4 historias personales tras un portátil en tiempos de confinamiento: la odisea de jugarse el futuro a través de una pantalla

Pepe Barahona y Fernando Ruso
·10 min de lectura
Una alumna de la academia Oso Panda durante sus clases de chino. Foto Fernando Ruso
Una alumna de la academia Oso Panda durante sus clases de chino. Foto Fernando Ruso

A Eva el confinamiento por el coronavirus le ha pillado jugándose su futuro. Cursa segundo de Bachillerato y en pocos meses se enfrentará a la intimidante selectividad. De la nota que obtenga en ese examen dependerá, en gran medida, su acceso a los estudios universitarios y su posterior vida laboral. “Llevo años estudiando para llegar a este punto”, explica la joven, de 18 años y una de las más aplicadas de su clase. “Ha sido mala suerte, en cualquier otro curso no me hubiese afectado. Me lo habría tomado sin presión, incluso hubiese sido un respiro —valora—; pero no, el coronavirus ha llegado en el año en el que más me la juego”.

La historia de Eva se repite en todos los institutos, cerrados a cal y canto en muchas comunidades autónomas desde antes de que el Gobierno decretase el estado de alarma el pasado 14 de marzo. En tales circunstancias, con un confinamiento vigente en mitad de una pandemia mundial, muchos docentes han adaptado sus lecciones al entorno digital. A través de videollamadas o encuentros virtuales se preparan todo tipo de asignaturas. De matemáticas a lengua o historia. Especialmente, en segundo de Bachillerato, en el que sus alumnos se la juegan.

Eva trata de mantener su rutina. Hace las mismas cosas que hacía antes de que todo cambiase. Se levanta temprano y enciende el ordenador para seguir online las clases del instituto. Por las tardes aprovecha para estudiar, hacer algunas tareas y practicar deporte en el gimnasio que tiene en su garaje. “Me agobié muchísimo en los primeros días, porque no sabíamos cómo nos íbamos a adaptar; pero ahora ya le estoy viendo hasta las ventajas al confinamiento: me permite centrarme más en las asignaturas que cuentan para la selectividad”, confiesa Eva, de apellido Macías y vecina de la localidad sevillana de Lebrija, un pueblo de unos 30.000 habitantes situado en la comarca del Bajo Guadalquivir.

Eva Macías con su profesor de matemáticas durante una clase online.
Eva Macías con su profesor de matemáticas durante una clase online.

Los alumnos de segundo de Bachillerato han sido una prioridad para el Gobierno andaluz desde que anunciaron la suspensión de las clases presenciales. La instrucción del 13 de marzo de la viceconsejería de Educación y Deporte de la Junta de Andalucía ya puntualizaba que los centros docentes deberían “prestar una especial atención a la tutorización del alumnado” de este curso “así como aquel susceptible de presentarse a las Pruebas para el Acceso a la Universidad (PevAU)”.

Unos 53.000 estudiantes se presentarán a esta prueba que, según ha anunciado la Junta de Andalucía, se celebrará en esta comunidad autónoma en los días del 7 al 9 de julio, y no como estaba previsto, del 16 al 18 de junio. “Temíamos que la aplazaran a septiembre y he sentido alivio, porque tenía muchas expectativas puestas en este verano. Todo el mundo me dice que es el mejor verano de la vida y quería aprovecharlo”, argumenta Eva, que tiene una nota de corte de 9,5 y aspira a estudiar biomedicina. “Me gusta investigar”, advierte.

“La gente se echa las manos a la cabeza, saben cómo está la investigación en España. Sé que me tendré que ir fuera, a Alemania o Noruega, donde tendré mejores oportunidades”, razona la joven. “Mira, si el coronavirus hubiese llegado cinco años después me habría encantado investigarlo”, zanja Eva, que se conecta a Google Hangouts Meet para resolver una duda con su tutor.

Matemáticas en ‘streaming’

Al otro lado de la pantalla está Jesús Ruiz, profesor de matemáticas. Sus clases han seguido pese al confinamiento. El lunes después de decretarse el estado de alarma, a las ocho de la mañana, sus alumnos —una veintena— se conectaron para seguir en ‘streaming’ sus explicaciones. Así siguen recibiendo las lecciones de sistema de ecuaciones, matrices y determinantes. Contenidos que pueden caer en selectividad.

Jesús Ruiz, profesor de matemáticas del IES El Fontanal durante una de sus clases online.
Jesús Ruiz, profesor de matemáticas del IES El Fontanal durante una de sus clases online.

“Hemos tratado de seguir las clases de la forma más natural posible. Hay quienes han hecho vídeos, otros hemos optado por las viodeoconferencias. Es como dar clases presenciales, cuelgas tus apuntes, explicas los ejercicios, los alumnos hacen sus preguntas, les ponemos tareas, se corrigen… Una dinámica normal”, detalla el docente.

En su centro, el IES El Fontantal, de Lebrija, el equipo directivo preparó en tiempo récord, entre el viernes y el sábado de la declaración del estado de alarma las clases virtuales para todos los alumnos. Unas 200 en total a razón de veinte grupos y diez materias. También dio libertad a cada departamento para adaptar su materia al entorno virtual.

“El principal problema al que nos enfrentaremos serán las evaluaciones. ¿Cómo les hacemos un examen? De momento, nuestro departamento ha decidido hacerlo mediante la cámara de sus ordenadores y asumimos que los alumnos podrán copiar, porque ellos van tecnológicamente por delante”, vaticina Ruiz. Nuevamente, el caso más complicado será segundo de Bachillerato. “Tenemos que hacer que su prueba se parezca lo más posible a lo que se encontrarán en selectividad. Ahí no caben experimentos, en otros cursos sí”, apunta el profesor, que valora positivamente la actitud de sus alumnos.

En sus clases, la asistencia no baja del 60 por ciento. En algunos casos, apenas hay diferencia con las clases presenciales. “Espero que esto les ayude a madurar, a ser más conscientes y que adquieran más disciplina. Mantener las clases, aunque sean virtuales, también humaniza el trato con ellos, que lo viven en muchos casos como válvula de escape para que esta situación sea lo menos traumática posible para ellos”, zanja el profesor.

Otro de los problemas al que se enfrentan muchos hogares es a la falta de equipos informáticos. En esos casos, la Junta propone el uso alternativas como las llamadas por teléfono e incluso el envío postal. Como medida alternativa, el Ayuntamiento de Lebrija ha lanzado el llamamiento a sus ciudadanos para que, en el caso de que los alumnos no dispongan de un ordenador, lo pidan al consistorio para poder seguir sus lecciones de forma telemática.

Una oportunidad nacida de la crisis

En otros casos, hay empresas del sector de la educación que están haciendo de la crisis una oportunidad. Ese es el caso de Oso Panda, la primera academia de chino en Sevilla, que diez años después de abrir sus puertas está ofreciendo por el coronavirus sus clases de forma no presencial. Una labor que ha requerido una importante inversión tecnológica que se seguirá aprovechando cuando el confinamiento acabe.

“Empezamos a usar Skype, que era una herramienta ampliamente utilizada, y funcionó bien”, explica Manuel Serrano, el fundador de Oso Panda e ingeniero de telecomunicaciones. En su caso, dada su formación, él mismo se encargó de adaptar los flujos presenciales al entorno digital. La herramienta que está utilizando es Microsoft Team, y piensa seguir usándola tras el confinamiento.

“Había alumnos que se habían interesado anteriormente en este tipo de formación telemática y ahora, aprovechando que nos ha obligado el confinamiento, lo vamos a ofrecer como un servicio añadido y captar nuevos clientes”, asegura Serrano. En su academia trabajan cuatro personas, profesores nativos llegados desde China o Taiwán.

De momento, no ha tenido que hacer despidos entre su personal, aunque desconoce cómo evolucionará la situación económica. Es posible que, en las próximas semanas, si no cambia la situación, alguno de sus 120 alumnos se pueda dar de baja.

Un instante de las clases de Oso Panda.
Un instante de las clases de Oso Panda.

Quienes ya han desistido son Tamara y Yohana, las fundadoras de Entreenate, una comunidad de entrenamiento gimnástico en grupo al aire libre surgida hace cinco años. Ellas trataron de adaptar sus clases presenciales al entorno digital, pero la falta de ese trato cercano con los clientes les llevó a replantearse la virtualización de su actividad.

‘Cardio party’ gratis

“No queríamos perder nuestra identidad”, resume Tamara Muñoz, licenciada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. “Nos faltaba esa cercanía, la familiaridad”, añade la fundadora de Entreenate.

Los primeros días después del confinamiento, iniciaron unas clases online. Gratis para quienes ya pertenecían a la comunidad, y a un precio bajo para los nuevos clientes. Actualmente y después de abandonar la idea inicial, siguen con clases, pero esta vez gratuitas. La empresa ha cesado su actividad, el número de clientes no hacían rentable el mantenimiento de los cinco monitores que tenían en nómina. “Tratamos de hacerlo viable, pero no se ajustaba a nuestro modelo de negocio. La tecnología no nos permite la interacción que nosotros queríamos. Lo que pretendíamos no lo podíamos explotar de forma online”, añade.

Una de las sesiones online de Entreenate
Una de las sesiones online de Entreenate

Pese a ello, Tamara se conecta tres veces en semana para los fieles, unas 30 personas de media, que reciben gratis clases de entrenamiento funcional, fuerza y ‘cardio party’. Desde el salón de casa y con mochilas llenas de libros como pesas y leotardos como bandas elásticas. “Lo hacemos para no perder el vínculo —reconoce Tamara—, para conectar con ellos y que la gente tenga alto el estado de ánimo y mantenga la forma física, porque va a haber un desentrenamiento y una pérdida de masa muscular en estos días de baja actividad”.

Detrás de las pantallas también hay niños, que llevan el confinamiento entre las tareas del colegio y los juegos improvisados por los padres. Y para ellos también hay actividades específicas para sobrellevar la cuarentena. Muchas de estas están siendo improvisadas por pequeñas empresas que se han visto muy afectadas por el decreto del Gobierno.

“Nosotros teníamos hasta 45 comuniones, 25 cumpleaños, tres bodas y muchos más eventos contratados para estos meses en las provincias de Sevilla y Cádiz, pero hemos tenido que cerrar”, lamenta José Antonio Aparicio, el gerente de Animastar, una empresa de animación turística y de eventos, tanto en hoteles como en actos privados, que lleva cinco años funcionando.

El gerente de Animastar, José Antonio Aparicio, durante una de sus retransmisiones a través de Facebook Live. Foto Fernando Ruso
El gerente de Animastar, José Antonio Aparicio, durante una de sus retransmisiones a través de Facebook Live. Foto Fernando Ruso

En su caso, no hay teletrabajo posible. Pero incluso en esta posición de debilidad han sabido adaptar su oferta de servicios para tratar de que estas semanas de confinamiento no supongan un tiempo perdido. “Decidimos que teníamos que hacer algo para darnos publicidad, de ahí surgió lo de entretener a los niños a través de directos en nuestra página de Facebook”, explica Aparicio.

La actividad no les supone ningún rédito económico, ni tan siquiera para hacer frente la inversión de 6.000 euros que hicieron de cara a la temporada alta del sector, de abril a septiembre. En este tiempo, valoran, podrían perder unos 12.000 euros en trabajos. “A unos 200 o 300 euros por comunión…”, calcula. Solo la temporada de comuniones supone el 70 por ciento de su facturación anual.

Eso sí, los directos de Facebook, en los que aparece Mickey Mouse, Buzz Lightyear, Patrulla Canina, Frozen o Spiderman, les están granjeando un buen número de seguidores que a la postre, esperan, puedan convertirse en clientes. Cada show dura unos 40 minutos y a él se conectan más de 150 terminales por sesión. “Las familias nos lo agradecen mucho, porque les ayudamos a entretener a sus hijos. Nos mandan comentarios por el chat, nosotros les contestamos, les cantamos cumpleaños feliz y todo se convierte en una fiesta”, detalla el gerente de Animastar. Una fiesta a través de una pantalla.

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