El confinamiento podría haber cambiado el modo en que la Tierra se mueve

Instalaciones del Real Observatorio de Bélgica, cuyos sismógrafos detectan una atenuación en el ruido de fondo producida por el cese de la actividad humana. (Crédito imagen: R.O.B.).

El confinamiento ha cambiado la fisonomía de nuestras ciudades. Lo percibimos cada vez que salimos por una causa justificada. De pronto nos golpea la quietud de las calles, hace no demasiado tiempo bulliciosas (aunque nos parezca que ha transcurrido un siglo desde entonces). El efecto de nuestro encierro se percibe de múltiples maneras, osos que visitan poblaciones, peces que se adentran en las aguas de Venecia, niveles de contaminación tan bajos que parecen de otro tiempo… y sí, también una atenuación en los niveles de ruido planetario que puede ser captada por los sismólogos.

En efecto, la caída en el ruido sísmico (el zumbido de las vibraciones de la corteza terrestre) puede deberse al enorme número de humanos, maquinaria y vehículos que han cesado su actividad. Y si digo que los investigadores intentan aprovecharlo es porque esta atenuación del ruido podría permitir a los detectores de ondas sísmicas captar pequeños terremotos que antes quedaban “enterrados” por el constante zumbido de la actividad humana.

Como el planeta se mueve menos, el penetrante oído de los observatorios científicos está mejorando su agudeza. Los investigadores que estudian el interior de la Tierra, entre ellos Thomas Lecocq, experto en sismología y gravimetría del Observatoire Royal de Belgique, dan buena cuenta de este inusual fenómeno, del que pretenden sacar partido.

Desde su centro de trabajo en Bruselas, Lecocq ha medido esta variación en el ruido de la corteza terrestre, que según él se ha reducido un tercio en comparación a los tiempos anteriores al confinamiento. “Solo veíamos algo parecido durante navidad, y muy brevemente”.

Tal y como sucede con los terremotos, que provocan un movimiento en la corteza terrestre cuyas vibraciones son captadas por los sismógrafos, el conjunto del movimiento de la actividad humana produce un “ruido de fondo” que reduce las posibilidades de que los sismólogos detecten otra señales que se den en la misma frecuencia.

El cierre de escuelas, restaurantes y otros recintos públicos no esenciales, que en Bélgica comenzaron el 14 de marzo, ya la posterior prohibición de viajar, ha hecho desaparecer parte de ese ruido de fondo, mejorando la sensibilidad de los sismógrafos del Real Observatorio. Tan es así, que el dispositivo que la institución tiene instalado sobre la superficie de Bruselas es ahora tan sensible como otro medidor análogo que la institución belga instaló en su día a 100 metros de profundidad bajo el suelo.

A medida que más y más países adoptan estrategias basadas en el distanciamiento social, el fenómeno podrá captarse en otros observatorios sismológicos, siempre que no se encuentren ubicados en lugares remotos. De hecho en los Ángeles, una estudiante de geofísica de Caltech llamada Celeste Labedz también ha captado la disminución del ruido de fondo.

Entre los beneficiados están también los sismólogos que se valen de las variaciones en las vibraciones “naturales” de fondo (tales como las olas oceánicas que rompen) para sondear la corteza terrestre. La actividad volcánica y las capas freáticas afectan a la velocidad con la que viajan las ondas. Los científicos colocan detectores en su camino y miden lo que tardan estas en llegar. En las diferencias que perciben, se encuentra la información que buscan sobre la corteza terrestre. Si el ruido de fondo disminuye, sus mediciones ganarán en exactitud.

Me enteré leyendo Nature.

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