Cuando el rey Alfonso XIII sufrió un atentado el mismo día que contrajo matrimonio

El 31 de mayo de 1906 Madrid se había engalanado para acoger el primer gran acto social que tendría lugar en la capital de España desde hacía un cuarto de siglo: la ceremonia matrimonial del rey Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg en la basílica de San Jerónimo.

El cortejo nupcial, después de la ceremonia religiosa, se desplazaría hasta el Palacio Real recorriendo varias calles de la ciudad, estando éstas abarrotadas por un gran número de personas que deseaban vitorear y saludar a los contrayentes y desde los balcones otros tantos ciudadanos también les lanzaban flores.

Fotografía tomada segundos después de la explosión de la bomba que lanzó el anarquista Mateo Morral sobre la comitiva real que trasladaba al rey Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg tras contraer matrimonio (imagen Hemeroteca ABC vía Wikimedia commons)

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Alfonso XIII y su esposa iban en fastuoso carruaje tirado por caballos blancos y en el momento en el que la comitiva pasaba frente al número 88 de la calle Mayor, uno de los espectadores, que estaba asomado en el balcón del tercer piso (perteneciente a una pensión) lanzó hacia los recién casados un ostentoso ramos de flores, con tal mal puntería de que éstas chocaron sobre unos cables del tranvía, desviando la trayectoria y cayendo a uno de los lados de la comitiva, donde se encontraban los espectadores.

Tal y como impactó en el suelo se detonó la explosión de una bomba que iba oculta en el ramo, causando el caos y el desconcierto entre los presentes y ocasionando la muerte en el acto de 23 personas (que posteriormente aumentaría el número) y más de un centenar de heridos. Alfonso XIII y su esposa resultaron ilesos.

El autor del atentado huyó rápidamente del lugar, siendo visto por una multitud de personas que pudieron describirlo a las autoridades. Se trataba de Mateo Morral, un joven anarquista catalán que había llegado a Madrid unos días antes y que, debido a su temperamento, había dejado un desagradable recuerdo a buen número de personas con las que se cruzó y/o discutió de política a lo largo de los días previos al atentado, en los que se movió por la capital y acudió a varias tertulias.

Al día siguiente del intento de regicidio los periódicos informaban de lo acontecido y el diario ABC se convertía en el que mejor cobertura pudo dar al frustrado asesinato debido a que numerosas eran las personas que se habían colocado a lo largo del recorrido de la comitiva real con la intención de tomar fotografías de tal magno acontecimiento ya que aquellas que posteriormente fuesen publicadas en el rotativo serían generosamente gratificadas.

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Muy cerca del lugar del atentado se encontraba un joven estudiante de medicina llamado Eugenio Mesoneros (nieto del insigne escritor Ramón de Mesoneros) quien tomó una fotografía tan solo unos segundos después de producirse la explosión y pudiendo captar el momento de caos que se produjo, con caballos desbocándose, transeúntes corriendo, humo… Dicha fotografía fue la que sirvió para ilustrar la noticia informando del intento de regicidio que publicó al día siguiente el diario ABC.

Mateo Morral, tras huir de allí, logró esconderse en casa de otros activistas anarquistas y dos días después se desplazó hacia Torrejón de Ardóz, con intención de coger un tren de vuelta a Barcelona. Paró a comer algo en una casa de comidas de las afueras (establecimiento hostelero conocido como ventorrillo) y allí fue reconocido como autor del atentado, debido a que su descripción había aparecido en todos los periódicos.

Tras ser detenido por la guardia civil, mientras se dirigía al cuartelillo, intentó asesinar al agente que lo custodiaba y acto seguido se suicidó pegándose un tiro. Al menos esta fue la versión oficial de los hechos, aunque la mayoría de expertos aseguran que tal y como presentaba la herida de bala, Mateo Morral no podía haberse pegado el mismo el tiro sino que el disparo provenía de mayor distancia.

El caso de la muerte del terrorista dejó muchas incógnitas sin responder, lo que ha dado pie a que se haya especulado mucho a lo largo del último siglo, sirviendo como argumento para numerosas novelas, películas y otro tipo de historias de ficción.

Fuente de la imagen: Hemeroteca ABC vía Wikimedia commons

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