Niñas de Alcàsser: la grabación que desmontaría la versión alternativa del crimen

Las niñas de Alcàsser
Las niñas de Alcàsser

Las niñas de Alcàsser

Treinta años de dolor, sangre y muchos interrogantes. La noche del 13 de noviembre de 1992 Miriam, Toñi y Dessiré, tres amigas de 14 y 15 años originales del pueblo de Alcàsser (Valencia) se dirigían a una discoteca de Picassent. De camino al local, las tres chicas decidieron hacer autostop. Un coche paró y recogió a las jóvenes, que nunca más volvieron a ser vistas.

Tres décadas después, el morbo y las conspiraciones en torno al fatal destino de las chicas ha seguido alimentando horas de programas de televisión. Recientemente, Netflix publicó un documental que recomponía la historia de aquel suceso y hablaba con algunos de sus protagonistas.

El coche que paró frente a las niñas aquella noche, un Opel Corsa blanco, iba con cuatro ocupantes en su interior entre los que estaban Antonio Anglés, autor principal de los hechos, y Miguel Ricart, la única persona que ha cumplido condena. Tres meses después, los cuerpos de las niñas fueron encontradas en mitad de un campo.

La Justicia dictaminó que tanto Antonio como Miguel violaron, torturaron y asesinaron a las chicas para después enterrarlas cerca de la cabaña en la que habían tenido lugar los hechos.

Pese a las pruebas encontradas, surgieron muchas teorías y especulaciones sobre el desenlace real de las tres niñas. A través de programas como los de Nieves Herrero o Pepe Navarro se especuló con la posibilidad de que detrás de este crimen hubiera una organización formada por reputados personajes de la sociedad española que secuestraban y torturaban a chicas jóvenes por el mero placer del sufrimiento. Personas de gran relevancia que pagarían grandes fortunas para grabar dicho terror y mantener su actividad en silencio.

Dinero a cambio de la prueba fundamental

Juan Ignacio Blanco, en una de sus apariciones televisivas
Juan Ignacio Blanco, en una de sus apariciones televisivas

Juan Ignacio Blanco, en una de sus apariciones televisivas

Juan Ignacio Blanco fue el gran propagandista de la conspiración. El periodista y criminólogo inició su carrera en el ámbito de los sucesos y la crónica negra en el semanario ‘El Caso’, del que llegaría a ser redactor jefe y director. En los noventa participó en diferentes programas de televisión sobre el caso de Alcàsser y publicó el libro ‘¿Qué pasó en Alcácer? Todas las claves de un triple asesinato que conmovió España’, una especie de sumario de 500 páginas que recogía la investigación paralela que llevó a cabo junto al padre de una de las niñas. El volumen incluía fotografías de las autopsias realizadas a las niñas, lo que llevó a una denuncia de la madre de una de ellas, Desirée, y a que un juez ordenara la posterior retirada del libro del circuito comercial en 1998.

Blanco sostenía su tesis en la supuesta custodia de una cinta de vídeo donde se veía a dos de las niñas siendo torturadas en unas camillas. Un VHS que, al parecer, entregó al ministro del Interior. El criminólogo sostenía la existencia de una red de criminales que pagaban elevadas cantidades de dinero por asesinar a personas y grabarlo todo o quedarse algún trozo del cuerpo como recuerdo. Toda una trama en la que acusaba directamente de estar detrás a políticos y empresarios de gran poder.

Pese a las presiones, Blanco nunca hizo entrega de ese vídeo y todos los testimonios apuntaban a que era un farol para sustentar una gran mentira. El productor Ramón Campos, artífice del documental de Netflix sobre el caso, llegó incluso a ofrecer 60.000 euros a Blanco por mostrarle dicha cinta de vídeo. En una conversación entre ambos a la que ha tenido acceso El Confidencial, el productor Campos le pide que dé un golpe en la mesa. “Tú no hace falta que salgas, pero que yo pueda ver esa cinta y decir a cámara: Es verdad, Juan Ignacio Blanco tiene una snuff movie con Desirée, Miriam y Toñi con gente famosa. Yo necesito eso, o no puedo justificar a Netflix pagarte 50.000 euros. Ni siquiera te pido mostrarla al público”, le dice. Blanco parece acceder, aunque va soltando evasivas a lo largo de la conversación. “Cinta hay, eso no lo dudes”, le llega a decir.

Ambos quedan en hacer efectivo el acuerdo, pero Blanco jamás le muestra la supuesta grabación. El documental se acabó estrenando y el criminólogo fallecía pocos días después de su publicación.





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