Contando los cadáveres de uno en uno: Bucha sigue siendo una bofetada contra la humanidad

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Los cadáveres ya no están esparcidos por las calles o amontonados en el interior de fosas comunes en Bucha, la ciudad al norte de Kiev que las tropas rusas de Vladímir Putin convirtieron en el escenario del horror durante la guerra. Ahora esta localidad recuperada por Ucrania se ha convertido en un mar de plástico negro, el color de las bolsas que tapan los cuerpos para ser trasladados al cementerio.

Una vez en el camposanto varios agentes de policía y el personal forense se encargan de contar los muertos y de trabajar en su identificación. Bajan las cremalleras de las bolsas una a una para inspeccionar el cadáver y lo que se encuentran es dantesco. Muchas de las víctimas se encuentran maniatadas, con claros signos de tortura o quemadas. En algunos casos, la labor de reconocimiento resulta complicada.

Junto a los policías y los forenses, en el cementerio también trabajan los operarios de una empresa funeraria. Llevan los ataúdes en los que se meten los cuerpos que ya han sido identificados antes de ser trasladados posteriormente a la morgue. El horror no ha desaparecido de Bucha, que sigue siendo una bofetada contra la humanidad.

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