¿Se acelera el ritmo cardíaco una vez superado el COVID-19?

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Corazón y COVID. (Imagen CC vista en Pixnio).
Corazón y COVID. (Imagen CC vista en Pixnio).

Hace apenas unas horas, el usuario de Twitter Anthony Smith (@AnthonyBLSmith) publicaba un comentario personal sobre su experiencia post COVID, y preguntaba a sus seguidores si alguien más había experimentado lo mismo. El resultado fue asombroso: más de 26.000 “me gusta” y por encima de 5.500 comentarios y retweets.

Traduzco el texto del tweet que se ha hecho tan popular:

Tuve un caso leve de COVID hace unos pocos meses, y simplemente quería unirme a la multitud de personas que comparten experiencias. Mi corazón antes del COVID latía a 80 pulsaciones por minuto y ahora ronda las 100. A veces me despierto de noche con 110 o 120.

Poco después añadía: “Es alarmante y produce ansiedad. No es que te altere la vida per se, tengo suerte a ese respecto. Por favor, por favor, por favor, seguid usando mascarilla”.

Como os decía, el hilo de A. Smith se convirtió en un auténtico foro de afectados relatando casos similares. La pregunta es ¿existe algún estudio reciente sobre secuelas cardíacas a medio plazo del COVID que incluyan la taquicardia?

Bueno, me temo que existe muy poco trabajo publicado al respecto, hay que tener en cuenta que ahora mismo la enfermedad sigue azotando, y la mayoría de los esfuerzos científicos se dirigen a encontrar antivirales efectivos, así como a desarrollar vacunas. Ya habrá tiempo cuando todo esto pase para estudiar las secuelas que el coronavirus de Wuhan dejará entre quienes superaron la enfermedad. Comienza a intuirse que estos síntomas serán multiorgánicos y de diversa consideración, incluso entre aquellos que han sufrido formas leves, o que han resultado asintomáticos.

Antes de hablar sobre la escasez de literatura al respecto de la aceleración del ritmo cardíaco relatada por Anthony Smith, hay que tener en cuenta que los pulmones de bastante gente infectada de poca consideración han resultado afectados por el COVID-19, y es probable que para la insuficiencia respiratoria se les haya recetado broncodilatadores en aerosol. Esta es justo la clase de fármacos que se receta también a los asmáticos y a los afectados por EPOC.

Entre los efectos secundarios de estos inhaladores (como el popular “Ventolín”, que es como conocemos en España al Salbutamol) está precisamente el del aumento en el número de pulsaciones. Es lógico, los vasodilatadores aumentan el caudal de flujo sanguíneo que llega al corazón, lo cual a su vez provoca un aumento en el número de latidos. Esto, en ocasiones provoca esa desagradable sensación de palpitaciones o taquicardia.

En cuanto a la literatura médica, como he dicho es demasiado pronto. Estoy convencido de que en este momento tiene que haber multitud de estudios en marcha, en los que se estará haciendo un seguimiento al estado general de salud de miles de personas que han superado el COVID-19 en diferentes niveles de gravedad. Tocará esperar pues, pero mientras tanto podemos ver lo que sucedió con el “primo-hermano” del SARS-CoV-2, que no es otro que el virus que provocó en 2003 el brote del llamado Síndrome respiratorio agudo grave, o por sus siglas en inglés: SARS.

En 2005, un equipo de médicos de Hong Kong publicó en la revista International Journal of Cardiology, un trabajo (con una muestra de pacientes demasiado corta, apenas 15 pacientes) en el que se relataba como la taquicardia era un síntoma común entre aquellas personas que se recuperaban del SARS.

El trabajo explicaba que la palpitación en forma de taquicardia en reposo, y cada vez más marcada a medida que se realizaba un esfuerzo leve era, como digo, habitual entre los afectados por el SARS. Entre las posibles causas estaba la pérdida de función y/o deterioro en los pulmones, corazón y glándulas tiroideas, así como posible anemia y disfunción autonómica, sumado al típico cuadro de ansiedad entre las personas hospitalizadas.

Las conclusiones indicaban que la falta de ejercitación de los pacientes mientras estuvieron ingresados y el consecuente empeoramiento en el estado físico, también jugaba a favor de la aparición taquicardias, concluyendo que un poco de rehabilitación debería de ayudar a recuperar el tono.

¿Estamos ante un caso similar? En mi opinión sí, y a falta de estudios detallados que incluyan abundancia de ecografías y electrocardiogramas, me atrevo a suponer que estos meses de confinamiento, en el que todos (infectados y sanos) hemos tenido menos actividad física, también han contribuido a empeorar nuestra forma física. Con suerte, si en los meses venideros logramos vencer la pandemia, tendremos todo el tiempo del mundo para estudiar a fondo sus secuelas (y para recuperar ese “pulso de atleta” que algunos tenían).

¿Y tu, has pasado el COVID y tienes síntomas parecidos a los de Anthony? Comparte tu experiencia.

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