Cuando hace un siglo se construyó el circuito de carreras más moderno de Europa en la azotea de un edificio

Durante la última década del siglo XIX se despertó una auténtica pasión por los automóviles y, sobre todo, por las competiciones en las que podían participar aquellos privilegiados que poseían un coche (algo prácticamente inasequible para la inmensa mayoría de las personas). En 1909 se construía el primer circuito de carrera de la Historia en Indianápolis (Estados Unidos), ya que hasta entonces todas las pruebas se habían desarrollado en circuitos urbanos.

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Siete años después la fabricación en cadena del modelo Ford T hizo que el coste de producción de este automóvil descendiera a menos de la mitad y por tanto su precio de venta, algo que ayudó a que cada vez fuera mayor el número de personas que podían acceder a adquirir uno.

Muchas eran las compañías que hasta la fecha habían competido entre si, debido a que los precios eran similares, haciendo que el parque automovilístico de cualquier población importante estuviera compuesto por decenas de fabricantes diferentes. El hecho de reventar el precio y modo de fabricar por parte del empresario estadounidense Henry Ford hizo desaparecer muchas y provocó que las que querían seguir en el negocio le siguieran la estela y se adaptaran a esa modernidad y manera de producir automóviles.

Ese fue el caso de Fiat, compañía italiana creada en 1899 y cuyo propietario, Giovanni Agnelli, quiso apostar por la modernidad de su empresa, motivo que lo llevó a visitar la recién inaugurada fábrica de Ford en EEUU y decidiera hacer construir en Turín (población al norte de Italia donde se encontraba la sede central de Fiat) la más moderna de las plantas de producción, donde el trabajo de fabricación de sus automóviles se realizarían en cadena de montaje a lo largo de un edificio de 153.000 metros cuadrados y cinco plantas y al que no le faltaría el más mínimo detalle de modernidad y que, además, contaría con el circuito de carreras más moderno de Europa, el cual estaría situado en la azotea y en el que se probarían de manera eficiente todos y cada uno de los vehículos producidos.

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Agnelli no encargó el diseño del nuevo edificio a un estudio de arquitectura sino a Giacomo Mattè-Trucco, uno de los ingenieros que trabajaba para Fiat desde hacía una década y quien también se había encargado de diseñar en 1905 la hasta entonces planta en la que se fabricaban los autos de esta marca.

En 1915 Trucco comenzó a trabajar en el diseño del nuevo edificio, al que bautizó como ‘Lingotto’ debido a que su forma le recordaba al de un lingote de oro. Un año después se pondría la primera piedra y las obras concluirían en 1923.

El moderno y futurista diseño realizado por Trucco hacía que desde la planta baja del edificio empezara a ponerse las primeras piezas de cada automóvil y que, realizando un trabajo de producción en cadena, paso a paso se le iban incorporando los siguientes elementos mientras que iba ascendiendo planta por planta. Al llegar arriba del todo el vehículo ya estaría totalmente terminado y listo para probar en el circuito de carreras situado en la azotea y al que se podía acceder directamente desde una rampa colocada en el último punto de la cadena de fabricación.

Allí arriba y a lo largo de dos kilómetros y cuatrocientos metros y con una anchura de veinticuatro metros, los trabajadores de la planta probaban todos los automóviles que iban fabricando, haciéndolos correr a través de la pista ovalada (que tenía dos curvas de 180 grados).

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Durante los siguientes cuarenta años el edificio ‘Lingotto’ se utilizó como planta de producción de Fiat y para realizar las pruebas correspondientes tras finalizar cada automóvil, pero poco a poco se fue quedando obsoleto ya que en las últimas décadas se habían abierto factorías con tecnología más moderna en otros puntos de Italia y Europa.

En 1982 se optó por el desmantelamiento y cierre de la planta de producción del Lingotto, abriéndose así un importante debate político y social, ya que el edificio se había convertido en el último medio siglo en uno de los emblemas más característicos de Turín. 

Finalmente en lugar de ser derruido se optó por la venta del inmueble en el que en 1989 fue rediseñado y reconvertido en un conjunto de modernas instalaciones donde albergar un gran centro comercial, un importante hotel, centro de convenciones, sala de conciertos, un helipuerto en la azotea y el antiguo circuito que en la actualidad es utilizado por diversas empresas y marcas como ‘test track’ (pista de pruebas).

Fuentes de consulta e imágenes: slate / bbc / Flickr / Wikimedia commons / periodismodelmotor / jalopnik

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