Dos experimentos en Japón enseñan cómo las cosas no volverán a la normalidad tras el fin del confinamiento

Nada será igual cuando salgamos, por fin, de casa.

Y durante mucho tiempo, más de lo que nos pensamos, incluso hasta que haya una vacuna, ni siquiera la distancia de seguridad social podría protegernos totalmente de una infección por coronavirus

¿Adiós a una cerveza con amigos, a comer en un restaurante, a compartir un plato de patatas bravas, a ir al cine, a bailar en un concierto?

¿Adiós a lo que nos hacía disfrutar de la vida? ¿Ha cambiado el mundo para siempre?

Esto es lo que acaban de descubrir los científicos que está pasando con el COVID-19.

Se han dado cuenta de que el elevadísimo número de contagios no puede explicarse solo por el contacto con superficies contaminadas o por haber respirado los llamados droplets, las microgotitas que una persona contagiada expulsa a través de la tos o los estornudos.

Hay casos que no pueden explicarse, y se habla ya de una tercera vía de transmisión.

¿Cómo ocurre?

Estos dos experimentos nos ponen en alerta para lo que nos puede pasar cuando salgamos del confinamiento.

Kazuhiro Tateda, presidente de la asociación japonesa para las enfermedades infecciosas, investiga esos contagios que no se pueden explicar, por qué hay personas enfermas que no han compartido espacio con otras que les hayan podido transmitir el virus.

¿Qué pasa entonces?

¿Podremos volver a tomar café con los amigos, guardando la distancia de seguridad?

Mirad estos dos experimentos japoneses y veréis bien claro lo que nos espera cuando podamos salir de casa.

* Primer experimento. Diez personas en una habitación del tamaño de una clase, hablando en distintos corrillos. Una estornuda. Una vez.

Y pasa esto: el infectado dispersa por la habitación unas 100.000 droplets. En azul, verde y amarillo podéis ver las droplets más pesadas, según su peso.

En colores, las gotas microscópicas según su peso.

La mayoría caen al suelo en un minuto y dejan de ser peligrosas. Eso sí, nos las llevamos pegadas a las suelas de los zapatos, por eso se recomienda quitárnoslos al llegar a casa.

Pero las secreciones de color rojo, las menos pesadas, permanecen flotando.

Las partículas menos pesadas se quedan flotando mientras el resto cae.

Veinte minutos después, siguen en la habitación, totalmente dispersas, alcanzando a todas las personas presentes en la sala.

Hasta una hora pueden estar suspendidas esas partículas contaminadas.

“Como esas partículas no se pueden mover solas, se quedan flotando durante mucho tiempo, incluso durante una hora”, explica a la televisión japonesa NHK Masashi Yamakawa, profesor asociado del Kyoto Institute of Technology.

Así que se podrían contagiar no sólo las que han estado en el momento del estornudo, sino las que pasen por esa habitación durante la siguiente hora. O más. Porque la única manera de dispersar esas microscópicas partículas es generando una corriente de aire: abriendo ventanas. ¿Y si no hay?

Vale, pues, que la gente no estornude sin taparse la boca. Pero no es suficiente.

Mirad.

* Segundo experimento. El bar. O la cafetería. O una mesa de restaurante. O un banco en un parque. Vemos aquí a dos personas hablando, a más de un metro de distancia. Ninguno tose. Ni estornuda. No tocan nada compartido. No hay manera de transmitirse el virus. ¿Verdad?

¿Podemos contagiarnos si estamos a distancia de alguien que ni tose ni estornuda?

Cuando la gente habla elevando algo la voz -lo normal en un restaurante, por ejemplo- también genera micropartículas que salen despedidas de su boca -sin necesidad de estornudar, como en el primer experimento-. Y son de las “malas”. Las rojas, las que son tan diminutas que ni siquiera tienen el suficiente peso para caer al suelo, y se quedan durante un largo tiempo flotando en el ambiente.

Dos amigos, hablando a cierta distancia, generan también una lluvia de microdroplets.

Todavía no se sabe qué cantidad de microdroplets provocan la infección, pero los investigadores japoneses están convencidos de que esta puede ser una de las vías de transmisión que explique el alto nivel de contagios.

Si no hay ventanas o corrientes de aire, esas micropartículas seguirán flotando en el ambiente durante mucho tiempo.

“Esas micro-droplets pueden contener una gran cantidad de Covid-19, las producimos cuando hablamos en un tono algo elevado, cuando reímos o cuando respiramos y expiramos con fuerza. Así es como se transmite el virus, y estamos empezando a conocerlo ahora”, explica el doctor Tateda en un reportaje a la televisión japonesa NHK.

Los científicos creen haber descubierto la tercera vía de infección: la gente hablando, y a pesar de que la persona que escucha esté a cierta distancia.

Por eso, cuando salgamos y hasta que no esté la vacuna, vamos a tener que acostumbrarnos no sólo a seguir guardando distancia de seguridad -va a ser complicado volver ya no solo a eventos multitudinarios, sino a estar juntos en la barra de un bar-, sino también a llevar mascarilla buena parte del día.

Los científicos coinciden en eso mientras no se puedan hacer tests masivos a la población, para saber qué personas están inmunizadas, cuáles son portadoras y las que no han pasado la enfermedad.

Parece que nos va a tocar cambiar nuestra vida.


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