Cuando Felipe II convocó un referéndum para que los nativos de Filipinas decidieran si querían pertenecer a la Corona Hispánica

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El insigne explorador portugués, Fernando de Magallanes, llegó, en el año 1521, hasta el archipiélago del sudeste asiático que hoy conocemos como Filipinas en una expedición financiada por el monarca español, Carlos I, bautizando aquel lugar como ‘Islas de Poniente’, iniciándose en aquel momento el intento de conquista y control del territorio con el fin de incorporarlo a las posesiones de la Corona Hispánica.

Felipe II (imagen vía Wikimedia commons)
Felipe II (imagen vía Wikimedia commons)

Varios fueron los expedicionarios enviados hasta allí para llevar a cabo la colonización del archipiélago durante las siguientes décadas, siendo el malagueño, Ruy López de Villalobos, quien, en 1543, decidió rebautizar las Islas de Poniente como ‘Islas Felipinas’, denominación que se le daba en honor al entonces Príncipe de Asturias y futuro rey de España, Felipe II.

Fue poco después de subir al trono en 1556 (tras la abdicación por parte de su progenitor, Carlos I, a su favor) cuando el control sobre el archipiélago filipino comenzaría a hacerse realidad, siendo una de las preocupaciones del nuevo y joven monarca el conocer el grado de aceptación de los nativos de las nuevas posesiones de la Corona.

La colonización de aquel archipiélago no había sido una empresa fácil, debido a la oposición y lucha por parte de los indígenas filipinos, no teniendo lugar el primer asentamiento español hasta 1565 (en lo que actualmente es la ciudad de Cebú).

Las Islas Felipinas se habían convertido en un enclave perfecto y estratégico en las aspiraciones de la Corona en las denominadas Indias Orientales Españolas y su expansión por toda la zona (uno de los propósitos de Felipe II era conseguir la invasión de China), estableciéndose la capitalidad del Imperio Hispánico en Asia y Oceanía en Manila.

A través de numerosos emisarios y expedicionarios que viajaron desde la Península Ibérica hasta el sudeste asiático, se pudo llegar a acuerdos con los diferentes reyes de las tribus nativas del archipiélago filipino para que la Corona Hispánica tuviese una legítima autoridad soberana sobre aquellos territorios, a la vez que les proporcionaba protección ante los diferentes intentos de ataque e invasión por parte de otras naciones interesadas en poseer aquellas islas.

Desde 1565 (año en el que se data la conquista y control del archipiélago por parte de España) un buen número de insignes expedicionarios y militares ocuparon el cargo de Gobernador General de Filipinas, siendo, Francisco de Tello de Guzmán (en el puesto desde 1596) quien recibiría un encargo muy especial por parte de Felipe II: convocar un plebiscito con el fin de que los nativos filipinos decidieran si querían pertenecer a la Corona Hispánica y veía al Imperio como una autoridad soberana legítima.

Para llevarse a cabo, el monarca español emitió una Real Cédula, el 8 de febrero de 1597, por la cual facultaba la celebración de dicho referéndum. Cabe destacar que aquella consulta era un ‘caramelo envenenado’ para los filipinos, debido a que entre las muchas disposiciones incorporadas en la Real Cédula, se indicaba la obligatoriedad de tributar así como de someterse ‘libremente’ al control de la Corona.

Debido a las dificultosas comunicaciones de la época, la Real Cédula no fue publicada en Manila hasta un año y medio después (el 5 de agosto de 1598), pero por aquel tiempo Felipe II ya se encontraba gravemente enfermo, pasando sus últimos días postrado en una cama en El Escorial y padeciendo terribles dolores y fiebres a consecuencia de sus múltiples dolencias.

El monarca falleció la madrugada del domingo 13 de septiembre de 1598, a los 71 años de edad y tras 42 de reinado.

Tras el correspondiente luto, tras la muerte del rey, el plebiscito a los nativos filipinos se llevó a cabo a lo largo del siguiente año (1599), siendo el resultado de la consulta la aceptación de someterse libremente al control y autoridad soberana de la Corona Hispánica.

Evidentemente, no hubo una participación masiva por parte de los habitantes filipinos, debido a las dificultades que existían en la época para poder trasladarse por el archipiélago y el tiempo que se tardaba en recorrerlo o viajar de una isla a otra, siendo, en la mayoría de los casos, los jefes de las tribus quienes decidieron por sus súbditos.

Fuente de la imagen: Wikimedia commons

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