Cuánto hay de geopolítica en Eurovisión

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Banderas de países en Dinamarca en Eurovisión 2014. (Photo: JONATHAN NACKSTRAND via AFP via Getty Images)
Banderas de países en Dinamarca en Eurovisión 2014. (Photo: JONATHAN NACKSTRAND via AFP via Getty Images)

Banderas de países en Dinamarca en Eurovisión 2014. (Photo: JONATHAN NACKSTRAND via AFP via Getty Images)

Ya está todo listo para la final de Eurovisión. La edición de este año se plantea como una de las más especiales de los últimos tiempos por diversos motivos. Además de la buena posición previa desde la que parte España con Chanel, la guerra en Ucrania tras la invasión de Rusia hace que el continente esté inmerso en una situación que no se vivía desde la guerra de los Balcanes en los años 90.

“Este año el panorama va a ser muy distinto”, explica Sandra B. Ruiz, periodista y experta en comunicación política y marketing político y apunta a que las relaciones geopolíticas no han marcado tanto las votaciones como sí lo han hecho otros como la cercanía, la cultura en común o los flujos migratorios, “especialmente en el televoto”.

Sin embargo, para ella es una incógnita cómo se comportará el voto a Ucrania, triunfadora en las casas de apuestas en vísperas de la final, del mismo modo que tampoco sabe qué va a pasar con las candidaturas del Big Five que parten como favoritas (Italia, España y Reino Unido).

Ucrania, como favorita y en mitad de una guerra

“Este año puede pasar cualquier cosa”, apunta B. Ruiz, quien destaca que el voto sentimental jugaría un papel muy especial. “Los sentimientos están a flor de piel. Al final, está en una guerra, y [Stefania, canción de Kalush Orchestra] es una canción que habla sobre las madres, sobre las mujeres, que son las que más invisibilizadas están en una guerra y sufren las que más”, señala.

El voto, además de por un valor simbólico o de solidaridad con el país, también llamaría a otros países con los que tenga ciertos valores y cultura en común. “Por el idioma muchos países de los bloques del este los van a entender y les va a tocar mucho la canción. Igual a nosotros no nos toca tanto porque no la entendemos o lo vemos mucho más lejano, pero a ellos les va a tocar”, indica.

Sin embargo, B. Ruiz, que ha analizado la relación geopolítica que mantienen los países en el festival de Eurovisión, recuerda que una guerra no tiene por qué garantizar un buen puesto “En 1993 participaron Bosnia y Croacia, que también estaban en guerra, y quedaron bastante mal. Puede pasar o no puede pasar”, apunta.

Aunque sí cree que la candidatura va a jugar una baza a nivel político y servir para poner a Ucrania más en el mapa y “demostrar que su cultura está viva a pesar de que estén siendo invadidos”. “Es una manera de decirles al exterior que su cultura vive y que no la van a poder destruir de ninguna de las maneras”, detalla. Además, B. Ruiz recuerda que —como bien hicieron el año pasado con el tema Shum de Go_A— es un país que opta por mostrar su folclore en las canciones que manda a Eurovisión reivindicando políticamente su identidad.

También lo iba a hacer la inicial candidata del país, Alina Pash, que escribió una canción dedicada a la integridad del país y se retiró después de que la televisión pública le iniciara un expediente por haber visitado Crimea —zona ocupada por Rusia desde 2014—.

“También muestra las aspiraciones de integración europea, que este año también están más vivas que nunca”, recalca. La canción Stefania, que presenta Ucrania

Rusia, descalificada por la UER y con un futuro incierto

La situación de Rusia —país expulsado de Eurovisión este 2022 por la invasión a Ucrania— también da lugar a muchas incógnitas. “La decisión refleja la preocupación que, a la luz de la crisis sin precedentes en Ucrania, la inclusión de un participante ruso en el concurso de este año desacreditaría la competición”, señalaban en su comunicado.

Sin embargo, se desconoce qué ocurrirá en un futuro ya que para Rusia, Eurovisión también era un escaparate de propaganda, tal y como recuerda B. Ruiz. “Rusia ha sabido muy bien cómo utilizar Eurovisión, para muchos países ha sido una herramienta de poder blando o soft power, eso que se habla tanto de la diplomacia cultural”, explica y recuerda que han mandado artistas muy reconocidos tanto en Rusia como en países del este como Sergey Lazarev o Dima Bilan.

“Han sabido utilizar esta herramienta para dar una imagen positiva al exterior. No sé cómo la UER va a arreglar esto, es un lío porque los descalificas este año pero, ¿qué va a pasar en el futuro?”, se cuestiona la especialista. “Esta guerra va a marcar mucho y está cambiando el panorama geopolítico y eso afecta a Eurovisión. La UER tiene ahora un papelón”, añade.

El conflicto entre Ucrania y Rusia ya ha dado lugar a la UER a romperse la cabeza en ocasiones anteriores, aunque nunca a este nivel. En 2017, Ucrania vetó a Yulia Samoylova, cantante que representó ese año a Rusia, y la UER ofreció al país que cantara desde allí y se conectara a la semifinal del certamen celebrado ese año en Kiev. Rusia se negó y volvió a presentar a Samoylova a Lisboa 2018, aunque cayó eliminada en las semifinales.

El voto entre países vecinos: una cuestión de bloques

La geopolítica o la “amistad” entre países es algo que sobrevuela Eurovisión desde hace años. Para B. Ruiz es un “cliché que se repite”, pero que bebe más de los lazos culturales y migratorios de los países. “Sí que es verdad de que se ha llegado a la conclusión de que existe un sesgo cultural y también unas votaciones no tanto entre países como entre bloques de países”, indica.

En este sentido, se han publicado numerosos estudios que analizan los flujos de votos entre países. En 1995 el sociólogo israelí Gad Yair analizó las votaciones en Eurovisión entre 1975 y 1992 e identificó tres grandes áreas basadas en sentimientos e intereses: el Bloque Occidental, el Bloque del Norte y Mediterráneo (donde está incluida España).

Más de 10 años después, en 2006 el genetista británico Derek Gatherer, publicó otro estudio en el que tenía en cuenta a los nuevos países del este tras la URSS, la guerra de los Balcanes y la antigua Yugoslavia. Estos nuevos factores además de otros valores como la tolerancia, las migraciones y las relaciones interculturales entre países crearon otra distribución de bloques.

Entre los nuevos, nació el que denomina como El Imperio Vikingo, y el Bloque Balcánico, el Eje Pirenaico (formado por España y Andorra), el Parcial Benelux y llamado Pacto de Varsovia.

Imagen del estudio de Derek Garether. (Photo: JASSS)
Imagen del estudio de Derek Garether. (Photo: JASSS)

Imagen del estudio de Derek Garether. (Photo: JASSS)

A pesar de esta división, en ambos estudios abren la puerta a lo que llaman ‘islas del gusto’: países que se salen de la dinámica del voto y trazan nuevas alianzas.

“Cada vez se cumple menos eso de que a España la vote Portugal y Andorra”, señala B. Ruiz. “Ha habido países que no están tan influenciados por la cercanía, por ejemplo, Portugal que ganó en 2017 tiene un vecino solo”, indica. “La forma de ver el festival está cambiando también. Siempre va a haber factores históricos, sociales y culturales que influyan porque por proximidad esto va a indicar que votes a un país y no a otro”, añade.

El llamado Big Five —Alemania, Italia, Francia, España y Reino Unido, los que más aportan a la UER— han sido los que más han criticado estos amiguismos, influenciados en muchos casos por sus malos resultados en el certamen en los últimos años. Sin embargo, con la victoria de Italia y el resurgir el pasado año de Francia —que quedó en segundo puesto—, la situación parece haber cambiado.

“Eso es un toque de atención al resto de países del Big Five que han dicho ‘pues parece que esto no es tanto de vecinismos como parecía’ igual es más bien romper estereotipos y decir ‘aquí estamos nosotros’. Recordemos que Italia ganó con una canción de rock”, señala en referencia a Måneskin, que además ha generado todo un fenómeno tras Eurovisión.

“Ahora mismo el Big Five no se puede excusar en vecinismos ni en geopolítica porque se ha demostrado que puedes ganar perfectamente, otra cosa es cómo lo gestione la televisión pública”, señala. La experta recuerda que Italia “lo sabe hacer muy bien” por el Festival de Sanremo, pero a este tren se han subido también España, de la que dice que “ha cambiado el chip” y Reino Unido.

Israel y el constante conflicto internacional

Eurovisión ha servido además de para mostrar las relaciones entre países, para mostrar sus conflictos internacionales. Cabe destacar la edición celebrada en Tel Aviv (Israel) en 2018, tras la victoria de Netta. Allí hubo reivindicaciones a favor de Palestina: una de incógnito en la actuación de Madonna y otra más visible en la green room de la mano de los islandeses Hatari.

La participación del país sigue siendo objeto de debate cada año debido a la guerra abierta con Palestina que mantiene desde hace años. “Con Israel tengo un conflicto porque pasa como con Azerbaiyán, son países conflictivos, pero no son tan mediáticos como otros”, apunta la especialista, quien recuerda que por parte de Israel “también utilizan esa plataforma para dar una imagen positiva al exterior”.

“Mucha gente dice que también para lavar su imagen, esconder lo que ellos tienen y las carencias que tienen, Israel es con Palestina y Azerbaiyán es con Armenia”, explica. “Ha sabido jugar muy bien sus cartas, dar una imagen positiva al exterior a través del festival, pero entiendo que haya gente que se pregunte por qué a Rusia se la descalifica y a Israel no, por ejemplo”, apunta.

B. Ruiz resume que Eurovisión, como cualquier otra competición en la que participen países, “es política” y “conflicto de intereses”, pero recuerda que el origen de Eurovisión de mano de la OTAN todavía está patente hoy en día.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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