benéficos, como desempleados o veteranos de guerra.

A pesar de no haber conseguido ser elegido como representante para el Senado, muchos fueron los que quisieron contar con la figura de Smedley Butler para encabezar algún proyecto político, aprovechándose de cierto resquemor que el militar retirado había dejado ir hacía algunos aspectos de la vida política y económica del país que no eran de su agrado, poniendo el foco en los banqueros y empresarios

Pero en noviembre de 1934 dejó perplejos a todos al realizar unas declaraciones a la prensa en las que hacía publica la existencia de una supuesta conspiración política con la que se pretendía derrocar el gobierno del presidente Franklin Delano Roosevelt (en el cargo desde un año y medio antes) con la ayuda de un importante grupo de militares y financiado por varios capitalistas, que veían en el mandatario a un posible y peligroso aliado del socialismo, debido a la política intervencionista (‘New Deal’) que había puesto en marcha para frenar la grave crisis económica por la que estaba atravesando el país (Gran Depresión).

Smedley Butler dijo ser conocedor de dicho complot debido a que habían contactado con él para que liderase al medio millón de militares con los que se contaba para dar el Golpe de Estado y que el propósito final era derrocar a Roosevelt (a quien había apoyado y votado en las elecciones) para instaurar en los Estados Unidos una dictadura fascista.

Se creó un comité especial de la Cámara de Representantes y Butler prestó declaración en diversas ocasiones a lo largo de las siguientes semanas, facilitando diversos nombres de quienes formaban parte del complot (entre ellos el del banquero JP Morgan, quien supuestamente financiaba toda la operación con tres millones de dólares).

A pesar de toda la información facilitada, Smedley Butler fue señalado como un conspiranoico, iniciándose una campaña de desprestigio contra él e intentando destapar algún que otro escándalo o trapo sucio en el que hubiese podido estar involucrado.

La comisión que investigaba el caso acabó concluyendo que Butler no había presentado suficientes pruebas sobre la veracidad del supuesto complot y jamás se pudo demostrar que realmente existió dicha conspiración para apartar a Roosevelt del poder, aunque numerosos historiadores opinan que el exmilitar podría haber estado diciendo la verdad.

Bajo estas líneas la declaración sobre el denominado 'Business Plot' (Complot contra Roosevelt) que ofreció en la televisión.

Unos meses más tarde, ya entrados en 1935, Smedley Butler volvió a sorprender a todos al publicar en The New York Times un artículo titulado 'War is a racket' (La guerra es una estafa) en el que denunciaba el negocio y especulación económica que existía detrás de cada conflicto armado y cómo los banqueros y especuladores de Wall Street se enriquecían cada vez que Estados Unidos participaba en una guerra.

En su escrito decía entre otras muchas cosas:

[…] He servido durante más de treinta años en las unidades más combativas de las Fuerzas Armadas estadounidenses: en la Infantería de Marina. Tengo el sentimiento de haber actuado durante todo ese tiempo de bandido altamente calificado al servicio de los grandes negocios de Wall Street y sus banqueros. En una palabra, he sido un delincuente al servicio del capitalismo. De tal manera, en 1914 afirmé la seguridad de los intereses petroleros en México, Tampico en particular. Contribuí a transformar a Cuba en un país donde la gente del National City Bank podía robar tranquilamente los beneficios. Participé en la ‘limpieza’ de Nicaragua, de 1902 a 1912, por cuenta de la firma bancaria internacional Brown Brothers Harriman. En 1916, por cuenta de los grandes azucareros norteamericanos, aporté a la República Dominicana la ‘civilización’. En 1923 ‘enderecé’ los asuntos en Honduras en interés de las compañías fruteras norteamericanas. En 1927, en China, afiancé los intereses de la Standard Oil […] Nos ha ido bastante bien con Luisiana, Florida, Texas, Hawái y California y el Tío Sam puede tragarse a México y Centroamérica, con Cuba y las islas de las Indias Occidentales como postres y sin intoxicarse [… ] Fui premiado con honores, medallas y ascensos. Pero cuando miro hacia atrás, considero que podría haber dado algunas sugerencias a Al Capone. Él, como gánster, operó en tres distritos de una ciudad. Yo, como marine, actué en tres continentes. El problema es que cuando el dólar estadounidense gana apenas el seis por ciento, aquí se ponen impacientes y van al extranjero para ganarse el ciento por ciento. La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera. […]

Tras la publicación de este artículo y la anterior denuncia sobre el supuesto complot político, numerosos fueron los apoyos que se le retiraron, siendo señalado como una persona incómoda y conspiranoica, dejando de recibir invitaciones para dar conferencias o participar en eventos.

Esto lo llevó a retirarse de la vida pública e irse a vivir a una nueva casa (que había comprado tras retirarse del ejército) en Newton (en el Condado de Delaware, Pensilvania), donde falleció cinco años después (el 21 de junio de 1940) a los 58 años de edad, a consecuencia de un cáncer estomacal.

Fuente de la imagen: usmcarchives (Flickr)

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