Crean una nueva técnica para proteger a los elefantes de cazadores furtivos

Un elefante mostrando el collar equipado con el sensor de ondas de choque WIPER. Crédito: Save the Elephants
Un elefante mostrando el collar equipado con el sensor de ondas de choque WIPER. Crédito: Save the Elephants

Algo hay que hacer con la caza furtiva si queremos que el elefante africano pueda sobrevivir. Para hacernos una idea de la dimensión del problema, se calcula que 100.000 miembros de esta icónica especie murieron a manos de furtivos en solo dos años, entre 2010 y 2012. Y por desgracia, el principal motivo para esta práctica se ha reforzado, ya que el precio del marfil se ha incrementado.

Decirlo es muy fácil, pero dar con nuevas técnicas que permitan luchar contra la caza furtiva no es nada sencillo. Quienes llevan a cabo esta actividad no son tontos, y saben cómo esconderse. Por eso la idea que se presenta en una publicación reciente resulta tan interesante.

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Porque sí, los furtivos pueden esconderse. Pueden incluso camuflar sus disparos empleando silenciadores y elementos parecidos. Lo que no pueden evitar es que los disparos generen una onda de choque. Las balas desplazan aire al moverse, y al hacerlo a tanta velocidad este desplazamiento genera ondas acústicas.

El problema es que no son audibles, o al menos no como para alertar a los guardas de los parques y reservas. Pero sí lo suficiente como para que sean captadas por sensores especializados.

Claro, que la idea tampoco es plantar estos receptores por todo el ecosistema. Lo que han logrado los investigadores es acoplar estos receptores de ondas de choque a los collares de seguimiento que se le pone a los elefantes para conocer su posición. Y esta es la parte interesante de la tecnología: como los collares llevan GPS, al detectar un disparo envían a los servicios de protección la localización exacta del individuo que ha sufrido el disparo, con lo que se puede localizar a los furtivos.

La primera pregunta que mucha gente se hará es “¿y de qué sirve?”. Porque, a fin de cuentas, el elefante ya ha sufrido el disparo. Y si el cazador es suficientemente bueno, habrá hecho blanco y tal vez matado al animal.

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Bien, pues sirve para poder localizar a los furtivos. Después de acabar con un elefante, los furtivos necesitan bastante tiempo para recolectar el marfil, lo que permite a las autoridades arrestarlos. Y las penas que se imponen por caza furtiva en muchos países africanos son suficientemente severas como para que la simple posibilidad asuste a los cazadores ilegales.

Otra duda sería la viabilidad de esta técnica. Porque, seamos sinceros, no es barata. Tal vez no la más cara, o incluso más barata que no hacer nada, pero tanto los collares como los sensores de ondas de choque tienen un coste.

Cierto, pero también una ventaja. Y es que los sensores no cubren únicamente al animal que lo lleva. Tienen un radio aproximado de 50 metros, lo que permite que con unos pocos se proteja a toda una manada. Y visto así, los costes se abaratan sensiblemente.

Probablemente esta no sea la tecnología definitiva para acabar con la caza furtiva de especies icónicas. Pero al menos, es un paso en esa dirección y servirá para, durante un tiempo, limitar el daño que los traficantes de especies en peligro suponen.

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