Aumentan las consultas de padres por el tamaño del pene de sus hijos

Antón Parada
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Un padre sostiene a su pequeño (Photo: Annie Otzen via Getty Images)
Un padre sostiene a su pequeño (Photo: Annie Otzen via Getty Images)

El Institut Marquès de Cataluña ha realizado varios estudios que demuestran la relación entre tóxicos ambientales y un incremento de la mala calidad del esperma en España. No obstante, desde el servicio de andrología de este centro barcelonés han detectado un aumento de consultas de padres preocupados por otro motivo. El tamaño del pene de sus hijos.

El hipotético vínculo entre la presencia de tóxicos químicos y el reducido tamaño del órgano reproductor de los pequeños es la causa del incremento de la preocupación parental registrada por el Institut Marquès. No obstante, en nuestro país aún no existen evidencias que relacionen el tamaño del pene o determinadas deformaciones de los genitales con la contaminación ambiental.

Sí existen investigaciones en esta línea en Estados Unidos, donde se apunta que los ftalatos podrían causar diferentes tipos de malformaciones genitales. Uno de los posibles efectos que podría causar la contaminación ambiental, según estas publicaciones americanas, es la reducción del tamaño del pene.

Técnicos del laboratorio del Institut Marquès, en Barcelona (Photo: Institut Marqués/ Europa Press)
Técnicos del laboratorio del Institut Marquès, en Barcelona (Photo: Institut Marqués/ Europa Press)

Diferencia entre pene pequeño y micropene

El pene de un niño al nacer debe medir en torno a 3,5 cm (entre 3,1 y 3,9 cm). Se habla de micropene cuando es menor de 2,6 cm, aunque no debe confundirse con el falso micropene o pseudomicropene -pene enterrado en la grasa púbica, pene palmeado o pene atrapado dentro del escroto-.

Hasta que el niño cumple once años, la longitud de su pene tiene muy poca variación. A partir de los doce años, cuando comienzan los cambios puberales, el pene duplica su longitud; los límites inferior y superior de normalidad se multiplican por cuatro. El tamaño debe valorarse según la edad ósea y no por la edad cronológica.

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Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.