Cuando los neerlandeses cedieron Manhattan a los ingleses a cambio de unas pequeñas islas perdidas en Indonesia

De sobras conocido es la importante presencia neerlandesa que hubo en Norteamérica y, más concretamente, en el control de lugares tan importantes que hoy conocemos como Nueva York, Nueva Jersey, Delaware o Connecticut. Muy posiblemente la Historia de los Estados Unidos (y del planeta en general) hubiese cambiado mucho si en el último cuarto del siglo XVII los holandeses no hubiesen cedido los ‘Nuevos Países Bajos’ (modo en el que eran llamado ese territorio) a Inglaterra.

Mapa de los Nuevos Países Bajos en Norteamérica (imagen vía Wikimedia commons)

Fue concretamente en el año 1667, a través del ‘Tratado de Breda’, firmado el 31 de julio, por el que se ponía fin a la Guerra Anglo-Holandesa y se realizaba una serie de concesiones, de una nación a otra, entre las que figuraba el intercambio de territorios bajo el dominio de uno u otro.

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Los holandeses habían mantenido a lo largo de prácticamente todo aquel siglo su control sobre los territorios norteamericanos mencionados, unas colonias que eran de la máxima prioridad de los ingleses para sus propósitos y empresas de importación y exportación, pero costaba creer que los neerlandeses pudieran acabar cediéndolos (por el gran valor comercial y estratégico que tenían) si no era a cambio de algo mucho mejor.

Lo sorprendente del intercambio fue que los Países Bajos cedían sus posesiones norteamericanas (entre ellas la isla de Manhattan, llamada Nueva Ámsterdam) por una decena de minúsculas islas volcánicas, llamadas ‘Islas de Banda’, y que estaban perdidas en el océano Pacífico occidental (Sureste asiático) en el archipiélago de Indonesia.

Islas de Banda (imagen vía Wikimedia commons)

El motivo de este inesperado trueque de territorios era un producto que se consideraba milagroso en aquella época: la ‘nuez moscada’. Por aquel entonces se tenía el convencimiento que esta especia podía curar cualquier enfermedad (entre ellas la temida ‘peste’) y era utilizada para confeccionar remedios medicinales y ungüentos y en aquellos momento tan solo había un lugar en todo el planeta (al menos era lo que se creía) en el que se podía encontrar el árbol de la nuez moscada que producía el preciado elemento.

El poder tener el control absoluto sobre las Islas de Banda convertía a los neerlandeses en propietarios de la producción mundial de nuez moscada y por tanto les proporcionaría unas ganancias económicas incalculables.

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Hasta aquel momento, los Países Bajos habían estado en continuas guerras y disputas por el control de las Islas de Banda tanto con portugueses como con los ingleses. La firma del Tratado de Breda, en 1667, con Inglaterra, les daba el control único y total a los neerlandeses sobre la preciada especia y, por tal motivo, no hubo dificultades para que cedieran al control de los territorios norteamericanos.

Pero los holandeses estaban equivocados (portugueses e ingleses también) en cuanto a que las Islas de Banda era el único lugar del planeta donde crecían los árboles de nuez moscada, descubriéndose posteriormente que podía encontrarse en otros lugares como la India e incluso en algunas islas del Caribe.

Por cierto, los Países Bajos perdieron el control de las Islas de Banda en 1810 cuando fueron invadidas por los británicos y obligaron a los neerlandeses a rendirse y cederlas.

Fuente de las imágenes:  Wikimedia commons (1) / Wikimedia commons (2)