Sanidad tiene un marrón importante con la vacuna de AstraZeneca

Miguel Artime
·9 min de lectura
Vial de vacuna contra el COVID-19 fabricada por AstraZeneca - imagen Creative Commons vista en Wikimedia
Vial de vacuna contra el COVID-19 fabricada por AstraZeneca - imagen Creative Commons vista en Wikimedia

Desde que los gobiernos de los países europeos aprobaron las primeras vacunas contra el covid, parece que una en concreto: la desarrollada por la Universidad de Oxford y AstraZeneca, se ha llevado el mayor número de suspicacias. Primero la Unión Europea evitó aconsejarla para mayores de 65 años por falta de estudios en este segmento de la población. (Precaución que por cierto la OMS desestimó antes de ayer, al avalar su uso en mayores de 65 años).

Luego surgió el escándalo en el calendario de entregas, al asegurar el fabricante que no podría cumplir el plazo al que se había comprometido por contrato con la UE, lo cual llevó entre otras cosas a que la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyden, amagase brevemente con saltarse el acuerdo de frontera blanda en Irlanda del Norte. El escándalo provocado por el "calentón" de la dirigente alemana, le valió las primeras críticas severas de sus socios europeos desde que asumiera el cargo, para delicia por cierto de los brexiters.

Más tarde nos enteramos que esta vacuna es menos efectiva con cepa sudafricana de COVID-19, razón por la que se suspendió el programa de vacunación en Sudáfrica, y ahora por si fuera poco, un estudio realizado a gran escala sobre la eficacia de la vacuna de AstraZeneca/Oxford ha venido a añadir más “ruido” de fondo

En efecto, según un nuevo trabajo cuyo Preprint puede consultarse aquí, y que está pendiente de publicación en la prestigiosa revista “The Lancet”, la vacuna de Oxford y AstraZeneca alcanza un 82,4% de eficacia tras la segunda dosis, siempre que esta se suministre con un intervalo mínimo de 12 semanas con respecto a la primera. En caso de que la segunda dosis se suministre menos de seis semanas después de la primera, la eficacia se desploma al 54,9%. No es el 90% de efectividad que anunciaron en noviembre, aunque siguen siendo buenas cifras. Los gobiernos no obstante deben enfrentarse a la dificultad organizativa de hacer esperar casi tres meses a la población para recibir la segunda dosis.

Otra de las conclusiones que emerge de este trabajo, realizado en más de 17.000 participantes en Reino Unido, Brasil y Sudáfrica, parece indicar que una sola dosis de la vacuna de Oxford y AstraZeneca proporciona una 76% de protección contra el covid-19 sintomático en los primeros 90 días después de la vacunación. Así mismo, el análisis sugiere que el mayor impacto se alcanza gracias al intervalo entre dosis, y no al nivel de dosificación. 

El trabajo sugiere también que los resultados de la vacuna son bastante pobres en evitar infecciones asintomáticas lo cual implica que la vacuna no detendrá la transmisión del covid, si bien contribuirá en gran medida a reducir el valor R (y por tanto la transmisión) ya que habrá muchas menos infecciones sintomáticas. Cabe recordar que los contagiados sintomáticos son mucho más infecciosos que los asintomáticos. 

Al respecto del tiempo de espera entre la primera y la segunda dosis con Oxford/AstraZeneca, el gobierno español también ha variado su parecer. Pese a que inicialmente se hablaba de un plazo para la segunda dosis de entre 4 y 12 semanas, finalmente en la reunión ministerial del pasado viernes 5 de febrero se recomendó un intervalo entre la administración de la primera y segunda dosis de entre 10 y 12 semanas. Algo que ya puede leerse en la web informativa del gobierno La Moncloa.gob.es donde especifican que las primeras 200.000 dosis de la vacuna de AstraZeneca/Oxford que ya han llegado se usarán para inmunizar a personas con edades comprendidas entre los 18 y los 55 años, principalmente profesionales sanitarios y sociosanitarios que no estén en primera línea.

Curiosamente, en el país en el que se fabrican las vacunas Oxford/AstraZeneca se está vendiendo este retraso en la dosificación como si se tratara de una estrategia “supuestamente” política para paliar el retraso en la llegada de las segundas dosis. Lo que propone el gabinete de Boris Johnson es destinar todas las existencias actuales, sea quien sea el fabricante, a administrar la primera dosis al mayor número de británicos posible. Como vemos esta estrategia le va de perlas a Oxford, que necesita 12 semanas entre dosis para obtener su mejor resultado.

El gobierno del Reino Unido puede presumir de encontrarse entre los que más rápido está vacunando a su población, debido a la premura en obtener aprobación de uso por parte del regulador farmacéutico británico, y especialmente porque se dieron la misma premura en encargar las primeras compras. Semanas antes que sus pares en la UE, el gabinete de Johnson adquirió 100 millones de dosis de la vacuna de Oxford (fabricada por cierto en Reino Unido).

Con las dosis adquiridas “en casa” se podría inmunizar a 50 millones de personas, es decir al 77% de la población de las islas, tras lo cual se alcanzaría la inmunidad de rebaño. No obstante, también se está vacunando con la fórmula de Pfizer/Biontech, de la cual compraron 40 millones de dosis.

Como vemos vacunar con todo el arsenal actual y al mayor número de personas posibles es un win-win, ya que dan tiempo a que Oxford/AstraZeneca pueda cumplir sus compromisos de entrega.

¿Pero qué sucede si también se separan 12 semanas los pinchazos de la vacuna de Pfizer, en lugar de los 21 días recomendados por el fabricante? Cabría esperar que al hacer eso se podría estar poniendo en peligro su eficacia, ya efectivamente Pfizer recomienda un plazo de entre 21 y 28 días entre ambas dosis para alcanzar la anunciada efectividad del 90%. Pasado ese plazo, nadie sabe lo que sucedería, ya que no se realizaron ensayos que estudiaran esa posibilidad, cosa que si hizo AstraZeneca/Oxford.

Pero esta dosis de prudencia por parte de Pfizer podría ser innecesaria si se confirman los resultados que nos llegan de Israel, el país que más ha avanzado en la vacunación de su población, empleando por cierto vacunas de Pfizer/BionTech. Y es que, según lo observado allí, todo parece indicar que la vacuna alcanza una eficacia del 90%, 21 días después de la primera dosis, incluso aunque no se suministre la segunda.

Los datos, accesibles también en un Preprint subido a medRxiv, parecen sugerir que la efectividad contra la covid comienza a surgir tras el día 14 después de la primera dosis, y que entonces comienza a crecer gradualmente hasta alcanzar el 90% el día 21, tras lo cual se alcanza un equilibrio, incluso aunque no se suministre la segunda dosis.

De confirmarse las conclusiones de estos dos trabajos sobre la eficacia comparada de las vacunas de Pfizer y Oxford, parece que tendremos más polémica en lo relativo a la vacuna fabricada en Reino Unido, ya que todo parece indicar que su eficacia a una sola dosis, es bastante inferior a la que muestra la de Pfizer. Aunque debemos ser justos y reconocer que los resultados son más que aceptables, y que como hemos visto contribuirían a ralentizar la expansión del virus.

Resumiendo, a la vista de estos dos Preprint (y con todo la prudencia que se debe tener ante trabajos no publicados en revistas científicas revisadas por pares) parece que lo suyo es vacunar al mayor número de personas posibles con la primera dosis, sea quien sea su fabricante, y no esperar a tener asegurado el suministro de la segunda dosis. Si esto se confirmase, parece que la estrategia llevada a cabo por Ayuso en Madrid, por la que se la acusó de vacunar mucho más despacho que en otras autonomías, estaría siendo equivocada.

Desde Downing Street han apostado por esta estrategia, no sabemos si intencionadamente o movidos por la escasez de vacunas. El caso es que, al contrario que España, Reino Unido se encuentra en una situación de privilegio, aunque como vemos también se ven afectados por el retraso en el suministro de vacunas. De hecho hasta finales de marzo no podrán contar en decenas de millones los viales recibidos de AstraZeneca/Oxford. Mientras que Pfizer también ha asegurado que cumplirá con la entrega antes de que finalice el primer trimestre del año. 

¿Veremos en España una reacción similar, apostando por espaciar la administración de la segunda 12 semanas, para así dar tiempo a los fabricantes de vacunas a ponerse al día con las entregas contratadas? Si la información de los dos Preprint se confirma, sin duda parece una buena idea. La pregunta ahora es cómo solucionará y explicará la sanidad española todo este marrón. ¿Aceptarán los menores de 65 años vacunados con el vial de Oxford/AstraZeneca la obligada espera de tres meses hasta el suministro de la segunda dosis para que alcance su máxima efectividad? Al gobierno no lo va a resultar fácil explicar todo esto. 

Si para algo ha servido esta pandemia es para afianzar entre la población española una tendencia que ya venía observándose en los últimos años, la sensación de que debemos invertir en ciencia para que el país progrese y no dependa tanto de desarrollos foráneos.

Lo suyo sería aprovechar las circunstancias adversas para corregir esa tendencia histórica equivocada. Ya se han dado los primeros pasos en la buena dirección, prueba de ello la vemos en los presupuestos aprobados este 2021, que incluyen una subida en el capítulo de inversión en ciencia por primera vez en muchos años.

De hecho, si todo va bien es probable que a finales de este año comiencen los ensayos clínicos de la vacuna española desarrollada por el equipo de Mariano Esteban y Juan García Arriaza, del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC. Confiamos en que para cuando esté lista esta vacuna, si pasa todos los controles necesarios, la población española ya esté inmunizada. No obstante se podría destinar a aquellos países en vías de desarrollo que no pueden pagar las millonadas que exigen las grandes farmacéuticas como Pfizer o Astrazeneca. Es seguro que en 2022 seguirá habiendo gente sin vacunar en el mundo, y si queremos detener la enfermedad, habrá que actuar a escala global. Ojalá el CSIC tenga algo que decir para solventar la situación.

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