Cuando en 1911 se anunció una rifa de bebés organizada por un hospicio de París

Cuando en 1911 se anunció una rifa de bebés organizada por un hospicio de París (imagen vía Wikimedia commons)

Hacerse cargo de acoger bebés o niños de muy corta edad que han sido abandonados, sus progenitores han fallecido o que no tienen a nadie cercano que pueda hacerse cargo, no siempre ha sido una prioridad para los gobiernos e instituciones.

Muchas han sido las antiguas culturas en las que, ante la falta de un método anticonceptivo efectivo, se optaba por practicar el infanticidio como solución al gran número de hijos no deseados que nacían.

Se tardó mucho en crear los primeros hospicios oficiales donde darles cobijo y garantizarles un futuro lejos de penurias; aunque hasta que esto ocurrió la recogida de niños huérfanos o abandonados corrió en gran medida a cargo de congregaciones religiosas e incluso de particulares que montaron lo que llegó a conocerse como ‘granjas de bebés’ (baby farms).

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Pero no siempre se garantizó que los pequeños acogidos disfrutaran de una vida feliz y confortable, dándose numerosísimos casos a lo largo de la historia en los que una gran cantidad de pequeños acabaran muriendo a manos de sus propios cuidadores (sobre todo aquellos que padecían alguna enfermedad, discapacidad e incluso eran menos agraciados físicamente).

Pero al igual que había personas desalmadas a las que no les importaba infligir dolor a esos niños desprotegidos, también nos encontramos con un gran número que se dedicaban en cuerpo y alma a cuidar de ellos y procurarles un entorno saludable y de confort.

Quizá la literatura y el cine ha hecho que tengamos una visión equivocada de lo que realmente eran los hospicios, orfanatos o inclusas (diferentes nombres a distintos tipos de establecimientos destinados a recoger y albergar a pequeños abandonados o huérfanos). En muchas historias de ficción se ha utilizado estos lugares para dar un toque de siniestralidad al relato, distando muchísimo de lo que realmente fueron e infinidad son las personas que han vivido, crecido y tenido un futuro feliz y próspero gracias a los cuidados que recibieron durante el tiempo que allí pasaron.

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Uno de los recursos más habituales para dar una oportunidad de futuro a esos pequeños y que frecuentemente ha funcionado ha sido la adopción o ir a parar a familias de acogida, que con los años (y salvo algunas excepciones) han pasado a formar parte de aquel núcleo familiar.

Pero no siempre fue así y podemos encontrar que durante la Historia muchos han sido los casos en los que ha imperado la compraventa de bebés, ya sea entre particulares o a través de algún intermediario.

Artículo en el periódico The Evening Record sobre la rifa de bebés en París (imagen vía newspapers.com)

Entre los curiosos casos que existen en torno a bebés acogidos en un hospicio nos encontramos con el que tuvo lugar en París a inicios de la segunda década del siglo XX: la organización de una rifa de bebés y al que optaban todas aquellas parejas que andaban detrás de aumentar la familia.

El 11 de enero de 1912, mediante una notificación en la prensa, se informó a los lectores que se había llevado a cabo el mencionado sorteo. Pero no se trataba de ninguna advertencia sensacionalista, sino como un simple apunte de lo acontecido y en el que se detallaba que la dirección del Hospital de niños expósitos (abandonados) de París había organizado la rifa con el consentimiento de las autoridades, con motivo de encontrar hogar a un gran número de pequeños que en aquel momento permanecían en el hospicio.

Destacaba la información que todas las familias ganadoras de un bebé habían sido investigadas para determinar su idoneidad como padres adoptivos.

El dinero recaudado por la rifa se dividió entre varias instituciones dedicadas a la caridad.

Anuncio del sorteo de bebés en París (imagen vía Wikimedia commons)

Fuentes de consulta e imágenes: mentalfloss / newspapers / time / Popular Mechanics 1912 (Google Books) / Wikimedia commons / newspapers / thesciencebookstore

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