La crisis climática sale del ascensor

-Varias personas pasean bajo la lluvia. EFE/ David Arquimbau Sintes/Archivo

Madrid, 26 nov (EFE).- Llevamos tanto tiempo a vueltas con el "cambio climático" que esta expresión es lluvia fina sobre los oídos, resbala sin calar conciencias, hace reguero en el suelo y se pierde entre alcantarillas. Por eso, cada vez son más las voces entre la comunidad científica que abogan por enarbolar la expresión "crisis climática".

¿No es llamativo? El tiempo —bueno o malo, sofocante o lluvioso— siempre ha sido una de las conversaciones de ascensor por excelencia. Uno se ve encerrado en un recinto pequeño junto a otra persona y se siente incómodo en silencio. Si el trayecto se comparte con un desconocido, quizá baste con desviar la mirada o consultar el móvil; pero, si coincidimos con vecinos o compañeros de oficina, sentiremos la necesidad de cruzar unas mínimas palabras de urbanidad

Resulta, no obstante, que hablar del tiempo es una de las conversaciones más importantes que debemos mantener. Ya no basta (si es que alguna vez bastó) con intercambiar cortesías entre cuatro paredes mientras se suben o bajan cuatro pisos. Hay que sacar el tema de ese espacio estrecho y debatirlo en comunidades de vecinos y comunidades autónomas, en parlamentos nacionales y cumbres internacionales.

El primer paso es llamar a las cosas por su nombre: "crisis climática" describe con mayor precisión que "cambio climático" la gravedad de la situación. De hecho, no faltan quienes defienden que sería recomendable optar incluso por "emergencia climática", giro con el que piden que se reconozca que estamos ante la mayor amenaza a la que se ha enfrentado la humanidad.

Si la expresión "crisis climática" diagnostica el mal con la debida crudeza, "emergencia climática" reclama además actuar al respecto.

Las palabras, empleadas con precisión, son faroles que horadan la oscuridad, encienden los caminos. Así, para indicar que el crecimiento económico no puede seguir produciéndose a costa de explotar los recursos naturales, se habla de que hay que "ecologizar" el modelo de desarrollo, neologismo bien creado con el sentido de ‘hacer ecológico’.

En concreto, cabe mencionar el conocido como "pago verde" (mejor que el "greening" inglés), cuya denominación extendida es "pago para prácticas beneficiosas para el clima y el medio ambiente". Se trata, resumidamente, de las ayudas europeas que reciben agricultores y ganaderos para hacer más sostenibles ambientalmente sus explotaciones.

Otro término de nuevo cuño es "littering", traducible como "basureo" o "basurear". Estas voces aluden respectivamente al hábito y la acción de abandonar residuos en lugares públicos. De lo contrario, si seguimos con tales prácticas, los ecosistemas se verán alterados por un exceso de "basuraleza", acrónimo formado a partir de "basura" y "naturaleza".

Desde el punto de vista ortográfico, conviene tener presente que, si en vez de "residuo" escribimos "desecho", este sustantivo se escribe sin hache en la segunda sílaba, pues en este contexto "deshecho" contamina la salud visual. Pero más importante que el hecho en sí de que desaparezca la hache es que desaparezcan los residuos que no pueden reciclarse. A tal fin, ya gana terreno una filosofía del "residuo cero", mejor que del "zero waste" .

Contra la obsolescencia programada, surge la idea de la "alargascencia", concepto con el que se hace referencia a las iniciativas destinadas a evitar, mediante una red de reparaciones o trueques, que los productos queden obsoletos o inservibles, y reducir de este modo el consumo de recursos naturales.

Por su parte, sabedoras de la creciente preocupación que despierta la crisis climática, muchas empresas se suman a esta clase de iniciativas. Cualquier cambio en este sentido será de agradecer, siempre y cuando las nuevas políticas empresariales no sean en el fondo mera fachada.

¿Quién no se indignaría si descubriese que lo que se presenta como conciencia medioambiental es lo que en inglés se llama "greenwashing"? Y, ya que estamos, ¿por qué utilizar "greenwashing" cuando podemos hablar de "ecoimpostura", "lavado de imagen verde" o "ecopostureo"?

Emplear el anglicismo no solo es menos transparente, sino que quita contundencia. El redactor que elige "greenwashing" pensando que es más prestigioso hacer gala de angliparla edulcora la información. En la lengua, como en el cielo contaminado, cualquier oscurecimiento agrava.

David Gallego (Fundéu BBVA)