Cuando la mafia colaboró con el gobierno de EEUU durante la IIGM con el fin de que excarcelasen a Lucky Luciano

Ficha policial de Lucky Luciano (imagen vía Wikimedia commons)

Lucky Luciano fue uno de los miembros más destacados de la mafia en Estados Unidos. Bajo sus órdenes se habían cometido infinidad de crímenes, pero, como suele ocurrir en estos casos, fue muy complicado poder demostrar su implicación. Finalmente, tras arduas investigaciones por parte de la brigada especial de la policía que lo perseguía y la fiscalía, se pudo acusar al mafioso de estar detrás de una importante red de prostitución y un tribunal lo condenó, el 7 de junio de 1936, a una pena de entre 30 y 50 años de prisión.

Tan solo cumplió diez años de condena y salió de la cárcel el 3 de enero de 1946 tras haber llegado a un acuerdo con el gobierno de los EEUU cuatro años antes debido a que solicitaron su colaboración (y la del resto de miembros de la mafia estadounidense) durante la IIGM.

Y es que la mafia controlaba la mayoría de sindicatos portuarios de los Estados Unidos y a inicios de 1942 estos sabotearon las labores que el gobierno estaba realizando en el puerto para enviar barcos a Europa. Este es el relato de cómo sucedió esta sorprendente colaboración entre la mafia y el gobierno…

El 7 de diciembre de 1941 se produjo el bombardeo de Pearl Harbor por parte del ejército japonés y que supuso la excusa perfecta que estaba esperando el gobierno de los Estados Unidos para poder participar (de forma oficial, ya que llevaba tiempo prestando ayuda a los aliados) en la Segunda Guerra Mundial.

[Relacionado: La verdad sobre la fotografía de las presuntas heroínas de Pearl Harbor]

El ejército norteamericano abrió dos frentes bélicos: por un lado (el Oeste o Pacífico) su guerra particular con Japón y por el otro (Este o Atlántico) su colaboración con las fuerzas aliadas (Reino Unido, Unión soviética y Francia).

Una de las vías de comunicación entre EEUU y la Europa Aliada era a través del Atlántico Norte, pero la masiva presencia de submarinos nazis en la zona cada vez hacía más difícil ese acceso, además de haber estado librándose importantes batallas navales durante los dos años previos entre británicos y alemanes.

El presidente Roosevelt tenía muy claro que para acabar con el enemigo japonés primero tenía que hacer lo propio con los nazis del Tercer Reich, motivo por el que vio que era de vital importancia reforzar todo el Atlántico Norte con amplia presencia naval estadounidense.

Ya no solo se utilizó el efectivo naval que los Estados Unidos tenía disponibles sino que echó mano de todos aquellos buques de otros países (o compañías privadas) que pudo confiscar. Entre ellos el SS Normandie, un lujoso transatlántico francés que se encontraba amarrado en el muelle del puerto de Nueva York desde el 30 de agosto de 1939 (dos días antes de la invasión alemana de Polonia y, por tanto, de iniciarse la IIGM) y que se había mantenido en aquel lugar bien resguardado y a la espera de que finalizara el conflicto bélico en Europa.

El 20 de diciembre de 1941, tres semanas después del ataque a Pearl Harbor y del anuncio oficial de la entrada de EEUU en la IIGM, el presidente Roosevelt ordenó que el SS Normandie pasase a formar parte de su flota naval (como había ocurrido con otros transatlánticos como el Queen Elizabeth o el Queen Mary).

[Te puede interesar leer: USS Laffey, el destructor indestructible]

Para ello se debía reacondicionar por completo el SS Normandie, empezando por su nombre y rebautizándolo como ‘USS Lafayette’. Se dio un mes de plazo para realizar todas las reformas, pero desde el inicio de éstas empezaron a surgir numerosos inconvenientes que iban retrasando los trabajos y que provocaban que no se pudiera cumplir el plazo de un mes que se había dado para su finalización (31 de enero de 1942).

El SS Normandie, reubautizado como USS Lafayette durante el incendio del 9 de febrero de 1942 (imagen vía Wikimedia commons)

Se solicitó unos días más para acabar los trabajos pero al mediodía del 9 de febrero se produjo un incendio en el interior que se extendió por todo el transatlántico, dejándolo totalmente inservible.

Según versiones oficiales fue accidentalmente cuando el soldador de uno de los trabajadores soltó una chispa que fue a parar a un puñado de chalecos salvavidas que se encontraba cerca y se originó el incendio. Las horas posteriores en las que se intentó sofocar el fuego fue una acumulación de despropósitos que acabó por tener que declarar como inservible el barco.

Pero tras este fortuito accidente se encontraba la sospecha de que algo había tenido que ver la intervención de la mafia, cuyos miembros controlaban la mayoría de los sindicatos portuarios y, por tanto, a los obreros y estibadores.

Las autoridades portuarias de Nueva York comprobaron cómo paulatinamente iban siendo saboteados ciertos trabajos que se realizaban por encargo del gobierno en el puerto (entrada y salida de mercancías, su carga y descarga que se demoraba…).

Las sospechas de que tras todo esa trama de complot se encontraba la banda de malhechores liderada desde prisión por Lucky Luciano hizo que se decidiera diseñar un plan (bautizado como Operación Underworld) con el cual pactar una serie de condiciones con la mafia con el fin de garantizar el pleno desarrollo de los trabajos portuarios sin incidente alguno.

[Te puede interesar leer: Lucky Luciano, el mafioso que ordenó asesinar al presidente de Panamá]

Joseph Lanza, uno de los hombres fuertes de la mafia (y persona de confianza del preso Lucky Luciano) se reunió con el comandante de la Oficina de Inteligencia Naval de Nueva York Charles R. Haffenden, quien fue el encargado militar y gubernamental para solventar el complot portuario.

El representante del crimen organizado ofreció su total colaboración a cambio de que Lucky Luciano fuera trasladado a una prisión más cómoda, pudiera recibir visitas y en cuanto acabase el conflicto bélico se le concediese un indulto.

Y así fue como sucedió. Luciano fue trasladado de prisión y los problemas portuarios terminaron. Medio años después de finalizar la Segunda Guerra Mundial las autoridades estadounidenses dejaron en libertad a Lucky Luciano; eso sí, con la condición de que debía ser deportado a Italia, donde residió hasta el final de sus días (falleció en Nápoles en 1962).

Esta curiosa historia forma parte del fantástico libro ‘Segunda Guerra Mundial, 10 historias apasionantes’ (Ediciones Oblicuas) recientemente publicado por los divulgadores (y amigos personales) Pere Cardona y Laureano Clavero. Recomiendo su lectura y aquellos a los que os apasiona los relatos sobre la IIGM encontraréis en este libro una decena de interesantísimas historias.

‘Segunda Guerra Mundial, 10 historias apasionantes’ de Pere Cardona y Laureano Clavero

Pere Cardona y Laureano Clavero son también autores del libro ‘El diario de Peter Brill’ del que ya os hablé y recomendé tiempo atrás.

[Relacionado: Peter Brill, el joven piloto de la Luftwaffe que fue entrenado para bombardear Nueva York]

Fuente de las imágenes: Wikimedia commons / Alfred López