¿Cuáles deberían ser las habilidades de los futuros ingenieros?

·5 min de lectura
  <span class="attribution"><a class="link " href="https://www.shutterstock.com/es/image-photo/young-femal-e-engineer-concept-gui-1377112199" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Shutterstock / metamorworks">Shutterstock / metamorworks</a></span>

Las futuras generaciones de profesionales en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (CTIM) necesitan estar preparadas para retos considerables. Por ejemplo, garantizar la salud de una población que envejece y garantizar la seguridad de provisiones energéticas sostenible.

Los métodos de enseñanza de estas áreas están siendo revisados para garantizar un conocimiento de alcance internacional y a la vez ajustable a las características locales. Pero la urgencia de los problemas sociales, económicos y ambientales de cada región hace difícil el enfoque sobre las habilidades más duraderas y efectivas que los recién graduados deben tener.

Afortunadamente, hay una ola emergente de expertos indicando una manera duradera de educar a los ingenieros del futuro.

Navegando el tsunami de información

Es relativamente fácil perderse entre la cantidad de informes o noticias señalando retos de envergadura social y económica que impactan en el medio ambiente y la sostenibilidad de nuestro modo de vida. Unido a esto, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas abarcan una cantidad impresionante de aspectos estrechamente relacionados pero de difícil resolución.

En esta dirección, varios expertos de diferentes disciplinas han logrado alinear tecnologías existentes para mitigar ciertos riesgos. La idea de resolver problemas no se limita a satisfacer las necesidades actuales, sino incluir a las futuras generaciones.

Por ejemplo, la captura de gases que contribuyen al incremento de la temperatura ambiental.

Otro ejemplo es la posibilidad de inyectar medicinas sin causar daño a la piel y mitigando los miedos a las agujas. Reducir el uso de agujas y materiales necesarios para su transporte y uso contribuye a menor contaminación y riesgos ambientales.

En algunos casos, la tecnología necesaria no existe. En otros, aún no están claros los problemas que conllevan, como con el uso de tecnologías embrionarias, como el hidrógeno solar y la electrólisis.

Lógicamente, es necesario mantener y mejorar las habilidades técnicas o de conocimiento científico que ayuden a mantener los logros tecnológicos alcanzados. Y los métodos tradicionales de enseñanza, en las diferentes áreas, han contribuido en gran medida a este fin.

Sin embargo, es casi tanto o más importante llamar la atención sobre lo que se conoce como habilidades “suaves” o “blandas”.

¿Por qué suaves?

La suavidad a la que se refiere el término tiene que ver con el hecho de que no son habilidades técnicas, por ejemplo, de cálculo, escritura, manuales o constructivas. Pero son cruciales en los grandes logros tecnológicos y descubrimientos científicos: hablamos de la habilidad de liderar un equipo multidisciplinar de trabajo, por ejemplo, y del manejo y gestión de proyectos.

Pese al valor de estas habilidades, digamos más bien interpersonales o sociales, no todos los programas de estudios de ingeniería o de las ciencias tienen un enfoque explícito para desarrollarlas durante el período de formación tradicional.

A diferencia de programas de estudios legales o de las ciencias médicas, donde es común entrenar a los estudiantes en el manejo de pacientes o clientes en procesos jurídicos, en las carreras de ingenierías y ciencias es algo secundario, en el mejor de los casos.

Habilidades duraderas

Por esta razón sería útil renombrar estas habilidades como duraderas en lugar de blandas o suaves. En primer lugar, el adjetivo suave no hace mérito al esfuerzo que conlleva adquirirlas. Típicamente es necesario recibir entrenamiento especializado de larga duración, por ejemplo en aspectos de negociación o comunicación verbal o por escrito. Los resultados de adquirir estas habilidades suele verse con el paso de los años, y además se benefician de la supervisión o tutoría de expertos de larga y reconocida trayectoria profesional.

En segundo lugar, son habilidades que duran toda la vida. Mientras que gran parte del conocimiento técnico tiende a volverse obsoleto durante la vida promedio de cualquier profesional (como la habilidad de utilizar calculadoras o programar con tarjetas perforadas), la habilidad de ponernos en el lugar de otros individuos nos acompaña de por vida.

El ingeniero del futuro y de hoy

De entre las habilidades duraderas, hay una en particular que resalta por su marcada relevancia y versatilidad: la empatía.

Existen muchas definiciones de la palabra empatía, según las diferentes subdisciplinas o actividades profesionales. Por ejemplo, es común encontrarla asociada a un adjetivo: empatía cognitiva, afectiva, emocional, de comportamiento, contagiosa y de proyección, por solo nombrar unas cuantas. En el campo de las carreras técnicas y tecnológicas, se habla de STEMPathy.

Por simplicidad, y en el contexto de este artículo, vamos a referirnos a la empatía como la habilidad de entender o predecir con cierta precisión las perspectivas de otros. Estos otros pueden ser personas o grupos de personas. Por ejemplo, en un equipo de trabajo o una asociación de pacientes o clientes de algún producto o servicio.

Partiendo de esta definición, es posible identificar las necesidades o deseos de estos otros para actuar al respecto. La acción, en este caso, se refiere a la que busca resolver el problema de los otros. Esto podría llamarse empatía accionable.

Conviene entonces redefinir lo que pudiera definirse como el ingeniero del siglo XXI:

  1. Es un conector activo entre la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad.

  2. Ajusta sus niveles de conocimiento e ingenio a retos prácticos.

  3. Nunca cesa de aprender y enseñar a otros.

Los profesionales de CTIM que sean capaces de empatizar en situaciones reales o imaginarias podrán entender mejor la magnitud de los problemas que aquejan a los otros.

Esta habilidad contribuye a encontrar y predecir el funcionamiento de soluciones tecnológicas a los problemas que se enfrentan a diario. En particular, un nivel adecuado de empatía ayuda a entender qué necesita modificarse en situaciones problemáticas.

Esta empatía accionable también se puede tener hacia otros seres vivos, sobre todo animales. De igual manera se puede empatizar con las generaciones que todavía están por nacer, garantizando que les dejemos un planeta más sostenible y habitable. Para esto, es necesario educar a ingenieros emprendedores y empáticos.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

David Fernandez Rivas recibe fondos de European Research Council y Dutch Research Council.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente