Cuando Arthur Conan Doyle ayudó a resolver un caso de xenofobia y abuso policial

Arthur Conan Doyle no solía hacer demasiado caso a las numerosas cartas que recibía habitualmente de incondicionales seguidores de sus novelas que le escribían solicitándole ayuda para resolver algún caso. Sabía que la mayoría de esos mensajes se trataba de simples bromas o incluso maneras de poner a prueba su habilidad descifrando enigmas.

Pero en 1906, cuando estaba pasando una época bastante triste por el reciente fallecimiento de su esposa Mary Louise Hawkins a causa de una tuberculosis, necesitaba algo que lo distrajese y, sobre todo, que le ayudara a levantar el ánimo, motivo por el que, a modo de entretenimiento, decidió leer algunas de esas cartas que recibía y a las que no solía hacer caso.

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Entre ellas encontró una enviada desde el pequeño pueblo de Great Wyrley (Staffordshire) por un joven de 30 años en la que le solicitaba su colaboración ante un claro caso de abuso policial y xenofobia que había vivido en su persona.

Se trataba de George Edalji, abogado de profesión y de ascendencia parsi (comunidad religiosa de la India) aunque había nacido en el Reino Unido en 1876.

Acababa de salir de prisión después de haber pasado tres años encerrado tras ser acusado de un delito que nunca cometió y aunque en todo el tiempo en el que duró su encierro no presentó queja alguna, con el fin de no empeorar las cosas, tras su salida fue convencido por su familia y amigos para que buscase ayuda para resolver el caso del que había sido injustamente acusado.

Esto le llevó a pensar en el gran Arthur Conan Doyle como la persona ideal para echarle una mano.

La maestría con la que Sherlock Holmes, personaje creado por Doyle, resolvía los casos en los que se enfrentaba en las novelas, no podía ser fruto de la simple inspiración y Edalji estaba convencido que si el escritor le prestaba ayuda y se interesaba por su caso finalmente se resolvería el asunto.

George Edalji había sido acusado en 1903 de acuchillar y mutilar a varios animales de las granjas que había en los alrededores de su hogar (caballos, vacas y ovejas). El joven todavía vivía junto a su familia en Great Wyrley.

Su padre era vicario en la iglesia de San Marcos, un hecho que a menudo ocasionó más de un problema racial con algunos vecinos al no llevar demasiado bien que el párroco fuese de origen indio. Habían recibido en las dos últimas décadas un buen número de cartas anónimas amenazando a todos los miembros de la familia Edalji, además de aparecer frecuentemente algunas pintadas en contra de ellos.

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Cuando George era un adolescente se vio envuelto en un extraño problema que nunca quedó demasiado claro. Un vecino de Great Wyrley había recibido unas cartas en las que se le relataba algunos abusos sexuales a una de sus hijas y el nombre del muchacho aparecía en una de ellas.

Esto dio pie a que tanto el jefe de policía, capitán George Anson (conocido por sus conductas xenófobas) como unos cuantos vecinos de Staffordshire, tuvieran continuamente en el punto de mira a George Edalji y cuando años más tarde empezaron a aparecer animales acuchillados no tardaron en acusarlo y señalarlo de ser el autor. No existía ni una sola prueba en contra de él que lo evidenciase, pero de todos modos el tribunal lo declaró culpable y lo condenó a una pena de siete años.

Tan solo pasó tres años en prisión y aunque salió libre de forma provisional, George Edalji se dio cuenta que iba a quedar injustamente marcado por esos hechos. A pesar de tener el título de abogado ningún bufete quería contratarlo.

Quería demostrar su inocencia y limpiar su nombre de las falsas acusaciones, motivo por el que escribió a Conan Doyle y convenció para para que lo ayudase a resolver el misterio.

A lo largo de siete meses, el padre literario de Sherlock Holmes, investigó el caso, analizó meticulosamente las diferentes cartas, interrogó a los supuestos testigos y a aquellos granjeros cuyos animales habían padecido las cuchilladas y finalmente presentó públicamente sus conclusiones demostrando la inocencia de George Edalji (acusó del delito a un joven llamado Royden Sharp, hijo de un carnicero local, pero eran pruebas circunstanciales).

Cabe destacar que por aquel entonces en Inglaterra no existía la posibilidad de apelar una sentencia ya dictada, pero gracias a la publicidad que Arthur Conan Doyle dio al caso hizo que, además de que se le reconociera públicamente la inocencia del joven George (aunque no recibió ni una sola libra en compensación por los años que estuvo encerrado injustamente), se creara en todos los tribunales la figura de un funcionario encargado de recibir las apelaciones, que con el tiempo acabó siendo la Corte Penal de Apelación.

Fuentes de consulta e imágenes: telegraphindia / arthur-conan-doyle.com / siracd / expressandstar

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