La crisis roba al colectivo LGTB uno de sus pocos "lugares seguros" en Líbano

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Beirut, 15 nov (EFE).- Las suaves luces y los platos asiáticos característicos de Bardo han sido sustituidos por el silencio y el vacío después de que la crisis económica obligase a cerrar este bar-restaurante beirutí, uno de los tres "espacios seguros" para la comunidad LGTB en un país todavía hostil hacia ella.

Bardo cerró sus puertas hace dos semanas, cerca de 15 años después de que Mazen Khaled decidiese renovar un espacio entonces medio abandonado que en la década de los 40 ya había servido de "lugar seguro" para una pareja de judíos huidos del yugo nazi.

"Quisimos abrir un sitio en el que nos sintiésemos cómodos y todo el mundo se sintiese cómodo, un lugar para todo el mundo y abierto a todo el mundo porque en aquel momento algunos sitios en Beirut restringían la entrada", dice a Efe Khaled, uno de los dueños del establecimiento.

Con el tiempo, la comunidad LGTB "empezó a amar más y más" el local debido a su "política de puertas abiertas", si bien el propietario insiste en que Bardo era sin distinción un "espacio seguro para todo el mundo".

Lucharon por mantenerlo abierto pese a que no producía beneficios y a que los continuos apagones de los últimos meses habían obligado a cerrar la cocina, pero finalmente tuvieron que "abandonar" tras una subida repentina del alquiler y la demanda de pagarlo en dólares, relata.

SEGURIDAD Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Ya solo hay dos "espacios seguros" para la comunidad LGTB en la capital libanesa y uno de ellos, cuyo nombre queda en el anonimato para ayudar a preservarlo, fue destruido por la trágica explosión de agosto de 2020 y obligado a reabrir en una nueva ubicación.

Una de sus dueñas explica a Efe que "todo el mundo" es bienvenido y libre de "hacer lo que le apetezca" sin miedo a ser juzgado por "sus creencias, religión, género o sexualidad", lo que hace del local el ambiente perfecto para las actuaciones de "drag queens" que suele acoger, un "arte" para todos los públicos.

Para la "drag queen" Latiza Bombé ("Trasero Redondo", en árabe y francés), "ser 'queer' en Oriente Medio nunca ha sido fácil" y, aunque el Líbano es considerado uno de los países de la región más abiertos en este sentido, el colectivo goza de "algo de libertad" pero carece de "derechos".

Además, el artículo 534 del Código Penal, que penaliza a grandes rasgos las "relaciones sexuales contra natura", es a menudo utilizado para castigar la homosexualidad en el país, si bien en la última década varios tribunales han rechazado aplicar la norma en casos relacionados con la comunidad LGTB.

"Siempre tienes que tener un ojo en todo cuando estás fuera de esos espacios seguros que te proporcionan seguridad, en los que puedes ser tú mismo y expresar quién eres", afirma a Efe Bombé, al calificar de "terrible" el cierre de Bardo.

LOS TENTÁCULOS DE LA CRISIS

La situación económica ha dejado a la joven con un escenario menos en el que desarrollar su pasión, pero también ha hecho mella en otros aspectos de una profesión que complementa con la gerencia de una cafetería, donde cobra en libras libanesas.

"Compro todo por internet o le pido a un amigo que me lo envíe desde fuera, lo que pago en dólares porque aquí en el Líbano no puedo encontrar nada profesional de 'drag': pelucas, lentillas, pestañas, corsés, básicamente todo", detalla.

Desde que en 2019 estalló la crisis en el Líbano, una de las peores a nivel mundial en la historia reciente, la moneda local ha perdido alrededor del 90 % de su valor, la mayor parte de la población vive en la pobreza, y escasean las medicinas, la electricidad o el combustible.

UN PAÍS HOSTIL

Desde el inicio de la crisis, la violencia contra la comunidad ha aumentado significativamente, sobre todo contra "mujeres trans" que son atacadas en las calles con más facilidad por la falta de luz, revela a Efe Dayna Ash, directora de Refugio para Artistas, una ONG feminista y artística.

Latiza Bombé sabe que en el país árabe no se puede andar en público vestido de "drag queen", por lo que "siempre" sale de casa acompañada de amigos y con su cara pintada cubierta con una chaqueta, un sombrero, una mascarilla y unas gafas.

No hace mucho, un hombre entró en su domicilio por la fuerza enfurecido por la bandera arcoíris que tenía colgada en el balcón: "Va a ocurrir una masacre si no la quitas", le amenazó, según su relato.

Y el colectivo tiene ya un espacio menos en el que resguardarse de este tipo de ataques: "Ahora son recuerdos, el sitio está cerrado y es súper triste, no puedo expresarlo", concluye Bombé.

Ana Maria Guzelian y Noemí Jabois

(c) Agencia EFE

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