Contraofensiva en Jarkov: así se ha fraguado el mayor golpe de efecto de Kiev sobre Moscú

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Puede ser el mayor punto de inflexión en la guerra desde que Rusia atacó Ucrania el pasado 24 de febrero. Mientras cuaja o no cuaja, la contraofensiva de las tropas ucranianas en el noroeste del país ha generado ya, sin condicionales, el cambio más significativo en primera línea de combate desde que Moscú decidió marcharse del área de Kiev, en primavera. Cuando la contienda va ya a por su séptimo mes, la esperanza revive para el invadido.

Después de meses de estancamiento, los ucranianos y los rusos se enfrentan a una nueva realidad. De repente, hay un impulso desconocido en el conflicto más grande en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Las fuerzas ucranianas han avanzado en la última semana de forma sorprendente y las rusas se han batido en retirada apresuradamente -por más que hablen de “repliegue”-, sobre todo en la zona oriental de Jarkov, de enorme simbolismo para la mentalidad nostálgica de Vladimir Putin.

Se calcula que los enviados del Kremlin han perdido dos grandes ciudades como Kupiansk, un centro logístico crucial, e Izyum, una plataforma de lanzamiento de ataques rusos, además de numerosos asentamientos en las cercanías de las dos urbes. En las últimas 24 horas, dice el Estado Mayor de Ucrania, han liberado 20 de ellos -en total superan la treintena ya-, en dos días han triplicado el terreno en su poder en la zona. En lo que va de mes de septiembre, Ucrania habría reconquistado 6.000 kilómetros cuadrados a las tropas rusas tanto en esta zona como en el este del país, donde también se están dando avances, aunque más tímidos.

Los datos aportados por Kiev no son verificables de forma independiente por la prensa internacional, ya que está vetado su paso al frente, pero ha sido constatado por Inteligencias amigas del país, como las de Reino Unido y Estados Unidos. El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), con base en Washington, en su último parte, también refrenda estos movimientos, afirma que “la contraofensiva ucraniana en Jarkov está derrotando a las fuerzas rusas y colapsando el eje del Donbas del norte de Rusia”, que “las fuerzas rusas no están realizando una retirada controlada y están huyendo apresuradamente”.

“Las fuerzas ucranianas han penetrado las líneas rusas a una profundidad de hasta 70 kilómetros en algunos lugares y capturado más de 6.000 kilómetros cuadrados de territorio en los últimos cinco días (...), más territorio que el que las fuerzas rusas han capturado en todas sus operaciones desde abril”, señala su informe. Añaden sus expertos que los rusos se ha llevado parte de sus efectivos al sur, por lo que este flanco ha quedado menos pertrechado, “lo que complica los esfuerzos para frenar el avance ucraniano o, como mínimo, desplegar una fuerza de cobertura para la retirada”. Añaden que los ucranianos se han internado hasta Velikiy Burluk, que está a sólo 15 kilómetros de la frontera con Rusia.

“El ejército ruso se apresura a hacerse famoso como el ejército más rápido del mundo”, escribió en Twitter Andriy Yermak, jefe de gabinete del presidente Volodimir Zelenski.  en Twitter. “¡Seguid corriendo!”, ironiza, mostrando el estado de euforia que corre por la administración ucraniana en estas horas.

Las redes sociales locales se han inundado con imágenes de posiciones rusas abandonadas o destruidas, de las fuerzas ucranianas levantando su bandera en áreas recién liberadas, de vecinos que saludan a sus compatriotas y ríen y lloran con ellos por saber que ya no están bajo el control del invasor. Es un chute de entusiasmo, sobre todo, después de un verano de importantes pérdidas en la zona del Donbás, donde Lugansk está totalmente en manos rusas y se pelea por Donetsk.

Medios sobre el terreno, de la BBC a El País pasando por el New York Times, constatan sobre el terreno un nuevo sentimiento de ánimo entre los civiles y los militares ucranianos, pero también de temor redoblado por la represalia rusa. Ya esta mañana, se notificaron ataques contra infraestructuras esenciales de electricidad que han dejado a cuatro regiones sin suministro. Eso son millones de personas afectadas en Dnipro o Poltava. “El objetivo es privar a las personas de luz y calor”, ha denunciado el presidente Zelenski, quien lleva semanas avisando de que Moscú irá a por instalaciones “críticas” de cara al invierno.

Cuando se cumplen 200 días de guerra, el mandatario cree que lo peor puede estar por venir, precisamente por el peligro que entrañan los dragones heridos. El contraataque puede ser feroz. El riesgo no sólo está en la respuesta, sino en la propia tarea de Ucrania de mantener lo que ahora domina. La guerra evidencia que lo que hoy se tiene, mañana no, y a la inversa. En una entrevista con el Financial Times, el ministro de Defensa de Ucrania, Oleksii Reznikov, decía: “Una contraofensiva libera territorio pero luego tienes que controlarlo y estar listo para defenderlo (...). Por supuesto que tenemos que estar preocupados”. Aún así, también agradecía a los suyos el esfuerzo y reconocía que habían avanzado más de lo “esperado”.

Rusia, a través de su Ministerio de Defensa, ha confirmado que se están “reagrupando” en zonas controladas por los separatistas ucranianos prorrusos y que también se han movido al Donbás para “reforzar sus esfuerzos” en unas provincias clave para el plan de Putin de tener un corredor de Rusia a Crimea.

La palabra retirada no está en su vocabulario, esto es lo más cercano a un reconocimiento que asumirá en público, pero sus movimientos hacen temer, como dice Zelenski, que vienen días duros: el sábado, el gobernador prorruso de Jarkov pidió a los ciudadanos que se fueran a Rusia para “salvar la vida” y los medios rusos hablan de caravanas con miles de personas. La respuesta se prevé dura, pero no sencilla, porque actualmente en la zona hay ocho veces más soldados ucranianos que ruso en la zona, según ha desvelado un funcionario de Moscú que trabaja sobre el terreno a la agencia Reuters.

Está por ver si, internamente, el Kremlin tiene problemas por este fiasco. Ramzan Kadyriv, un destacado líder checheno afín al presidente ruso, ha dicho en su canal de Telegram que si no cambian las cosas en unos días, se vería “obligado”a cuestionar el liderazgo del país para explicar lo que está pasando. Un toque de atención de quien está poniendo miles de sus nacionales como carne de cañón en esta guerra. La derrota sin paliativos ha erosionado el liderazgo de Putin hasta el punto de que empieza a ser cuestionado a nivel interno y hay legisladores locales pidiendo su marcha.

Por qué y cómo se ha avanzado

La velocidad y la amplitud de la contraofensiva ha sorprendido a los ocupantes, pero también a los propios ocupados. Se apostó por ir a esa región porque con informes de Inteligencia locales e internacionales -que han resultado ser precisos- se vio que Rusia estaba defendiendo la zona con ligereza y sin muchas reservas, porque había movilizado parte de sus tropas hacia el sur, a la defensa de Jersón, que es donde Kiev llevaba semanas apuntando.

El teniente coronel español José García, en la reserva, explica que “uno de los hechos determinantes para que Ucrania haya avanzado es la gran cantidad de armamento extranjero que ha llegado, ahora sí, en un flujo constante y con mayor poder de defensa, de pegada, por decirlo llanamente. Por ejemplo, ha sido clave el empleo de sistemas de lanzamiento de cohetes múltiples de largo alcance”, como el Sistema de Misiles de Artillería de Alta Movilidad (HIMARS), norteamericano, del que se sabe que tiene 16 piezas, que son capaces de lanzar misiles guiados por GPS a 80 kilómetros de distancia con una precisión y poder destructor patentemente letales. Tan preciado que hasta ha construido réplicas para engañar a Rusia y no perder los buenos. “A ello se han sumado las informaciones suministradas por Londres o Washington”, multiplicando los ojos y los diagnósticos domésticos, añade el militar.

¿Qué pasa con el sur? Hay analistas que señalan como clave que al final Ucrania no se haya llevado tantos efectivos a esa zona, por más que anunciaba que iba a por ella con todo, para forzar a Moscú a reforzarse, llevándose hombre de otros lados, como Jarkov. ¿Fue un ardid? ¿Moscú picó el anzuelo? “Sería la primera vez en toda la guerra que eso sucede”, dice, tomando distancia, pero ha podido haber cierto “despiste”. Quizá por eso el general ruso que estaba al cargo de la zona, Roman Berdnikov, ha durado 17 días en el puesto y ya ha sido relevado. “Lo cierto es que han dejado a los suyos peligrosamente expuestos y de ahí el avance ucraniano”, resume.

“Es muy importante lo que está pasando estos días, porque no estamos en una fase de resistencia, de aguante, como ha pasado desde febrero, salvo excepciones. No sólo se contiene, sino que se avanza, es otro escenario y eso puede traer consigo consecuencias de alcance inesperado. Ya se están reportando ejemplos de cierto colapso moral en las tropas rusas, desencantadas por la guerra”, añade. Habrá que ver hasta qué punto son “verdad o propaganda” las informaciones de que hay grupos enteros de soldados desertando.

El nuevo ánimo y las nuevas conquistas, confirma García, sí pueden cambiar la evolución de la guerra, por más que los rusos aún controlen aproximadamente el 20% de Ucrania. Basa su afirmación en que es la primera vez que Rusia,  desde la Segunda Guerra Mundial, pierde unidades completas en batalla; en que hablamos de territorios que eran esenciales en la llegada de suministros desde el este, quedando rota la “cadena logística”, y en que se han invertido muchos esfuerzos (vidas, dinero) justamente en conquistar esta zona, para ahora perderla.

Pone el acento en Izyum, capturada por los rusos en marzo y abril, porque es “una puerta de entrada estratégica al Donbás occidental, que todavía está bajo control ucraniano, y fue una de las cabezas de puente más avanzadas en manos de los invasores en el este del país”. Y también resalta que los buenos resultados suponen un “espaldarazo” para Kiev en su petición internacional de más ayuda y más armas. “Evidencian que el dinero, los medios y la formación están sirviendo para algo, en un momento en el que se teme que haya cierta desgana por parte de Occidente para seguir apoyando en el mismo nivel, dado lo prolongado del conflicto”.

No obstante, prudente, insiste en que los combates “siguen a las afueras de los pueblos”, que el control ucraniano puede ser “frágil, “algo que veremos con los días”, y que se está luchando por mantener el poder “asentamiento a asentamiento”. “Que nadie piense que Rusia va a tirar la toalla ni que la guerra se acaba. Asistimos a una derrota parcial pero inestable, que añade una humillación a Rusia cuyas consecuencias no se pueden prever, porque se ha roto uno de los frentes en mayor disputa de la guerra”, insiste.

“Por delante hay 90 días que determinarán más de 30 años de independencia de Ucrania. Noventa días que más que todos los demás años determinarán la existencia de la UE. El invierno determinará nuestro futuro”, como dice Zelenski.

Un soldado ucraniano pasa ante un tanque ruso dañado en el frente de Balakleya, en la región de Jarkov, este domingo. (Photo: via AP)
Un soldado ucraniano pasa ante un tanque ruso dañado en el frente de Balakleya, en la región de Jarkov, este domingo. (Photo: via AP)

Un soldado ucraniano pasa ante un tanque ruso dañado en el frente de Balakleya, en la región de Jarkov, este domingo. (Photo: via AP)

Los siguientes pasos

Las tropas de Zelenski están también avanzando, aunque con menos ímpetu, hacia el norte, por lo que es posible que, si estabiliza lo reconquistado, opte por seguir con ese empuje hacia Lugansk, una zona que en julio Rusia dio por completamente tomada. También interesa Jersón, en el sur, en el Mar Negro, que fue la primera gran ciudad ucraniana en caer después de la invasión y está justo al norte de la península de Crimea, en manos de Rusia desde 2014. Absolutamente estratégica.

De esta urbe tomada llegan muy pocos reportes independientes. La BBC ha logrado contactar con varios vecinos y sostienen que “los rusos están comenzando a pasar desapercibidos” y “son menos visibles en cafés y restaurantes”, por lo que al menos hay tensión por lo que puede pasar si llega allí la ofensiva ucraniana. El teniente coronel García explica que en el interior deben quedar informadores, profesionales o civiles, que intenten pasar información a las fuerzas ucranianas, pero es “muy complicado” saber cuán desestabilizadora puede ser, depende de la apuesta que Kiev haga sobre el terreno.

La gesta ucraniana obliga al Kremlin a mover ficha rápido y los medios rusos sostienen que ya se están enviando refuerzos a Jarkov. Las próximas semanas serán determinantes. Por el momento, lo que tenemos es que Ucrania ha dado un golpe sobre la mesa con su ofensiva relámpago de demoledores resultados y que podría girar la guerra 180 grados.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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