Contra la obesidad infantil, más descanso

Cada vez más menores tienen obesidad o sobrepeso. Según las últimas cifras disponibles, casi el 14% de los niños y los adolescentes españoles son obesos, mientras que el 12,5% tienen sobrepeso. Si se suman ambos, sobrepeso y obesidad, resulta que uno de cada cuatro menores alcanza un peso excesivo. Estas cifras colocan a España entre los países del mundo desarrollado con una tasa mayor de sobrepeso y obesidad infantil. Por sexos, los menores varones tienen más problemas para controlar el peso que ellas.

Ante estos datos, no extraña que científicos de numerosos ámbitos estudien a fondo este problema de salud. En los últimos años, se han desarrollado investigaciones científicas que relacionan la falta de sueño con el aumento de peso en todas las franjas de edad. En esta línea, expertos del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) señalan que muchos de los niños obesos duermen menos horas de las necesarias. Aseguran que dormir una hora adicional reduce en un 36% las posibilidades de padecer sobrepeso.


La falta de sueño y el sobrepeso

La falta de sueño puede influir en el peso de una persona porque afecta de forma directa a las denominadas "hormonas del hambre": la grelina y la leptina. Ambas regulan los procesos relacionados con el apetito y la acumulación de grasas. Cuando se duerme menos de lo necesario, envían señales que aumentan el apetito. La grelina se encarga de estimular las ganas de comer antes de los ágapes. En cambio, la leptina afecta al peso, ya que informa al hipotálamo sobre la cantidad de grasa almacenada en el organismo.

Dormir menos horas de las necesarias incrementa la producción de grelina, que estimula el apetito, y disminuye la de leptina. Por este motivo, el organismo cree que debe acumular más grasas.


Trastornos del sueño

Algunos niños duermen pocas horas porque hipotecan tiempo de descanso a cambio de jugar con la videoconsola, ver la televisión o conectarse a Internet. A la vez, aumentan los trastornos del sueño en este grupo de población. Según expertos del CIBERobn, entre un 25% y un 30% sufre algún problema relacionado. El insomnio es el trastorno más frecuente en la infancia, aunque hay otros problemas que dificultan el descanso de los más pequeños.

También son frecuentes los terrores nocturnos, cuando el niño se despierta de forma abrupta, gritando, en estado de pánico. Esto no ocurre porque sueñe con algo que le da miedo, no es una pesadilla. Según los expertos, los terrores nocturnos pueden deberse a una dificultad para hacer una transición del sueño profundo al sueño superficial. Entre el 1% y el 4% de los preescolares padecen este trastorno. Las pesadillas se distinguen de los terrores nocturnos porque el menor recuerda qué soñaba, pero también pueden dificultar el descanso. Son muy comunes en la infancia temprana y tienen una mayor frecuencia entre los 3 y 6 años.

Otro trastorno del sueño típico de la infancia es el sonambulismo. El niño sonámbulo puede levantarse de la cama, caminar, abrir los ojos... Se calcula que 1 de cada 10 escolares habrá caminado dormido por lo menos una vez en su vida. En general, remite con el paso del tiempo y no es síntoma de problemas psicológicos u orgánicos.


Problemas asociados a la falta de descanso

Los trastornos del sueño pueden ser la causa de otros problemas de salud en niños y adolescentes. En caso de dormir mal debido a ronquidos o apneas del sueño (la interrupción repentina de la respiración mientras se duerme), se incrementa el riesgo de sufrir un problema cardiovascular. Dormir mal o poco está relacionado con un crecimiento más lento de lo habitual, alteraciones del rendimiento cognitivo o del comportamiento y del estado de ánimo.
HIGIENE DEL SUEÑO
El 98% de los casos de insomnio infantil se deben a que no se ha adquirido de manera correcta el hábito de dormir. Un niño debería dormir hasta diez horas por la noche. Cuando son bebés, se recomiendan las siguientes pautas:

  • Si no duermen, es mejor no dejarles en la cuna.
  • Durante la siesta, es preferible dejarles en el cochecito o en el comedor. De este modo, asociarán el dormitorio y la cuna con el momento de dormir por la noche.
  • En horario nocturno, el dormitorio debe estar a oscuras y sin ruido.
  • Hay que establecer un horario para dormir. En invierno, se recomienda acostarles entre las 20:00 y las 20:30 horas. En verano, entre las 20:30 y las 21:00 horas.
  • Es preferible no dormirles por la noche en brazos. Si se despiertan y lloran, hay que calmarles sin sacarles de la cuna. Si tienen algún juguete con el que les guste dormir, conviene dejarles que lo hagan.

En el caso de los niños se aconseja que:

  • Cada día se acuesten y se despierten a la misma hora.
  • Los progenitores sean inflexibles con la hora de ir a dormir.
  • No jueguen a videojuegos, vean la televisión o naveguen en Internet antes de dormir.
  • No dispongan de televisor o Internet en la habitación.
  • Duerman con la luz apagada.
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