¿Cuándo dejamos los humanos de casarnos entre primos?

El árbol genealógico en el que se ha basado el artículo.

Hay resultados de estudios que realmente sorprenden. Y un ejemplo de ello es un artículo recientemente publicado, que expone una dura realidad: los humanos dejamos de casarnos entre primos mucho más tarde de lo que a muchos nos gustaría pensar. Entre mediados y finales del siglo XIX, de hecho.

Aunque hay que realizar una apreciación, un matiz relevante: no estamos hablando de primos hermanos, de gente con un grado de consanguinidad muy elevado. Son primos en el sentido de “miembros de la misma familia”. Separados por pocos rangos de parentesco, pero los suficientes como para que los padres no sean hermanos.

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La primera pregunta que debemos hacernos ante este artículo es de dónde salen los datos. Que, además de ser muy relevante, es muy interesante. Los investigadores han realizado un meta-análisis, un estudio estadístico de datos públicos. Y los han obtenido de una página web que se encarga de realizar árboles genealógicos con los datos que la gente proporciona.

La manera en que funciona esta página es interesante. Se suben los datos que se tienen, la página genera una genealogía, y busca entre la base de datos entradas coincidentes. Cuando detecta un caso así, une ambos árboles en uno más grande.

Es decir, que los datos con los que cuentan los investigadores contienen errores. Involuntarios muchos de ellos, y asumibles desde un punto de vista estadístico. Porque lo que refleja son los matrimonios y la descendencia reconocida. Si hay casos de adulterio, hijos ilegítimos o adopciones, en muchos casos no se refleja.

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Y esto es asumible porque lo primero que buscaban los investigadores era conocer el momento en que casarse entre “primos” – entendido como hemos explicado al inicio del texto – dejó de ser un tabú. El incesto – relaciones entre hermanos, padres e hijos y demás – es un tabú universal, pero entre primos lejanos no lo es tanto.

La idea que se tenía es que este tipo de matrimonios dejaron de ser la norma a inicios del siglo XIX. Y que desde que comenzaron a ser mal vistos, prácticamente desaparecieron. La razón no son cambios culturales o sociales. Simplemente una mejora en el transporte. Si puedes viajar más lejos, cosa que empezó a ser común en esa época, es más sencillo encontrar pareja lejos de tu círculo más intimo, y se evita la consanguinidad.

Bien, pues aunque la historia del transporte fue así, no es precisa en cuanto a los matrimonios. Desde la universalización del transporte hasta que se asentó el tabú entre primos pasaron cerca de 50 años, tiempo suficiente para que una generación larga – de hecho, en términos prácticos, dos – siguiesen manteniendo una alta tasa de consanguinidad.

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La importancia de este hecho es de sobra conocida. Hay muchas características genéticas de tipo recesivo. Explicarlo es bastante complejo, pero para entenderlo de manera rápida podemos decir que para que un gen recesivo se exprese, para que se refleje en el individuo, tiene que aparecer en dos copias. Cuanto más cercanos sean los miembros de una familia, más probable es que aparezcan estos caracteres recesivos. Lo interesante es que muchas enfermedades congénitas son recesivas. De ahí la relevancia del estudio.

El siguiente paso que pretenden dar los investigadores es analizar la influencia de los matrimonios entre familiares cercanos en la esperanza de vida. Se sabe que los hermanos tienden a vivir una cantidad similar de años. Hasta ahora no se podía analizar con precisión la influencia de la genética en la longevidad, porque los hermanos comparten genes y también ambientes – por norma general. Ahora ya tenemos un punto en la historia, un horizonte temporal, sobre el que realizar estudios estadísticos. Pero esa información aún no la tenemos.

Me enteré leyendo aquí.