Cristiano y Zidane le declaran amor eterno a la Champions

Los blancos desarman a un notable PSG (3-1) con dos goles al final. Zidane fue clave con su atrevimiento. Doblete de Ronaldo ante Neymar

OPINIÓN

El Real Madrid pidió a su afición que les llevara en volandas al inicio del partido, y el Santiago Bernabéu se vistió para las grandes ocasiones. Parecía que la Copa y La Liga daban pereza a los de Zidane, pero demostraron que la Champions no. Y es que en un primer cuarto de hora impoluto exhibieron pundonor y personalidad como seguramente no lo habían hecho aún en la presente temporada.  Los de blanco eran leones ante un PSG desarmado en la arena de un coliseo madridista entregado. Lástima que sólo durase cuarto de hora. 

Poco a poco el equipo parisino fue emergiendo de la lona y tomándole temperatura al partido. No a costa de Neymar, por cierto, magníficamente defendido por Nacho. Sino a costa de un empuje global inversamente proporcional al aguante local. Y Cristiano llegó a tener un mano a mano con Areola desviado con la boca milagrosamente. Sin embargo, se olía que el campo iba desnivelándose hacia la portería de Keylor conforme pasaban los minutos y el Real Madrid cedía en la presión, amodorrado. Así, Rabiot lo aprovechó en un rechazo a una jugada aparentemente inofensiva para marcar el 0-1 a la media hora. Llegaba solo desde atrás con los medios merengues marcándole con la vista. 

En un momento, el gran Real Madrid se difuminó por completo. Como le pasó en el Clásico. Ya nada salía en ataque, bajo una pasividad impropia de una cita así. Ya nada salía en defensa, persiguiendo las sombras de un PSG que se hizo gigante. Afortunadamente para los intereses blancos, el colegiado sancionó como penalti una internada de Kroos que Ronaldo materializó desde los once metros justo antes del descanso. Oxígeno a toneladas para un equipo blanco que amagó con evaporarse en la primera parte. Y Cristiano ganándole el duelo individual a un Neymar que amagaba pero no golpeaba.

Tras el descanso, aunque el Real Madrid mejoró muchos enteros, fue el PSG el que de nuevo se hizo con el control del balón. De hecho, se pudo desnivelar la balanza antes del 60 si no llega a ser porque Navas sacó un tiro de Mbappé dentro del área, mientras que Sergio Ramos le sacó otro a Rabiot. Francos para el gol los dos. Un aviso de lo que estaba por venir. Y es que ni la salida de Cavani por un lateral como Meunier, ni la entrada de Gareth Bale hizo que el Real Madrid recuperase el balón. Al contrario, con Emery igualando el 4-4-2 que inventó Zidane sorpresivamente esta noche, los blancos definitivamente perdieron el duelo del físico y del balón.

El técnico madridista, mostrando una sobrada personalidad en un momento muy sensible, intentó darle un nuevo giro de timón: Lucas y Asensio por Casemiro e Isco. Sangre fresca en busca de la victoria, sin que el empate hubiera sido censurable siquiera. Y el Real Madrid tuvo su recompensa a falta de siete minutos para el pitido final en una jugada lanzada precisamente por Bale y Asensio que acabó en las mallas de rebote, favoreciendo a Ronaldo para cerrar su doblete. Ese gol lo metió el atrevimiento y la flor de Zidane, la historia del Real Madrid, y el karma de Cristiano. Porque no lo venía mereciendo seguramente. Y menos aún cuando cuatro minutos después Marcelo marcó también de rebote y también a centro de Asensio. Un 3-1 que es una inyección moral para los blancos en el mejor momento posible, y quizás cuando peor lo estaba pasando. Pero el amor es así. Y todo el mundo sabe que el club blanco y la Champions League tienen un romance eterno. 

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