Lo que nos costarán los medicamentos que el Gobierno dejará de financiar

Afectados por los recortes en Sanidad

- “No se preocupe; vengo con la receta la próxima semana”
- “Yo que usted no me esperaría”

Esto que ves es una conversación con la que cualquier español se puede encontrar esta semana en una de las múltiples farmacias que se reparten por la geografía del país. A partir del 1 de julio, los trabajadores y pensionistas tendrán que pagar las recetas en función de su renta. No obstante, hay un problema más en el horizonte: Sanidad dejará de financiar 425 medicamentos para aliviar en la medida de lo posible las arcas del Estado. Aunque todavía no se sabe el listado completo de los que a partir de agosto tendremos que pagar al completo, sí se conocen las clases que se verán afectadas. ¿Quieres saber lo que, presumiblemente, tendrás que empezar a pagar entonces? Nos hemos pasado por una farmacia del centro de Madrid y aquí tenéis el posible listado.

[Relacionado: Los españoles pagarán 550 millones de euros más en medicinas]

  • Ardor de estómago: o, científicamente, exceso de secreción gástrica. El más recetado es el Álmax, un protector de estómago que muy probablemente dejará de financiarse. Su precio: 3,95 euros.
  • Tratamientos contra la tos: Como, por ejemplo, el Mucosan. Un jarabe de 200 ml costará para todo el mundo 2,06 euros, en caso de entrar en la lista.

  • Hemorroides: La mitad de la población las llega a sufrir a lo largo de su vida. El Hemorrane, uno de los corticoides más empleados, tiene un coste sin financiar de 6,50 euros para la pomada de envase grande y 3,1 la pequeña.

  • Estreñimiento: El Duphalac, recetado como laxante para evitar este problema, conlleva un precio de 2,10 euros para el envase con 10 sobres.

  • Diarreas: En el otro lado de la balanza están los antidiarreicos, que también dejarán de recetarse. El más empleado es, sin duda, el Fortasec, por el que habrá que pagar 2,80 euros para la caja de 20 comprimidos.

  • Migrañas: Otro de los problemas más dolorosos y crónicos entre la población. El gran aliado para esta enfermedad suele ser el Tonopán, que también dejará presumiblemente de financiarse y que, en este caso, sale barato: 1,5 euros por envase.

  • Golpes y moretones: O inflamaciones de origen traumático, si utilizamos la jerga farmacéutica. Aquí el rey es el Voltarén, una crema que cuesta 3,12 euros.

  • Colesterol alto: Una de las medidas más polémicas en caso de que finalmente se aplique, y es que el Omega 3 también parece que caerá en el saco de los recortes. El Omacor, por ejemplo, tiene un precio de 24 euros, de ahí que los farmacéuticos confiesen extrañarse ante tal posibilidad.

  • Congestión nasal: Asociada a las gripes y los resfriados. Un ejemplo de tratamento es el Flumil (que no el Fluimicil, que no está financiado), que tiene un precio de 5,85 euros para 30 sobres efervescentes.

  • Varices: Esta enfermedad, frecuente sobre todo en las mujeres, también se verá afectada por los recortes del Gobierno. El Daflón, muy recetado, tiene un precio de 4,40 u 8,80 euros en función de la magnitud del envase.

  • Herpes: Otro clásico de las afecciones crónicas para los españoles. En este sentido, los fármacos para tratar las virosis tópicas también se verán afectados. Un ejemplo de ellos es el Aciclovir labial, que cuesta 3,12 euros en farmacia.

  • Sequedad de ojos: Las lágrimas oculares tampoco se han quedado fuera de la lista. El Viscofresh, una solución oftámica, es una de ellas. Cuesta 5,40 euros para el envase de 30 dosis.


Son, al fin y al cabo, los más conocidos, aunque no todos. Las inflamaciones reumáticas leves, los tratamientos contra la psoriasis o los vasodilatadores periféricos (para las afecciones cerebrales) también se espera que sufran la tijera del Gobierno. El coste, para que quede claro, es el actual precio de venta al mercado, a partir del cual se descuenta al paciente en función de si situación, algo que desaparecerá para estos fármacos

Mientras llega la lista completa, los farmacéuticos sufren el estrés de todos los cambios que se le vienen encima, como los de la programación de los sistemas informáticos para corregir los futuros cambios en los precios.  El desconcierto también llega, sobre todo, de cara al paciente. “Hay mucha incertidumbre; muchos están perdidos y preocupados, sobre todo entre los pensionistas, que no saben lo que van a tener que pagar”, confiesa un farmacéutico, acostumbrado estas últimas semanas a acudir todos los días a las tablas que el ministerio de Sanidad les ha dado para explicar a cada caso concreto en qué situación se va a quedar. No obstante, lo que más les llama atención es el agujero en la protección de datos que esto puede ocasionar, en la medida que ahora cada uno pagará en función de su renta. “Antes el Estado era muy riguroso con estos temas y ahora resulta que con un solo paso podremos ver en el sistema la renta que tiene cada paciente”, denuncian desde la misma farmacia.

La situación, eso sí, lleva consigo algunas dosis de honradez, como nos confiesan: “nos hemos encontrado más de un caso de personas de gran poder adquisitivo que antes se costeaban su tratamiento a través de la Seguridad Social y que ahora ante las dificultad que están pasando nunca piden receta y prefieren pagarlo todo por ellos mismos”. Parece que la solidaridad no se ha perdido del todo.

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