Crear lectores y a la vez explicar los clásicos, el gran reto en las aulas

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Joven leyendo con el móvil en la mano. (Photo: PRUDENCIOALVAREZ via Getty Images/iStockphoto)
Joven leyendo con el móvil en la mano. (Photo: PRUDENCIOALVAREZ via Getty Images/iStockphoto)

Joven leyendo con el móvil en la mano. (Photo: PRUDENCIOALVAREZ via Getty Images/iStockphoto)

Seguro que en más de una ocasión has escuchado eso de que las lecturas obligatorias en los institutos y colegios quitan las ganas de leer a los alumnos y los jóvenes en un futuro. Con esta frase, repetida generación tras generación desde hace más de dos décadas, viene asociada la imagen de El Quijote, la universal obra de Miguel de Cervantes, La Celestina o algún que otro libro clásico como La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín.

Tanto el estudio de estas obras cumbres de la literatura en castellano como el hacer de esos estudiantes futuros lectores con pensamiento crítico son labores de los docentes de Lengua, una ardua tarea que se ve continuamente cuestionada.

La realidad de las aulas poco tiene que ver con libros de más de 500 páginas escritos en castellano antiguo. Las aulas apuestan cada vez más por la literatura juvenil —que abarca mucho más que las colecciones de Barco de Vapor—. ¿El motivo? No es otro que ese interés por la lectura del que tanto se ha acusado de extinguir a los profesores.

“Lo que los departamentos de Lengua suelen buscar siempre, desde mi experiencia, es el que los niños lean”, sintetiza el profesor de Lengua y Literatura y tuitero @Otrosvendran. Para él, eso implica intrínsecamente “buscar libros que les gusten”.

“Incluso este año, por ejemplo, tenemos en el instituto —además de las lecturas obligatorias comunes— una lista de libros y el jefe de departamento me ha dejado que para su lectura voluntaria individual, cada uno elija su libro favorito más allá de esa lista”, indica.

En esto coincide también la docente Rosa Linares, quien diferencia dos itinerarios distintos, la lectura de las obras clásicas dentro del currículo escolar y las del fomento de la lectura.

Hay que diferenciar entre lectura guiada de obras clásicas, con las que además de ir conformando un mapa de referentes literarios ayudamos a chicas y chicos a ir haciendo interpretaciones cada vez más elaboradas de los textos, y la lectura autónoma, la libre, la que hacen los adolescentes por su cuenta, que debe plantearse en función de sus gustos e intereses”, indica la profesora.

No todos los clásicos son iguales

La selección de obras literarias clásicas, excepto en segundo de bachillerato, donde el criterio de los coordinadores de selectividad de cada comunidad autónoma rige los libros que pueden analizar en la prueba de acceso a la Universidad, recae también en el profesor.

Todo siempre acorde al periodo temporal que abarca cada curso. Por ejemplo, en la Comunidad de Madrid el estudio de obras literarias se inicia en 3º de ESO con el periodo de la Edad Media al Barroco, le sigue desde la Ilustración a la Edad Moderna en 4º de la ESO y en Bachillerato se divide en 1º desde la Edad Media hasta el Siglo XIX y en 2º desde el Modernismo hasta el siglo XX.

“Hay libros que son ineludibles. Por ejemplo, La casa de Bernarda Alba, creo que se lee en todas partes”, señala el tuitero @Otrosvendran con respecto a las obras de Bachillerato. “El Quijote, yo solamente he visto en un colegio concertado donde estuve, que se les obligaba a leer una selección adaptada. Yo no he conocido sitios, ni de oídas hablando con compañeros donde se les diera porque no lo entienden. Es un mito”, explica. “Es como la famosa lista de los reyes godos. Vivo con mi tía abuela de 89 años y ni siquiera ella estudió la lista”, apunta.

Apuntes de 'El Quijote' de un estudiante. (Photo: miguelangelortega via Getty Images)
Apuntes de 'El Quijote' de un estudiante. (Photo: miguelangelortega via Getty Images)

Apuntes de 'El Quijote' de un estudiante. (Photo: miguelangelortega via Getty Images)

A la hora de tomar una obra clásica en las aulas, tampoco se lee de forma autónoma y sin una explicación que les ayude e incluso les anime a seguirla. Tal y como cuenta el profesor Jorge Sánchez, “se trabaja mucho con fragmentos”. “Lo que se intenta no es tanto que lean clásicos, porque el fomento de la lectura va por otro lado, sino que la lectura sea más cercana a ellos, tender puentes, rescatar temas de esa gente que ya hace tantos años y presentarlo como actual”, explica. “De vez en cuando de ese trabajo salen alumnos que sí, que cruzan ese puente que has entendido, te piden leerla”, detalla.

Para Sánchez, hace años que se produjo ese cambio de paradigma que cambia esa creencia de leer libros sin adaptar en castellano antiguo y sin una guía. Sin embargo, apunta a que hay otras que sí se leen sin necesitar adaptación. “Un clásico que funciona siempre es El Lazarillo de Tormes todos los años. O Marianela de Benito Pérez Galdós, son libros cortos, fáciles de leer y a los alumnos les encanta. Depende del clásico también”, señala. Aunque indica que Bachillerato hay mucho menos margen, especialmente con selectividad. “En primero de bachillerato un poco más, pero en segundo cero, tal como está planteado, no hay flexibilidad para este tipo de cosas”, indica.

En estas lecturas coincide con @Otrosvendran, que añade El Conde Lucanor. “Una niña me pidió el libro en castellano modernizado porque le gustó mucho, al final son cuentos”, apunta. “Mi impresión general es que se exagera mucho el tema de los clásicos en la escuela. Es verdad que antes sí era así, pero que pertenece más a profesores de antaño”, concluye.

Mi impresión general es que se exagera mucho el tema de los clásicos en la escuela@Otrosvendran, tuitero y profesor

Linares deja claro que los clásicos deben ser una lectura obligada, pero siempre guiada y adaptada por el docente. “La escuela cumple el hermoso objetivo de transmitir una buena representación del patrimonio literario, pero la selección de textos clásicos que se haga debe contemplar una mínima adecuación o adaptación al horizonte lector de los adolescentes”, apunta. “Para neutralizar la posible distancia o dificultad de los textos clásicos debe asegurarse que su lectura se haga de manera acompañada y compartida en el aula”, señala.

Nando López, escritor de novela juvenil y editor de la colección de adaptaciones clásicas de Loqueleo Santillana, tiene claro que el profesorado pasa a ser “mediador de lectura”. “No hay que olvidar que muchas veces las aulas son la única puerta de entrada a esos clásicos para mucha gente y tenemos que darles las herramientas para que puedan disfrutar de Lorca, Virginia Woolf o las hermanas Brontë”, indica. Además reivindica abrir las miras fuera de España.

“Los clásicos están más allá de nuestras fronteras. Mirar a las clásicas, a las autoras. Hay también que revisar el canon. Creo que todo eso, sinceramente, se está intentando hacer y se está entendiendo que lo que no podemos es presentar los clásicos sin ese acompañamiento, porque entonces se vuelven disuasorios”, explica.

La adaptación no es la única forma de atraer a los adolescentes a los clásicos, para el escritor también lo es recrear ese mundo en otras novelas como hace en sus libros Reinventando a Lope o Desengaños amorosos. “Les genera mucho interés porque cuentan cómo era la vida de la gente de esa época desde la mirada contemporánea y, por ejemplo, en Reinventando a Lope, que se habla de una relación entre dos mujeres: Ana Caro y María de Zayas, les llama mucho la atención esa mirada hacia los clásicos y esa vigencia”, explica.

La salida de la cronología una posible solución

Otro punto que se tiene en cuenta para referirse a que los clásicos pueden disuadir de la lectura a los jóvenes es que cuando se empieza a leer libros en Lengua y Literatura es con 15 años en 3º de la ESO y se empieza con una época que es la más complicada para ellos, la Edad Media.

Para Sánchez, en los currículums estos temas son “muy densos”. “La literatura medieval que puede encajar muy bien o con su manera de ver el mundo, que es bastante divertida, porque es supermamarracha”, bromea. “Se podrían hacer cosas guays, yo las hago cumpliendo lo que tengo que cumplir, pero metiendo algo más. También se les hace más bola el teatro barroco, al ser en verso no deja de ser un poco poesía”, explica.

López apunta a que el borrador de la LOMLOE rompe con esta temporalidad y podría ayudar con nuevos itinerarios que faciliten la lectura más centrado en los propios géneros o la temática de los textos. “En esta ley se favorece lo que llaman itinerarios lectores. Es decir, que a partir de ahora se crea un itinerario de lectura a partir de tema y no hacer un estudio de la literatura siempre cronológico. Lo que no podemos pretender es que en tercero de la ESO que tienen apenas 14 años, les interese la literatura medieval. A lo mejor eso es una de las formas de no disuadir de la lectura”, señala.

A partir de ahora se crea un itinerario de lectura a partir de tema y no hacer un estudio de la literatura siempre cronológicoNando López, escritor de literatura juvenil

“Hay tener en cuenta las competencias básicas para que disfruten de esos libros: la competencia léxica, que entiendan lo que leen, la competencia vivencial, es decir, que sean libros que hablen de temas cercanos en cuanto a su experiencia vital, y la competencia cultural, que les demos los recursos para que entiendan el contexto, sino no, no lo pueden explotar”, señala

El tuitero y profesor de secundaria @Otrosvendran cree que empezar por lo contemporáneo podría atraerles más para “darles una visión de lo actual y luego ya, abriría el melón de la antigüedad”. Por ello, intenta en sus clases incluir obras más modernas como este año en 3º de la ESO donde ha elegido Todos los fuegos el fuego de Julio Cortázar.

“Hasta el Romanticismo prima la imitatio, osea reproducir lo que han hecho los maestros antiguos de una forma renovada”, explica. “A los niños eso les desconcierta porque estamos en un mundo donde la innovación es lo que triunfa. Cuando vienen los poetas del Barroco o del Renacimiento, repitiendo lo mismo una y otra vez, les parece bastante desconcertante, aparte de que operan siempre en torno a tópicos, en torno a lugares que ellos daban por conocidos”, apunta y recuerda que se les tiene que explicar tópicos como los de la belleza física de la época de los cancioneros.

La literatura juvenil: para enganchar y también para crear referentes

Fuera del itinerario y de las obras del periodo histórico a estudiar, la literatura juvenil gana por goleada en la presencia en las aulas. Los profesores, lejos de lo que se pensaba en otra época, la apoyan porque saben que es un reclamo para incentivar la lectura. Desde los relatos de Carlos Ruiz Zafón, que fueron recomendados en institutos de toda España, a Laura Gallego o el propio Nando López, todos ellos copan la lista de recomendaciones y lecturas de los cursos de la ESO.

“Los docentes con los que yo he trabajado y con los que he hablado también, en general, no suelen poner clásicos para lecturas. Buscan que los alumnos lean, entonces se tira mucho de literatura juvenil. Hay autores especialmente recomendables. Alfredo Gómez Cerdá, se trabaja bastante con él porque tiene mucho éxito y funciona. Trata bastantes problemas de acoso con las redes y demás. Laura Gallego, también”, explica el tuitero.

Basta ver los géneros que más le gustan a los alumnos, según un estudio de la Universidad de Extremadura. Entre los alumnos de secundaria, los favoritos son los de aventuras (62%), misterio (40%) y fantasía (34%) y los que menos gustan la poesía (41%) e histórica (29%).

La literatura medieval que puede encajar muy bien o con su manera de ver el mundo, que es bastante divertida, porque es supermamarrachaJorge Sánchez, profesor de Lengua y Literatura

Nando López, que cuenta con más de un centenar de encuentros con alumnos sobre sus libros al año, asegura que recibe numerosos mensajes de agradecimiento por parte de alumnos y que cada vez se propone más un formato dialógico y de charla en lugar de una lectura individual.

“En esa literatura juvenil actual que llega a las aulas también le estamos ofreciendo referentes en los que mirarse, desde los que construirse. Eso es algo que abordo especialmente con el colectivo LGTBI y que agradecen mucho. Si nos encontramos en los libros, pues de alguna manera nos aprendemos a querer antes o un poquito mejor”, indica.

A pesar de hechos como la retirada el pasado octubre de libros feministas y LGTBI de la biblioteca de un instituto de Castellón, López asegura que los profesores están haciendo una labor de resistencia. “No te imaginas la cantidad de docentes que me están diciendo qué bien El río de las primeras veces[su próxima novela que verá la luz el 11 de mayo], porque quiero recomendarlo a mi alumnado, para hablar de amor entre mujeres desde una perspectiva juvenil y con una cierta profundidad emocional”, señala.

Sin embargo, Sánchez sí que se ha encontrado con ciertos miedos a represalias por algunas familias. “La verdad es que no me he encontrado una censura tan abierta. Pero es verdad que debates que estaban cerrados se han vuelto a abrir. Sobre todo por parte de las familias, que las hay de todo tipo. Entonces pensamos, ‘buah ponemos este libro nos van a montar la de Dios en el AMPA’ porque habla de eso”, señala, aunque admite que al final siguen con su programación.

Para López, los prejuicios que había con este género se han derribado con los años y con la formación de docentes que han leído literatura juvenil. “Lo único que no quieren son libros con moralina y que no les cuenten una buena historia. Lo que necesitan son libros que les traten como personas adultas y que les permitan tomar su punto de vista”, explica. “Estamos entendiendo que no es un género, sino que es un ámbito de edades, porque en la literatura juvenil conviven comedia, drama, fantasía, aventura, etc”, detalla.

Contra el mito: los jóvenes sí son lectores

Un dato desmonta toda la retórica creada alrededor de que los jóvenes no leen. Son el tramo lector más alto del Barómetro de Lectura del Ministerio de Cultura de 2021, con un 79,5% de lectores de un libro en el último trimestre entre los 14 y los 24 años.

Aunque para @Otrosvendran el dato de lectura entre jóvenes está muy influenciado por el centro al que acudan y, especialmente, por la clase social, al menos en Madrid, donde ejerce su profesión. “Vinculo mucho la lectura con la clase social y sobre todo con las familias. Lo que veo es que los niños que más leen son aquellos que tienen familias más cultivadas”, explica. “Entonces no es la escuela la que habitualmente da la lectura, y esto sí que creo que está comprobado. Son las familias las que proveen para que el niño lea”, enfatiza.

Apunta a que “no toda la clase alta lee”, pero sí que “lee más”. “En la escuela se hace lo que se puede, los niños lectores son muy lectores y ahí siguen”, detalla.

Hay una correlación indiscutible entre desarrollar el amor por la literatura y haber crecido en un ambiente donde la lectura se tiene en cuentaRosa Linares, profesora de Lengua y Literatura

López piensa que “las cifras de lectura entre adolescentes son elevadísimas”. “Recibo en mis redes sociales muchísimos mensajes de adolescentes. Son jóvenes que leen mis libros y que después quieren comentar, hablar, aportar y pasa algo muy bonito: la necesidad que tienen de referentes a través de la literatura”, explica.

Para él, concretamente en el ámbito de la literatura juvenil, leída por estos adolescentes, está viviendo un momento clave. “Está en un momento muy pujante, con muchas voces, muchas autoras, muchos autores, muchas tendencias y hay una riqueza que sí que se está aprovechando”, indica.

Linares cree que la lucha por instruir el hábito de la lectura sí debe pasar por las aulas y acompañado de los profesores. “Hay una correlación indiscutible entre desarrollar el amor por la literatura y haber crecido en un ambiente donde la lectura se tiene en cuenta”, detalla y apunta a que la escuela debe hacer un esfuerzo por acercarla a estos alumnos que no podrían llegar de otra forma. “No son tiempos de abandonar a su suerte la inercia de desafección lectora generada por el desembarco del mundo digital o de reducirlo a una cuestión de preferencia personal″, sentencia.

Métodos de diálogo y participación para los jóvenes, temáticas y libros adaptados a su edad e intereses y un acompañamiento por parte del profesorado demuestran que no todo es Netflix y Twitch en las manos de los jóvenes y que desde luego el refrán “la letra con sangre entra” ya es cosa del pasado.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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