El coronavirus satura las unidades de cuidados intensivos en Damasco

Maher AL MOUNES
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En la sala de emergencias de un hospital de Damasco, una anciana enferma de coronavirus espera una cama en cuidados intensivos. En la capital siria, los médicos están abrumados por la cantidad de contagios.

La paciente, acompañada por su hijo, gime y respira con dificultad en una cama, bajo una luz tenue. Se le administró oxígeno. En el cuarto, los enfermos y sus familiares están unos cerca de los otros, una proximidad preocupante.

"Llegan muchos casos que necesitan respiradores [artificiales] o cuidados intensivos", confirma la doctora Asmaa Sbayni, con dos mascarillas quirúrgicas en la cara, un estetoscopio y un oxímetro alrededor del cuello.

"Hay casos por los que no puedes hacer nada", añade la médica de 26 años. "Mueren delante de nosotros".

A mediados de marzo, las unidades de cuidados intensivos movilizadas contra el coronavirus en la capital de Siria registraron una tasa de ocupación del 100%, informó el ministerio de Salud.

Algunos pacientes que necesitaban cuidados intensivos tuvieron que ser trasladados a otras provincias.

En la sala de emergencias del hospital Al Muwasat, Sbayni registra los datos de una decena de pacientes que atendió en un solo día.

"Algunas veces recibimos más de 40 casos por día, es más de lo que podemos tratar", lamenta.

Las autoridades llevan semanas avisando de que los contagios aumentan y piden a la población que respete las medidas sanitarias.

- Aumento diario -

Oficialmente, las zonas controladas por Damasco (unos dos tercios del país en guerra) han registrado 19.000 casos de covid-19, de los cuales algo más de 1.200 mortales.

Los médicos y las organizaciones de las Naciones Unidas estiman que hay muchos más, sobre todo por la cantidad limitada de tests, señala la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).

El año pasado el gobierno impuso restricciones a los desplazamientos y a la apertura de los comercios, pero se vio obligado a levantar las medidas en un país sumido en una crisis económica.

El hospital Al Muwasat es uno de los principales establecimientos movilizados en Damasco para luchar contra el coronavirus.

En su oficina, su director Esam al Amin sigue en directo en unas pantallas la situación en cuidados intensivos y en la unidad de aislamiento que cuenta con 70 camas. El teléfono no para de sonar.

"Todavía no hemos llegado al pico", advierte el médico. "Las cifras suben a diario".

Los establecimientos sanitarios acogen "solo los casos más graves", explica. Y "decenas de casos", con síntomas más leves, "son tratados en casa, tras ser atendidos por un médico especialista".

Las cifras oficiales solo reflejan "los resultados de las pruebas PCR realizadas en hospitales y para los viajeros", reconoce el médico.

"Siria se halla en estado de guerra y sometida a un asedio", añade, refiriéndose a las sanciones. "No dispone de muchos tests de detección".

- "Oportunidad de sobrevivir" -

A finales de febrero, Damasco lanzó la vacunación de unos 2.500 miembros del personal sanitario gracias a las dosis enviadas por "un país amigo".

A través del programa Covax, impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros para los países más pobres, las zonas gubernamentales y del noreste (bajo control kurdo) recibirán inicialmente 912.000 dosis de la vacuna de AstraZeneca.

La entrega estaba prevista para abril, pero se retrasó "al menos hasta mayo", afirma a la AFP la directora de la oficina de la OMS para Siria, Akjemal Magtymova.

Un informe reciente de la ONU recordó "la fragilidad del sistema de salud sirio y su falta de personal".

Citando estadísticas oficiales, el informe da cuenta de 654 contagios entre el personal médico, incluidas 29 muertes.

En el hospital Al Muwasat, el médico especializado en septicemia Ali Rostom siente alivio al enterarse de que un paciente ha abandonado la unidad de cuidados intensivos. Pide a los enfermeros que esterilicen la cama para instalar a otro enfermo y garantizarle una "oportunidad de sobrevivir".

También ha visto "una explosión de casos".

"Las camas de cuidados intensivos nunca están vacías", confirma su colega Basam Quaider. "Siempre hay gente en las listas de espera".

Instintivamente, baja la voz cuando llega una ambulancia con la sirena ululando. "El coronavirus no hay que tomárselo a la ligera".

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