Tres profesores universitarios se hacen millonarios tras dar con la clave de un tratamiento para el Covid-19

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De izquierda a derecha los profesores de la Universida de Southampton Djukonovic, Davies y Holgate, fundadores de Synairgen. (Crédito imagen universidad de Southampton).
De izquierda a derecha los profesores de la Universidad de Southampton Djukonovic, Davies y Holgate, fundadores de Synairgen. (Crédito imagen universidad de Southampton).

Los profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Soutampton: Ratko Djukanovic, Donna Davies y Stephen Holgate, se encuentran entre los seres humanos más felices del momento en todo el planeta. Teniendo en cuenta la crisis global a la que se enfrenta la humanidad a causa de la COVID-19 y el dolor que esta provoca, se hace extraño hablar de la felicidad de nadie, pero en seguida comprenderéis que ambos hechos están íntimamente relacionados.

Hace casi 20 años, nuestros tres protagonistas hicieron un descubrimiento relacionado con una proteína de la cual carecían aquellas personas que padecen asma o enfermedad pulmonar crónica. Aquella proteína llamada interferón beta (la cual por cierto nos ayuda a combatir al resfriado común) debería ser de ayuda para tratar a todas esas personas con problemas respiratorios, si es que eran capaces de encontrar el modo de producirla y suministrarla directamente a los bronquios y alveolos.

Así fue como Djukanovic, Davies y Holgate fundaron una compañía llamada Synairgen, con la idea de transformar su hallazgo en un medicamento útil. Salió a bolsa en 2004, y lo cierto es que inicialmente no tuvo mucho éxito. En realidad el valor de sus acciones se desplomó después de cierto negocio fallido con la farmacéutica AstraZeneca, la quinta empresa más potente del mundo en su sector.

Y así se mantuvo durante muchos años, sin pena ni gloria, hasta que el dichoso coronavirus de Wuhan entró en nuestras vidas, momento en que cualquier empresa tecnológica que trabajase en fármacos destinados a aliviar las afecciones respiratorias se encontró súbitamente frente a una magnífica ventana de oportunidad.

Versioneando a Picasso cuando hablaba de la inspiración, se podría decir que la suerte encontró a los fundadores de Synairgen trabajando. En efecto, a finales de 2019 esta empresa se encontraba colaborando en profundidad en un ensayo clínico en el que su fármaco basado en el interferón beta, se probaba en personas afectadas de bronquitis crónica o enfisema. Cuando el SARS-CoV-2 comenzó a causar estragos allá por enero, casi de inmediato nuestros tres héroes (que habían invertido buena parte de lo que tenían en su empresa) comprendieron que su trabajo tendría algo que aportar en el combate contra el coronavirus.

Así fue como se anticiparon a la llegada del virus al Reino Unido, y comenzaron con los trámites preparatorios para un ensayo clínico durante los pasados meses de febrero y marzo. Para cuando los primeros pacientes de coronavirus comenzaron a llegar a los hospitales británicos, el ensayo ya estaba en marcha.

Los afortunados que recibieron el fármaco experimental llamado SNG001 (no tanto los que recibieron el placebo) se beneficiaron del efecto protector del mismo, ya que da la casualidad de que la estrategia que el virus sigue para interferir con el sistema inmunológico consiste en suprimir la proteína interferón beta.

¿Cuál fue el resultado del estudio, realizado sobre 101 personas? Pues que las probabilidades de que un paciente experimentara una versión grave del COVID-19 se reducían en un 79%. Así mismo, el tristemente famoso síntoma de la falta de aliento que acompaña a la enfermedad, también se reducía notablemente entre los pacientes que inhalaban su antiviral SNG001 en aerosol.

¿Comprendéis ahora por qué nuestros tres protagonistas están tan contentos? Su producto parece tener un futuro espléndido como antiviral, rebajando el impacto con el que el COVID-19 nos golpeará. Saber que al trabajo de uno ayudará a salvar tantas vidas es como para ir con la sonrisa puesta a todas partes en todo momento…. pero eso es solo parte de la buena noticia.

Como os había comentado antes, Djukanovic, Davies y Holgate habían invertido buena parte de sus ahorros en fundar la empresa Synairgen, de la cual poseían aproximadamente un 0,6% de las acciones por barba. Imaginaos su cara de asombro tras el subidón del 540% en la valoración de las mismas que siguió al anuncio del resultado de su ensayo clínico.

No solo eran felices por haber desarrollado un fármaco que salva vidas, también eran millonarios. Por citar un ejemplo, el 0,59% de las acciones de Holgate (profesor de inmunofarmacología de 73 años) había alcanzado una valoración de 1,7 millones de libras esterlinas (casi 1,9 millones de euros). La fortuna conjunta de los tres asciende en estos momentos a unos 7 millones de libras y subiendo, se acabaron las estrecheces.

¿Qué pasará ahora? Según puedo leer en The Guardian, Synairgen ha comenzado a pedir a los organismos reguladores del medicamento en todo el mundo que les permitan acelerar los plazos para llevar su tratamiento a los hospitales.

De momento han contratado a la empresa manufacturera Rentschler para que comience a producir las materias primas que necesitan para fabricar su fármaco. La idea es tener listas más de un millón de dosis a disposición de los hospitales británicos, en caso de que llegue la temida segunda oleada.

No se vosotros, pero cuando leo historias como esta me alegra enormemente ver que, en ocasiones, el esfuerzo y el trabajo bien hecho se ve generosamente recompensado (incluso cuando uno no es futbolista).

Perdón por la pulla futboleros, no he podido evitarla.

Me enteré leyendo The Guardian

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