Crean un test para detectar si has tenido coronavirus aunque ya lo hayas superado o no tuvieras síntomas

Para luchar contra la presente pandemia de COVID-19, necesitamos información sobre la epidemiología. Pero necesitamos información completa y fiable, y necesitamos un método para obtenerla. Que es lo que parece que se ha conseguido en un centro norteamericano, lo que supone una gran noticia.

Más adelante trataré de explicar cómo funciona el método – lo mejor es leer el preprint o esta pieza de la revista Science, que es en la que yo me he enterado. Pero yendo a lo esencial, tiene una ventaja fundamental respecto a los tests que ya existen: permite saber no sólo quién tiene la enfermedad, si no quién la ha pasado ya y quién todavía no.

Los tests diagnósticos que se están empleando buscan restos del genoma del virus – secuencias del ARN que conforma el genoma del SARS-CoV-2 – para determinar si una persona en concreto tiene, en ese momento, la infección. El método que han propuesto se basa en otro enfoque: buscar anticuerpos contra el virus en la sangre.

Vamos a intentar explicar el método. Los investigadores han conseguido aislar una versión de la proteína que permite al coronavirus entrar en las células – la versión no es igual que la del virus, porque han necesitado modificarla para que sea más estable en laboratorio. Utilizando esta proteína, han puesto en marcha una prueba ELISA que permite saber si hay o no anticuerpos contra el coronavirus.

Explicar en detalle la técnica ELISA queda fuera de mis capacidades. Para entendernos, el funcionamiento sigue más o menos esta lógica: se prepara la prueba con un antígeno – una pieza reconocida como de un agente externo, en este caso la proteína del coronavirus – y se mezcla con la muestra, la sangre de la persona que se analiza buscando anticuerpos. Y se añade un tercer reactivo, que reconoce al anticuerpo y cambia de color cuando está presente.

Pero además, como el antígeno está unido a una superficie – a diferencia de otras pruebas – permite realizar una cuantificación: dependiendo del tono que coja la muestra, sabremos si hay más o menos anticuerpo. Cuantificación que no se hace “a ojo”, si no mediante espectrofotometría.

Un Ejemplo de un test ELISA Imagen del Dominio Público

El equipo de investigación que ha desarrollado esta prueba lo ha “liberado” para que cualquier laboratorio pueda replicarlo. Dan la receta precisa para generarlo, y solicitan que los datos se compartan igual que lo hacen ellos, para mejorar la capacidad diagnóstica del test.

Y es que este test tendría muchas ventajas. Para empezar, y si queremos ser realistas, hasta que no tengamos datos fiables sobre cuántas personas han pasado el contagio por coronavirus no vamos a poder salir de casa. Si queremos controlar la pandemia y #FrenarLaCurva, hace falta tener datos de contagios y de recuperados.

También permite algo fundamental para los modelos epidemiológicos: ir estudiando la inmunidad a largo plazo. De momento no tenemos claro si se genera inmunidad – los datos permiten sospecharlo, pero como con todo lo que tenga que ver con el COVID, no está confirmado – y necesitamos saber si, en el largo plazo, la inmunidad se mantiene o si pasado un cierto tiempo podríamos volver a infectarnos.

Y si por si todo esto fuese poco, el test ya ha servido para responder – parcialmente, a la espera de confirmaciones y más estudios, teniendo presente que es un preprint – una respuesta científica de gran calado: parece que el coronavirus no genera potenciación dependiente de anticuerpoAnti-Body Dependent Enhancement o ADE en inglés.

Que es importante, porque es una reacción bastante violenta que sufre nuestro organismo al enfrentarnos a un virus, si ya tenemos anticuerpos contra otro similar. Es lo que ocurre con el Dengue, y era lo que se pensaba que ocurría con el coronavirus de la actual pandemia y la razón por la que la gente de más edad sufría casos más graves.

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