COVID-19: las noticias falsas apenas cambian nuestro comportamiento, según un estudio

·6 min de lectura
  <span class="attribution"><a class="link rapid-noclick-resp" href="https://www.shutterstock.com/es/image-photo/young-man-home-lying-on-coach-1833205189" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Gorodenkoff/Shutterstock">Gorodenkoff/Shutterstock</a></span>

“La propagación del covid-19 está vinculada a las redes móviles 5G”. “Coloque una cebolla partida por la mitad en la esquina de su habitación para atrapar los gérmenes del covid-19”. “El tiempo soleado le protege del covid-19”.

Estas noticias falsas y otras similares se difundieron rápidamente en las redes sociales durante las primeras fases de la pandemia. La ola de desinformación fue tan grande que las autoridades acuñaron una palabra para ello: Infodemia.

Las noticias falsas no son nuevas. Pero el interés por ellas ha aumentado considerablemente en los últimos años, en consonancia con el auge de las redes sociales. La atención se disparó en 2016, en medio de la preocupación por que el referéndum sobre el Brexit y las elecciones presidenciales de Estados Unidos pudieran haberse visto influidos por la desinformación difundida por otros países.

Se supone que las noticias falsas tienen un efecto negativo en el comportamiento de las personas. Por ejemplo, se ha afirmado que las noticias falsas podrían afectar a la disposición de la gente a usar una mascarilla, vacunarse o cumplir con otras directrices de salud pública. Sin embargo, sorprendentemente, prácticamente ninguna investigación ha puesto a prueba directamente esta suposición, por lo que mis colegas y yo asumimos el reto de medir qué efecto tienen realmente las noticias falsas en el comportamiento de las personas.

En mayo de 2020, reclutamos a más de 4 500 participantes para un estudio en línea a través de un artículo en el sitio web de noticias irlandés TheJournal.ie. Se dijo a los participantes que el propósito del estudio era “investigar las reacciones a una serie de mensajes de salud pública y noticias relacionadas con el nuevo brote de coronavirus”.

Una variedad de chiles en una mesa
Comer chiles u otros alimentos picantes no le protegerá de la COVID. lunamarina/Shutterstock

A cada persona se le mostraron cuatro noticias verdaderas sobre la pandemia y dos noticias falsas (seleccionadas de una lista de cuatro historias falsas). Estos artículos falsos fueron concebidos con la idea de que fueran muy similares a los que circulaban en ese momento. Afirmaban que beber café podía proteger contra el coronavirus, que comer chiles podía reducir los síntomas de la COVID-19, que las empresas farmacéuticas ocultaban los efectos secundarios nocivos de una vacuna que se estaba desarrollando en ese momento y que la próxima aplicación de rastreo de contactos que iba a lanzar el servicio de salud pública de Irlanda había sido desarrollada por personas vinculadas a Cambridge Analytica.

Después de leer las historias, los participantes indicaron la probabilidad de que hicieran caso a esas informaciones en los meses siguientes, como beber más café o descargar la aplicación de rastreo de contactos.

Descubrimos que las historias falsas parecían cambiar el comportamiento de la gente, pero no de forma drástica. Por ejemplo, las personas a las que se les mostró la historia falsa sobre los problemas de privacidad de la aplicación de rastreo de contactos estaban un 5% menos dispuestas a descargar la aplicación de rastreo de contactos que las que no habían leído esta historia.

Algunos participantes incluso desarrollaron recuerdos falsos sobre las historias falsas que habían leído (algo que también habíamos visto que ocurría en algunas de nuestras investigaciones anteriores). “Recordar” haber oído previamente una historia falsa de COVID-19 parecía hacer que algunas personas de nuestro estudio tuvieran más ganas de actuar de una determinada manera. Por ejemplo, las personas que recordaban falsamente haber oído hablar de los problemas de privacidad de la aplicación de rastreo de contactos eran un 7% menos propensas a descargar la aplicación de rastreo de contactos que las que leyeron la historia pero no la “recordaban”.

Estos efectos fueron pequeños y no se produjeron con todas las historias falsas. Pero incluso los pequeños efectos pueden producir grandes cambios. La preocupación infundada por la relación entre la vacuna triple vírica y el autismo provocó un descenso de las tasas de vacunación infantil relativamente pequeño a principios de la década de 2000 –alrededor de un 10%–, que a su vez provocó un aumento significativo de los casos de sarampión. Así que es posible que los pequeños efectos de las noticias falsas que vimos en nuestro estudio puedan tener efectos mayores en la salud de las personas.

Una taza de caf&#xe9; en una mesa de madera
Los que ‘recordaban’ haber visto la noticia falsa sobre el café tenían la intención de beber más en el futuro en comparación con los que vieron la historia pero no la ‘recordaban’. auns85/Shutterstock

Sin embargo, hay que tener en cuenta algunos puntos relevantes. En primer lugar, medimos las intenciones de las personas de hacer cosas, no lo que realmente hicieron. Las intenciones no siempre se traducen en acciones: considere, por ejemplo, las veces que ha hecho planes para comer más sano o hacer más ejercicio. Sin embargo, si las personas ni siquiera tienen la intención de cambiar su comportamiento, las posibilidades de que lo hagan realmente son escasas, por lo que medir las intenciones es un primer paso importante.

En segundo lugar, nuestro estudio se basó en personas que leyeron noticias inventadas sólo una vez. En el mundo real, la gente puede encontrarse con noticias falsas muchas veces en las redes sociales. Estar expuesto repetidamente a la misma historia puede aumentar el grado de veracidad de la misma. Por lo tanto, hay que seguir investigando los efectos de ver repetidamente noticias falsas.

Las advertencias tuvieron poco efecto

Un objetivo secundario de nuestro estudio era observar los efectos de las advertencias generales sobre la desinformación, como las que comparten los gobiernos y las organizaciones profesionales de medios. Estas advertencias suelen animar a la gente a tener un pensamiento crítico sobre la información en línea y a pensar antes de compartirla.

De nuevo, no se ha investigado mucho sobre este tema. Sólo conocemos un estudio en el que se ha analizado si este tipo de advertencias genéricas tienen un efecto sobre la aceptación de la información errónea. Lo más importante es que los participantes en ese estudio eran conscientes de que estaban participando en una investigación sobre noticias falsas, lo que podría haberles hecho sospechar más de lo que estaban leyendo.

En nuestra investigación, logramos que algunos participantes leyeran aleatoriamente una advertencia genérica de desinformación antes de leer las historias verdaderas y falsas. Sorprendentemente, descubrimos que la lectura de una advertencia no tenía ningún efecto sobre las respuestas de la gente ante las noticias falsas.

Los gobiernos deberían reflexionar sobre esto al considerar sus estrategias en relación con las noticias falsas: aunque su efecto pudiera ser menor de lo esperado, el efecto de cualquier campaña de advertencia contra la desinformación también podría ser bajo.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Ciara Greene no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente