Cuando Churchill dirigió el asedio de la calle Sídney de Londres contra un grupo de anarquistas letones

Churchill dirigió el asedio de la calle Sídney de Londres contra un grupo de anarquistas letones (Imagen vía Wikimedia commons)
Churchill dirigió el asedio de la calle Sídney de Londres contra un grupo de anarquistas letones (Imagen vía Wikimedia commons)

Sin lugar a dudas, uno de los políticos y estadistas más importantes y polivalentes que ha dado la Historia fue Winston Churchill, quien llegó a ocupar los más altos cargos en el Reino Unido, entre ellos el de Primer Ministro en dos periodos, responsable de varias carteras ministeriales, Primer Lord del Almirantazgo (e incluso llegó a ganar el Premio Nobel de Literatura).

Famosas fueron sus decisiones políticas y militares durante la Segunda Guerra Mundial (posiblemente el periodo en el mayor popularidad y poder alcanzó), pero en su meteórica ascensión hacia el éxito que llegó a obtener hay un momento -varias décadas atrás- en el que un acto (de orden público, tal y como lo calificó el propio Churchill) fue terminante para que su carrera política fuera imparable.

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En 1910, con 36 años de edad, Winston Churchill fue nombrado Ministro del Interior (tras una década dedicándose activamente a la política) y hacia finales de ese mismo año se produjo un hecho delictivo tras el que tuvo que tomar una serie de drásticas y contundentes decisiones.

La madrugada del 16 al 17 de diciembre en la comisaría de policía del conflictivo y marginal barrio londinense de East End se presentó un vecino alertado por unos fuertes golpes que escuchaba en una vivienda continua a la suya.

Una dotación policial se personó a la dirección facilitada (en la calle Houndsditch) y tras llamar a la puerta del inmueble les atendió un ciudadano extranjero que no sabía expresarse en inglés. Un par de agentes accedieron al interior de la vivienda, recibiendo varios tiros.

Por aquella época los ‘bobbies’ (policía londinense) no portaban armas de fuego, tan solo porras, motivo por el que no pudieron repeler el ataque. Varios hombres salieron del edificio a toda prisa y consiguieron huir; no sin antes seguir disparando varias ráfagas de tiros, lo que provocó que tres agentes de policía murieran y unos cuantos quedaran heridos.

Tras las inmediatas investigaciones, se pudo determinar que el ruido que había alertado al vecino y llevado a la policía hasta aquel inmueble se debía al butrón que habían hecho los inquilinos de la vivienda para acceder a una joyería contigua y robar las joyas, valoradas en miles de libras esterlinas.

Pero un chivatazo también les proporcionó varios datos fundamentales para descubrir que se trataba de una banda compuesta por varios anarquistas letones. Uno de ellos, George Gardstein, parece ser que fue accidentalmente herido por la bala de uno de sus compañeros. Una herida que le provocó una fuerte hemorragia y por la que se tuvo que llamar a un médico particular. Gracias a ello la policía pudo determinar la autoría del crimen de sus tres agentes (lo cual se había convertido en uno de los dramas nacionales más importantes de las últimas décadas).

Dieron con el escondite en el que se encontraba George Gardstein, a quien ya hallaron sin vida y tras averiguar dónde estaba el resto de la banda, se trazó un plan para atraparlos que estuvo dirigido en todo momento por, el flamante y recién nombrado ministro, Winston Churchill.

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El 3 de enero de 1911, tras averiguar que el resto de los anarquistas letones se escondían en una vivienda en el número 100 de la calle Sídney (también en el barrio de East End) se dispuso un plan de ataque, por lo cual se dotó (de forma extraordinaria) a los agentes de policía con fusiles (aunque no había armas para todos ellos) y también se solicitó la presencia de una dotación militar (que acudió desde la Torre de Londres).

Cuando se disponían a realizar el asalto al inmueble, los anarquistas (que se encontraban atrincherados en el interior) empezaron a disparar a diestro y siniestro. Aunque eran un reducido número de hombres, su manejo de las armas y la posición que tenían respecto a los asaltantes era mucho mejor, por lo que la espera para acceder al interior se alargó durante más tiempo del deseado.

Agentes de polícía junto al Ministro del Interior Winston Chuchill durante el asedio (Imagen vía Wikimedia commons)
Agentes de polícía junto al Ministro del Interior Winston Chuchill durante el asedio (Imagen vía Wikimedia commons)

Churchill se encontraba en primera fila. Dando órdenes y dirigiendo la misión. Era su momento de gloria y estaba convencido que si el plan funcionaba bien su carrera política sería imparable. Estaba convencido que se convertiría en un héroe si conseguía atrapar a los culpables de los tres agentes de policía asesinados. En las últimas semanas, a través de los periódicos, los ciudadanos londinenses habían exigido la captura de los asesinos.

Pero durante el devenir del intercambio de tiros entre los anarquistas y las fuerzas de seguridad, se produjo un incendio en el interior de la vivienda (algunas crónicas apuntan que fue fortuito y otros causado a propósito por orden del propio Churchill).

Alguien avisó a los bomberos, presentándose rápidamente un coche para sofocar el fuego. Pero Winston Churchill mandó no intervenir, ya que estaba convencido que el incendio acabaría obligando a salir a los criminales.

Pero no fue así y éstos resistieron todo lo que pudieron en el interior, hasta que fallecieron víctimas del incendio.

Cuando la policía accedió al interior de la vivienda Churchill los acompañó, pues quería aparecer en las fotografías de aquel histórico momento, ya que un gran número de periodistas se desplazaron hasta aquel lugar e incluso había una cámara cinematográfica que recogió gran parte de los sucedido.

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Momento en el que los bomberos intentan apagar el fuego del número 100 de la calle Sídney (imagen vía Wikimedia commons)
Momento en el que los bomberos intentan apagar el fuego del número 100 de la calle Sídney (imagen vía Wikimedia commons)

Tras acceder al interior pudieron comprobar que de los tres anarquistas que se suponía que debían haber allí dentro solo se encontraba el cuerpo sin vida de dos de ellos y que un tercero, Peter Piatkow (apodado como ‘Peter the painter’ y presumiblemente el cabecilla) se había esfumado.

Tras el asedio de la calle Sídney, la prensa (al igual que la opinión pública) se dividió entre los que alabaron el trabajo de la policía y, sobre todo del ministro Churchill, y los que criticaron ferozmente la operación.

El propio Winston Churchill (quien tenía un hábil manejo literario y periodístico) publicó un artículo en la prensa donde daba debida cuenta de toda la acción emprendida y decisiones tomadas, relatándolo como si de una heroica operación se hubiera tratado.

Sobre el paradero de Peter Piatkow jamás se supo. Incluso hubo quien cuestionó su presencia y participación en los actos delictivos. Por su parte, la carrera política de Churchill no dejó de ser meteórica, siendo nombrado poco tiempo después Primer Lord del Almirantazgo, el cargo militar más alto e importante dentro de la marina británica.

Fuentes de consulta e imágenes: historic-uk / tiempodehoy / Wikimedia commons / winstonchurchill.org

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