Muere segundo paciente de ébola en Goma, en RD Congo, y detectan un tercer caso

Por Albert KAMBALE con Marthe BOSUANDOLE en Kinshasa
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Un trabajador sanitario le toma la temperatura a un joven en Goma, en el este de República Democrática del Congo, el 31 de julio de 2019

El segundo paciente con ébola en Goma, gran ciudad del este de República Democrática del Congo, murió y un tercer paciente fue diagnosticado con el virus el miércoles, causando preocupación entre la población en la región en la víspera del primer aniversario de la declaración de la epidemia.

Además, en la vecina provincia de Kivu del Sur, 15 personas fueron puestas en cuarentena en una localidad en la ribera del lago Kivu. Por primera vez se registran casos sospechosos de ébola en esta provincia.

"El enfermo confirmado de ébola en Goma murió y se tomaron todas las medidas para cortar el canal de contaminación", declaró a la AFP Jean-Jacques Muyembe, el nuevo funcionario nombrado por la presidencia para coordinar la respuesta a la epidemia.

El paciente había llegado al centro de tratamiento "en el día 11 de su enfermedad, realmente no tenía esperanza porque la enfermedad estaba muy avanzada. Murió en la noche de martes a miércoles", indicó Aruna Abedi, coordinador de la lucha contra el ébola en la provincia Kivu del Norte.

El hombre fallecido en Goma --capital de Kivu del Norte y fronteriza con Ruanda-- era el segundo caso registrado en ese núcleo del este del país. Hace dos semanas se detectó el primero. Y el miércoles por la noche, Aruna Abedi anunció que se había detectado un tercer caso del virus del Ébola en Goma.

"Este tercer caso confirmado es la hija de un año del padre de 10 hijos que falleció hoy [el miércoles] por ébola en el Centro de Tratamiento del Ébola de Kiziba. La niña ya presentaba síntomas de la enfermedad", declaró a la AFP un responsable del sistema de respuesta bajo condición de anonimato.

En Goma, la angustia empezó a ganar terreno entre sus dos millones de habitantes.

"Tengo miedo de que la enfermedad nos alcance a todos. Oíamos hablar de ella de lejos, pero ahora el virus está en nuestra ciudad", decía con desolación Anuarite Sifa, una obrera de 27 años.

"Estamos sensibilizados, respetamos las reglas (lavado de manos y control de la temperatura), pero lo que queremos es que la epidemia termine pronto", afirmó Jonas Shukuru, conductor de mototaxi de la ciudad.

- Barcos inmovilizados -

Desde que se declaró la epidemia, el 1 de agosto de 2018, no se registró ningún caso en la capital congoleña, a dos horas de avión de los principales focos de infección.

La enfermedad quedó hasta ahora relativamente circunscrita, pero la aparición de nuevos casos en una ciudad como Goma incrementó la amenaza de una propagación de la epidemia, responsable ya de 1.803 muertes, según las últimas cifras publicadas el miércoles por las autoridades

Cinco embarcaciones que salieron de Goma fueron inmovilizadas este miércoles en el puerto de Bukavu, del otro lado del lago Kivu, para ser sometidas a control sanitario, lo que provocó inquietud en la ciudad.

La décima epidemia en República Democrática del Congo (RDC) preocupa más allá de las fronteras de las provincias de Kivu del Norte y de Ituri (este).

Arabia Saudita cerró las puertas de la Meca a los musulmanes residentes en RDC para evitar cualquier riesgo de contagio en la próxima peregrinación. Y en el aeropuerto de Casablanca, en Marruecos, se reparte un folleto con consejos e información sobre el ébola a los pasajeros procedentes de Kinshasa.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el ébola una "emergencia de salud pública de alcance internacional".

- Violencia y consecuencias políticas -

La ayuda extranjera aumentó y el Banco Mundial anunció que aportará 300 millones de dólares adicionales en ayudas.

La enfermedad apareció en 1976 en el entonces Zaire (hoy RDC), cerca del río Ébola y en 2014 causó 11.000 muertes en África del Oeste.

La epidemia causó estragos, principalmente, en las zonas de Beni y Butembo-Katwa, que son presa de la violencia desde hace 25 años entre grupos armados, cuya presencia complicó las acciones de prevención.

Aún así, los equipos sobre el terreno se quejan, sobre todo, de la "reticencia" y la "resistencia" de los habitantes, que niegan la enfermedad y rechazan vacunarse u hospitalizar a familiares, o los entierros "dignos y en seguridad" que lleva a cabo la Cruz Roja para evitar cualquier contacto con los fluidos del difunto, muy contagiosos.

La epidemia también tuvo varias consecuencias políticas. El ministro congoleño de Salud, Oly Ilunga, dimitió a finales de julio al considerarse desacreditado por el presidente, Etienne Tshisekedi, que decidió encargarse personalmente de la lucha contra el ébola.

Ilunga se oponía a la introducción de una segunda vacuna, reiterando su confianza en la inyección actual, de los laboratorios Merck, e invocando los riesgos que podría implicar la introducción de un nuevo producto en unas comunidades muy recelosas respecto al personal sanitario.