Descubren cómo tratar las trombosis excepcionales tras recibir una vacuna del Covid-19

Mónica De Haro
·8 min de lectura
La trombosis de senos venosos cerebrales (TSVC) vinculada a las vacunas de AstraZeneca y Johnson&Johnson, podría originarse a través de la respuesta inmune (anticuerpos) que activan las plaquetas (vía PF4) generando trombos, y entorpeciendo el flujo sanguíneo. (Foto: Getty)
La trombosis de senos venosos cerebrales (TSVC) vinculada a las vacunas de AstraZeneca y Johnson&Johnson, podría originarse a través de la respuesta inmune (anticuerpos) que activan las plaquetas (vía PF4) generando trombos, y entorpeciendo el flujo sanguíneo. (Foto: Getty)

Detrás de los trombos con niveles bajos de plaquetas asociados a las vacunas basadas en vectores adenovirales (la tecnología de Janssen y Oxford/AstraZeneca) hay una respuesta autoinmunitaria contra la proteína PF4 que activa plaquetas, según confirma un estudio publicado en The New England Journal of Medicine (NEJM, por sus siglas en inglés).

Este descenso brusco de plaquetas -un componente de la sangre que participa en la coagulación- tras su activación podría ser, por tanto, la causa de las trombosis relacionadas con la vacunas antiCovid. 

Un raro trastorno de coagulación que ha recibido el nombre de “trombocitopenia protrombótica inmune inducida por vacuna” (VIPIT) y que, una vez identificado, puede tratarse. 

"Lo importante es que ya sabemos que síntomas muestran que este tipo de eventos se pueden producir y además hay tratamiento, afirma la doctora Ana Céspedes, directora mundial de operaciones de IAVI. Una vez que se identifica que una persona tiene determinados síntomas, se puede tratar de este tipo de trombos".

Y es que saber por qué se produce esta reacción y qué personas son más susceptibles (de momento, el riesgo de coágulos sanguíneos tras la vacunación con Janssen y AstraZeneca es mayor en mujeres jóvenes, y menores de 60 años) podría ayudar a reducir los años potenciales.

La similitud de este trastorno atípico con otro evento adverso conocido como trombocitopenia inducida por heparina (TIH) ha sido clave para que Andreas Greinacher, investigador de la Universidad de Greifswald (Alemania) y experto en la TIH, diera con la solución.

Lo positivo del asunto es que tanto en el caso del VIPIT como del HIT, es decir la trombocitopenia ya sea inducida por la vacuna o por heparina, "sabemos qué hacer: cómo identificarlo y cómo tratarlo", ha asegurado Greinacher en la revista Science.

La teoría que se baraja es que la VITT "se produce porque el virus tiene el ADN dentro, queda suelto porque alguna partícula se rompe y se une al PF4. Eso forma un complejo que el cuerpo identifica como algo extraño y genera anticuerpos contra él”, apunta José Jiménez, investigador del King’s College London (Reino Unido).

Para impedir que el trombo progrese los expertos apuntan que habría que bloquear esos anticuerpos que se producen y ver -previamente- si la persona tiene anticuerpos frente al PF4.

De hecho, según explica Ramón Lecumberri, vocal de la Junta de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH): "Varias sociedades médicas hemos diseñado una serie de algoritmos de diagnóstico y tratamiento del cuadro en caso de que la persona lo desarrolle. Esto permitirá un tratamiento precoz y más efectivo de lo que se venía haciendo hasta ahora".

El tratamiento que proponen los investigadores para los cuadros provocados por la vacunas consistiría en una combinación de:

  1. Inmunoglobulinas (anticuerpos inespecíficos de donantes de sangre) para evitar que las plaquetas sigan descendiendo por activación de la coagulación. En este sentido, los estudios realizados por Greinacher son in vitro debido al bajo número de pacientes detectados. “Con altas dosis de inmunoglobulinas se bloquea el anticuerpo específico que va a las plaquetas, por lo que es de suponer que es efectivo”, apunta a SINC Vicente Vicente, jefe de Hematología del Hospital Universitario Morales Meseguer de Murcia. 

  2. Al mismo tiempo, los expertos consideran que habría que dar algún anticoagulante que no sea heparina "para evitar por precaución que interactúe con el factor plaquetario 4". Los anticoagulantes sin heparina pueden ayudar a disolver los coágulos, por lo tanto VIPIT debe tratarse de manera similar.

Un tratamiento similar al que se usa para la trombocitopenia inducida por heparina, que es bastante grave. Primero, anticoagular con un análogo como la trombina, y luego, valorar la posibilidad de dar “anticoagulantes orales de acción directa”.

“Dada la analogía que tiene con la TIH, parece que el mecanismo es similar y, como las altas dosis de inmunoglobulinas son efectivas, en este caso podemos pensar que también lo serán”, añade el hematólogo.

El experto en enfermedades infecciosas Oriol Mitjá lo explica de forma clara en las redes sociales. En este sentido, el investigador avisa a los médicos que hay que “identificar y tratar” la reacción identificando pacientes con dolor de cabeza y síntomas neurológicos tras haber recibido la vacuna y tratarlos como hemos contado con inmunoglobulinas y anticoagulantes no heparínicos.

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Si entre los 4 y 15 días después de la vacuna aparece alguno de los siguientes síntomas, se recomienda ir al médico y hacerse pruebas para descartar una trombosis de senos venosos cerebral o abdominal.

  • Cefalea intensa que no cede con antitérmicos e incluso impide el descanso nocturno y aumenta con ejercicio o estando tumbado.

  • Alteraciones visuales.

  • Náuseas o vómitos.

  •  Dificultad para respirar y dolor agudo en el pecho.

  • Dolor de abdomen intenso o extremidades, 

Por el contrario, no hay que alarmarse si tras la vacuna sentimos -durante los dos días posteriores- síntomas similares a los de una gripe (dolor de cabeza, muscular y articular). 

Cómo se ha descubierto el tratamiento

Los trombos que se forman en las piernas a veces se desprenden y viajan a los pulmones o, en raras ocasiones, al cerebro, donde pueden resultar mortales. Y los coágulos en las personas que han recibido la vacuna de AstraZeneca-Oxford han generado una gran preocupación debido a su inusual constelación de síntomas: bloqueos en venas principales, a menudo en aquellas que drenan sangre del cerebro, combinado con conteos bajos de plaquetas.  

Investigadores en Alemania y Noruega descubrieron que quienes recibieron la vacuna y que desarrollaron el trastorno de coágulos habían producido anticuerpos que activaron sus plaquetas y condujeron a los coágulos.

Los científicos sugirieron nombrar a la reacción inusual “trombocitopenia protrombótica inmune inducida por vacuna” (VITT, por su sigla en inglés). Un trastorno atípico similar a la trombocitopenia inducida por heparina (TIH).

Los estudios -publicados en The New England Journal of Medicine (NEJM, por su siglas en inglés)- describen estos cuadros de trombosis (aparición de coágulos sanguíneos) y trombocitopenia (niveles bajos de plaquetas en sangre).

La heparina es un anticoagulante y el trastorno TIH, impulsado por el sistema inmunológico, consiste en una reacción adversa al fármaco que activa las plaquetas y la coagulación, produciendo un aumento en la formación de trombos.

Andreas Greinacher, investigador de la Universidad de Greifswald (Alemania), ha dedicado parte de su carrera a estudiar la TIH, con el que estas reacciones guardan cierta similitud. “Se trata de un descenso brusco de plaquetas, tras su activación, en algunos pacientes que reciben el anticoagulante heparina”, explica a SINC Vicente Vicente, jefe de Hematología del Hospital Universitario Morales Meseguer de Murcia.

“Al mismo tiempo que se activan las plaquetas, éstas se van consumiendo y su número desciende. Es un cuadro muy similar a lo que ocurre con los pacientes que reciben heparinas, lo que se llama trombocitopenia inducida por heparina o TIH. Las plaquetas cuando se juntan unas con otras generan un agregado plaquetario, un pequeño trombo, a la vez que se activa toda la coagulación y se genera un trombo patológico en esas zonas”, añade Lecumberri, experto en trombosis.

Esta agregación de plaquetas se produce sobre todo en localizaciones poco frecuentes, en las venas abdominales y en los senos venosos cerebrales, y encima se acompañan de un descenso de las plaquetas.

Vicente cree que es importante insistir en que estos eventos “son rarezas”. Recuerda que la heparina es de los fármacos que más se utilizan para tratar trombosis aunque un 0,1 por ciento de los pacientes desarrolle trombocitopenia inducida por ella: “Aun así no dejamos de usarla. Todos los fármacos tienen su factura, es el peaje a pagar por su eficacia”.

La similitud entre la TIH y la inducida por la vacuna VITT es tal, que los test desarrollados por Greinacher para la primera sirvieron, con pequeñas modificaciones, para detectar la segunda. “En este caso no hay heparina, pero sería la unión de algún determinante antigénico del virus con el factor plaquetario 4”, aclara Vicente. Ese sería el detonante activo que activaría las plaquetas y generaría el mecanismo de coagulación y de trombosis.

“Parece que podría ser algo parecido, pero todavía hay reservas e indudablemente faltan detalles como cuáles son los potenciadores de la activación plaquetaria”, opina el médico.

No obstante, los expertos siguen considerando la trombosis por vacuna "un acontecimiento adverso extremadamente poco frecuente" al haberse manifestado en un porcentaje ínfimo tras vacunar a millones de personas. El riego de trombosis es del 0,001 por ciento (en el caso de AstraZeneca) comparado con el riesgo de trombos por tabaquismo, por anticonceptivos orales (160/200 mayor) o con el propio riesgo por muerte de Covid (2.300 veces mayor).

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